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26 de Diciembre
SAN ESTEBAN, protomártir
(siglo V)
1. Nota Histórico-litúrgica
La fiesta de san Esteban, atestiguada en la fecha del 26 de diciembre por el
martirologio de Nicomedia (361) y por el leccionario de Jerusalén (415-417),
así como por el martirologio siriaco del 411 (dependiente de un martirologio
griego del Asia Menor), ya aparece en Occidente en el siglo V. Es común en
0riente en el tiempo después de navidad, pero con el desplazamiento al día
sucesivo del 27 de diciembre (por ejemplo, en Constantinopla y en las
Iglesias dependientes), cuando la introducción tardía de la navidad provocó
un trastorno en la sucesión de las fiestas (así lo testimonia en el siglo
VII Sofronio, patriarca de Jerusalén) con la fijación el 26 de diciembre de
la fiesta de la madre de Dios. La octava ya se celebraba en el siglo VII en
Roma, que hace memoria de la misma en el canon romano y que había construido
la iglesia más antigua en la vía Latina en el tiempo de san León (siglo V:
fundada por Anicia Demetria), dedicando al protomártir nada menos que
veintiocho iglesias (ocupa el cuarto lugar después de la Virgen, san Lorenzo
y san Andrés). Pero tal octava fue abolida en 1955, junto con las octavas de
san Juan y de los santos inocentes. Según el relato del sacerdote Luciano,
al que se le habla aparecido en sueños Gamaliel, las reliquias de san
Esteban se encontraron (junto con las de Nicodemo y Gamaliel) fuera de la
ciudad de Jerusalén en la parte norte (en el camino del Cedrón), donde había
sido lapidado y enterrado el diácono. Informado el obispo Juan, que entonces
se encontraba en un sinodo en Lidda para examinar el caso del hereje Pelagio,
hizo el traslado de las reliquias el 26 de diciembre a la Santa Sión, en el
Cenáculo, depositándolas provisionalmente en el diaconicon; hasta que otro
obispo de Jerusalén, Juvenal, hizo construir una basílica, adonde fueron
trasladadas las reliquias en el año 439, bajo la presidencia del patriarca
Cirilo de Alejandra. Esta basílica, reconstruida y ampliada por la
emperatriz Eudoxia y consagrada en el año 484, se convirtió en el edificio
religioso más amplio de Jerusalén, con un gran monasterio fortificado.
Destruida la basílica por los persas en el año 614, fue reconstruido sobre
el lugar un oratorio que sobrevivió a la toma de Jerusalén por parte de los
cruzados; pero fue destruido de nuevo para preparar la defensa de la ciudad
contra Saladino (1 187). Se perdió su recuerdo, hasta el punto de que se
pensaba que tal lugar no estaba en el norte, sino al este del valle del
Cedrón. Las excavaciones de 1182 encontraron fragmentos de la basílica
bizantina, de Eudoxia y permitieron reconstruir la iglesia, que fue
consagrada en 1900 (está próxima a la Escuela Bíblica de los dominicos). La
difusión de las reliquias desde el momento de su traslación, primero a
Braga, luego a Africa (con la tradición de muchos milagros), más tarde a
Constantinopla y por fin a Roma (Julia Anicia llevó lo que quedaba a la
ciudad santa), ha alimentado este culto. En Roma, la iglesia estacional de
San Esteban Rotondo en el Celio (erigida por el papa Simplicio, + 483) el 26
de diciembre testimonia también hoy la larga tradición de este culto.
