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23 de Diciembre
SAN JUAN DE KETY, presbítero
(1390-1473)



1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de san Juan Cancio, muerto la noche de navidad de 1473, canonizado en 1767 e inscrito en el calendario romano en 1770, ha sido trasladada del 20 de octubre (fecha anterior) al día más libre antes de navidad. Juan Cancio (como él mismo se llamaba) nació en 1390 en Malec (al sur de Auschwitz-Oswiecim, la tristemente famosa ciudad de los campos de concentración), una pequeña aldea de la pequeña ciudad de Kety, donde su padre fue burgomaestre, en un momento en el que la ciudad silesiana había sido anexionada por Carlos IV, emperador romano y rey de Bohemia, por la renuncia del rey Casimiro de Polonia, y el principado había sido conquistado de nuevo por Polonia. En la cercana universidad de Cracovia, conocida por su fábrica de armas, centro comercial e industrial (donde se formará más tarde Copérnico), Juan llegó a ser doctor de filosofía (magister artium) en 1418. Después de haber enseñado ocho años en una escuela conventual en la pequeña ciudad de Miechów, dio clases en la universidad de Cracovia y ocupó el cargo de decano de la facultad, y luego de director del Collegium Maius. Más tarde fue nombrado canónigo y director de la colegiata de San Florihn (1439) y, par fin, preboste de Olkusz, junto a Cracovia. En 1439 abandonó este ministerio pastoral para retomar su cátedra académica y reemprender los estudios teológicos, consiguiendo el título de magister bajo la guía del célebre teólogo jurista Benedicto Hesse. Tuvo el honor de poder enseñar Escritura y religión a los hijos del rey de Polonia.
Transcribió muchos códices de tratados teológicos antiguos y contemporáneos (más de dieciocho mil páginas), después de haber renunciado a todas las prebendas que comportaban cura de almas; trabajó con devota escrupulosidad (como se ve en las glosas marginales) por amor a la ciencia y también para procurar medios de beneficencia a los pobres, incluso con gestos de tipo heroico. Afrontó fatigosos viajes a Roma (cuatro veces) y hasta Tierra Santa, donde habló a los infieles. En 1460, ya septuagenario, fue elegido, una vez más, director del Colegio Mayor de la universidad; pero hubo de sufrir un proceso, concluido más tarde con laudo, por una querella a Roma de parte de un ciudadano de Cracovia. Se mantuvo al margen de toda disputa doctrinal en un momento en que las doctrinas de Juan Hus (+ 1415) y las tesis taboritas de Juan Ziska (+ 1424) eran difundidas por el país; aunque no dejara de mediar en las controversias, siempre lo hizo con dulzura y benevolencia para con los adversarios, respondiendo a las injurias con la frase "Deo gratias". La sospecha de que fuera un defensor de ideas conciliaristas, esto es, de la superioridad del concilio sobre el papa, resultó infundada en el proceso de canonización (1767). Juan fue sepultado en la iglesia de Santa Ana de Cracovia, y gozó fama de santo y taumaturgo.
 

Mensaje y actualidad
La colecta esboza dos caracteres del perfil de este santo, que podría ser considerado patrono de las escuelas y colegios. En efecto, se pide a Dios nos conceda "crecer en santidad, a ejemplo de san Juan de Kety, su presbítero". Con este elogio nos referimos no solo a su cultura -nos ha dejado quince códices copiados de su propia mano, con anotaciones marginales que denuncian el esfuerzo ascético para copiarlos ("He acabado a las primeras luces del día... Este ejemplar fue dificilísimo de copiar") -, sino también a su devota sabiduría. Esta le hacia recurrir a menudo al versículo del Sal 69,2: "Señor, ven en ayuda"; o bien, en las penas y dificultades, a la frase: "Ut supra" (coma arriba), hacienda referencia a Cristo crucificado. La humildad de este estudioso se aprecia igualmente en sus transcripciones de textos, donde dice no solo que ha escrito "para evitar la pereza y el aburrimiento" sino también que llegó a comprender el contenido del texto o que no fue capaz de trasncribir cierto pasaje. La formula devocional que se encuentra en el comienzo de sus trabajos: "In nomine Domini", así coma final: "Para alabanza de Dios" ("In laudem Dei"), se asocian a menudo a otras expresiones originales de agradecimiento Dios y a la santísima Virgen. En la bula de canonización de Clemente XIII, que tenemos en el oficio de lectura, se dice: "Mientras en las regiones vecinas pululaban las herejías y los cismas, el bienaventurado Juan enseñaba la doctrina tomada de su más pura fuente, y confirmaba la más auténtica doctrina moral, que con mucho empeño explicaba al pueblo en sus sermones, con la humildad, castidad, misericordia, penitencia y todas las otras virtudes propias de un santo sacerdote y de un celoso ministro..." "A su humildad acompañaba una extraordinaria sencillez, propia de un niño..."
La segunda alusión a su espiritualidad se encuentra en la intercesión, donde se pide que, "ejerciendo el amor y la misericordia con el prójimo, obtengamos nosotros el perd6n de Dios". El ejemplo de su extraordinaria caridad está a veces enriquecido con episodios que pueden parecer legendarios: la antífona de vísperas, en el Magnificat, cita justamente el texto de Mt 25,4. En efecto, su desapego del dinero se revela en la dimisión de un oficio para el que había sido elegido en 1493, a fin de no gozar de las rentas de un beneficio al que no podía dedicarse (cosa que entonces era rara); y también en el episodio de ofrecer a un pobre su hábito (que luego la Virgen le restituida milagrosamente); o bien en haber dada toda su comida a un pobre que había llamado al refectorio, tanto que aquel gesto creó la tradición de preparar la parte destinada al mendigo ("pauper venit") con la formula ritual: "Jesús Christus venit" (es Jesucristo el que viene). La tradición de esta generosidad de bienhechor (evocada también par la antífona de laudes, en el Benedictus, tomada de Jn 13,35) que no negaba su ayuda a nadie nos ha transmitido, par ejemplo, que camino de Roma, habiendo entregado lealmente su dinero a unos bandidos y dándose cuenta de que le quedaban todavía algunas monedas en los pliegues del manto, corrió tras los ladrones, confesando el hurto involuntario y obteniendo así su inmediata conversión.
La actualidad de este maestro de vida sapiencial, que ha de colocarse en un puesto de honor en el gran siglo de los santos de Polonia, sigue siendo también para nosotros un estimulo, según lo que El mismo escribió en la pared de su colegio: "Procura no ofender, porque cuesta mucho pedir perdón" ("Conturbare cave, quía placare grave").
 
 

 

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