Mensaje y actualidad
a) La colecta de la misa pide al Señor "la gracia de imitar a tu mártir san
Esteban y de amar a nuestros enemigos". Este santo, que tuvo el honor (como
ya observaba san Agustín: Serm. 135) de contar con una passio narrada en un
libro canónico (He 6-7), "mientras que para los demás mártires con
dificultad encontramos sus gestas para leerlas en sus solemnidades", fue el
primer testigo de Cristo con la sangre. En efecto, su muerte es narrada
según el modelo de la de Cristo: proceso ante el sanedrín, cuestionamiento
del templo, falsos testigos y últimas palabras idénticas (He 7,59; Lc 23,34
y 46). Esteban es presentado en el relato del martirio mientras contempla a
Jesús de pie a la derecha de Dios, diversamente de la imagen apocalíptica
que lo presenta sentado en el trono (Ap 7,10). La segunda estrofa del himno
en el oficio de lectura (del siglo XIII) menciona esta visión: "El mártir
veía la gloria de Jesús, de pie, a la derecha del Padre".
Las noticias bíblicas del mártir, que lo presentan como helenista (es decir,
de lengua y cultura griegas), tienden a hacer de su muerte un importante
viraje en la historia de la salvación, que llevó a difundir la joven Iglesia
jerosolimitana por toda la Judea y Samaria y luego a la misión entre los
paganos.
El Segundo tema presentado en la colecta es el amor a los enemigos, a
imitación de Jesús: el mártir es considerado como una copia del verdadero
mártir, que es Cristo. La caridad de Esteban no se limitó, pues, a la
"diaconía" en la caridad de las distribuciones cotidianas a las viudas (He
6,1), sino a la caridad más especifica del mensaje evangélico, es decir, al
amor a los enemigos (Mt 5,44).
b) En la oración sobre las ofrendas se pide al Señor que acepte "los dones
que le presentamos este día, en conmemoración del triunfo glorioso de su
mártir San Estaban". Esteban fue un predicador (He 6,5-8) que, con el poder
del Espíritu Santo manifestado en El con sabiduría inspirada (He 6,10) se
hizo intérprete de la novedad de Cristo, porque en el sermón más largo de
los Hechos (7,2-53) provoc6 la ruptura entre el judaísmo (representado aún
por los cristianos de lengua aramea y de proveniencia palestinense) y
cristianismo, ya que transforma el debate procesual en un balance de la
historia de Israel, que había perdido su papel en la historia de la
salvación. Al atacar al templo y la ley, que eran las dos columnas del
judaísmo histórico, Esteban dejaba asentado que, precisamente a través del
rechazo de Israel, Dios realizaría lo que Israel se había negado a hacer. En
efecto, esta muerte, con la persecución consiguiente, alejará a los
cristianos de Jerusalén.
c) En la oración después de la comunión se hace referencia a "la abundancia
de las misericordias del Señor, pues nos salva por el nacimiento de su Hijo
y nos llena de júbilo por el triunfo de su mártir San Esteban". Se puede
aplicar este texto a la situación de la comunidad primitiva, que estaba en
crisis por el primer conflicto entre judaísmo cerrado y helenismo abierto y
se encontraba en pleno crecimiento (de ahí la institución de los siete
diáconos). La figura de Esteban es la del hombre del evangelio que sabe
acoger la carga revolucionaria de la nueva praxis cristiana, soslayando el
riesgo de su reducción dentro de las limites restringidos del judaísmo de su
tiempo.
La actualidad de este mensaje puede hallarse en el texto de san Fulgencio,
que tenemos en el oficio de lectura, confrontando las dos fiestas de navidad
y del primer mártir: "Así pues, la misma caridad que Cristo trajo del cielo
a la tierra ha levantado a Esteban de la tierra al cielo... Por todo ello,
hermanos, ya que Cristo construyó una escala de caridad, por la que todo
cristiano puede ascender al cielo, guardad fielmente la pura caridad,
ejercitada mutuamente unos con otros y, progresando en ella, alcanzad la
perfección". La oración del antiguo himno de laudes (siglo IX) puede
ayudarnos a alcanzar este don: "Te rogamos llorando, oh bendito primer
mártir y ciudadano asociado a los justos, que, heredero de la morada
luminosa, envíes tus favores desde el cielo" (cuarta estrofa). Por su
conformismo, Esteban es el modelo del servidor (diácono), que hizo
desaparecer su persona tras el servicio (cf Mc 10,45).
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