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8 de Diciembre
INMACULADA CONCEPCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN
( siglos VIII/XII)



1. Nota Histórico-litúrgica

La solemnidad de la inmaculada concepción de la santa María virgen, que los cruzados Ingleses parecen haber traído de oriente a medidas del siglo XI con la fiesta de concepción de santa Ana el 9 de Diciembre (importada por los monasterios griegos de Italia meridional: los textos del pontifical de Exeter están emparentados con los de la liturgia bizantina), se desarrolló en el continente en el siglo XII, cuando fue acogida por los franciscanos, especialmente tras la aportación teológica del venerable Duns Scoto (1263). Se debe a la constitución Prae excelsa de Sixto IV, la inscripción en el calendario de la ciudad de Roma en 1476 (también la Capilla Sixtina fue dedicada a la
concepción de Maria), después de que el concilio de Basilea en la sesión XXVI, de 1439, decidiera hacerla universal. Ya en los testimonios de Andrés de Creta (740) con su canon y de Juan de Eubea (740) con su homilía hay elementos positivos para la creencia que hacia el alto 750 el sinaxario de Constantinopla, en fecha 9 de diciembre, consigna: "La concepción de santa Ana, madre de la Theotokos" El protoevangelio apócrifo de Santiago ofrecía los elementos de la anunciación de una maternidad prodigiosa a santa Ana. En 1166 tal fiesta era de precepto por orden del emperador Manuel Comneno. En Nápoles el calendario marmóreo del siglo IX lleva esta leyenda el 9 de diciembre: "Concepción de santa Ana (madre) de María virgen". Ya en 1050, en el concilio de Vercelli, el papa León IX recomendaba se honrase la concepción de la virgen, refiriéndose también a Bizancio. No ha de confundirse la primitiva fiesta anglosajona con la de la concepción de santa Maria, que se encuentra el 18 de diciembre en la liturgia hispánica (que pasó luego a algunos ordines carolingios), ya que se trata de un equivalente de la fiesta de la anunciación, impedida por la cuaresma y transferida a antes de navidad.
En 1844, después de la definición del dogma por parte de Pío IX (el 8 de diciembre de 1854), la fiesta, que ya Clemente XI había establecido de precepto en 1708, añadió a1 titulo primitivo de concepción el atributo de "inmaculada"; y en 1863 León XIII la elevó a solemnidad de primera clase, con octava. La fecha del 8 de diciembre (en Oriente el 9 de diciembre) depende de la fiesta antigua de la natividad de Maria el 8 de diciembre. La primera apología de la concepc16n de santa Mafia fue redactada por un monje de Canterbury, Eadmero (+ 1124), secretario de san Anselmo (+ 1109), y provocó las reacciones de san Bernardo, que, hacia el alto 1129, en una carta dirigida a los canónicos de Lyon se atrincheró contra esta novedad, recogiendo posteriormente también el consenso de numerosos dominicos (santo Tomás no la consideraba verdad de fe)

Mensaje y actualidad

Los textos litúrgicos, quo se remontan al tiempo de la promulgación del oficio por parte de Pío IX, nos permiten delinear el verdadero alcance del dogma ilustrado por la bula Ineffabilis Deus, de Pío IX, en 1854 (las apariciones de Lourdes en 1858 fueron saludadas como una confirmación celestial del dogma).
a) La colecta, compuesta ya en tiempos de Sixto IV, en 1477, es una síntesis casi verbal de la definición dogmática, porque afirma quo "en previsión de la muerte de tu Hijo la (la Maria) preservaste [Dios] de todo pecado". En la intercesión se subraya la relación con el adviento ("salir al encuentro..."). El iter histórico de esta verdad de fe, quo comienza con la fiesta de la concepción (activa) de Ana (siglo VIII y que después fue extendida por el emperador León VI a todo el imperio bizantino (siglo IX), encuentra ya en las homilías de los Padres orientales su significado, en paralelismo con la fiesta de la natividad de Maria (cf homilía de san Juan Damasceno sobre la natividad de Maria), en cuanto que la concepción de Maria de madre estériln (según el apócrifo del Protoevangelio de Santiago, del siglo II), por intervención de Dios, ya prefigura la concepción de Cristo de madre virgen por obra del Espíritu Santo. Un elemento, pues, de valor espontáneo de la piedad mariana, fuera de toda controversia, porque introduce la concepción activa de Ana y pasiva de Maria en el tejido de la historia de Israel como fruto de una espera. Pero de la fase de la concepción activa de Ana (el acento se pone en la madre, no en Maria) se ha pasado a la de la concepción pasiva, es decir, la concepción misma de Maria, quo ha sido la "primera redimida" de modo preventivo: la norma de orar se ha anticipado a la norma de creer.
El nuevo prefacio (utiliza Ef 5,7 y se inspira en la Lumen gentium y en la Sacrosanctum concilium), que es la síntesis de la teología del dogma, se articula en cuatro dimensiones. Ante todo, la dimensión cristocéntrica amplía la relación no solo entre la exención de la mancha del pecado, sino también entre la plenitud de gracia y la maternidad divina, entendida en su sentido más activo y evolutivo; en efecto, Maria debía ser capaz de una digna maternidad divina. Por este motivo la tercera lectura de la misa es la de la anunciación. La dimensión eclesiológica se basa en el texto de Ef 5,27, porque en María "Dios marca el comienzo de la Iglesia, esposa sin mancha ni arruga (aspecto negativo), deslumbrante de belleza (aspecto positivo)". En la tercera dimensión soteriológica se vincula la redención, operada por el cordero inocente que debía nacer de Maria, con la pureza de la Virgen, como ya influyera Melitón de Sardes en el siglo II: "Es él el cordero mudo, El es el cordero degollado, es él quien nace de Maria, la cordera pura" (cf Sobre la pascua SC 123,98-100). La cuarta dimensión escatológica presenta a María en el eskhaton, es decir, en la predestinación para convertirse en "abogada de gracia y modelo de santidad para el pueblo".
b) En la oración sobre las ofrendas se nos invita a descubrir el aspecto central de esta doctrina, que celebra a la Virgen 'limpia de toda mancha', siempre en referencia a la gracia preveniente de Dios. Esta alusión a la gratuidad de Dios debería disipar todas las prevenciones por parte protestante, donde la preocupación de afirmar la "sofa gratia" aparece aquí plenamente mente en acto: ningún mérito de Maria podía exigir tal don preventivo.
c) En la oración después de la comunión se pide "que el sacramento que hemos recibido repare en nosotros los efectos de aquel primer pecado del que fue preservada de modo singular en su concepción la inmaculada virgen Maria". Una teología del pecad original es supuesta justamente por esta celebración, aunque no sea compartida por los hermanos ortodoxos: estos, identificando el pecado original con la muerte, que entró en el mundo a causa del pecado de Adán (los Padres griegos interpretarían: "y a causa de la muerte todos han pecado", comparando Rom 5,12 y Cor 15,22), no pueden aceptar que la herencia de la caída esté en la culpabilidad en primer lugar, y luego como consecuencia, en la mortalidad. Con este supuesto de que la culpabilidad es simplemente una consecuencia de la mortalidad y no la culpa, la fe en el dogma resulta imposible. Se debe notar que la interpretac16n restringida de la tradición patrística (Sofronio de Jer., 638; Andrés de Creta, j 740; Nicolás Cabasilas, siglo XIV) ignora, en cambio, los textos litúrgicos, donde María es proclamada siempre "toda santa', incluso en su concepción, en parang6n con los elogios (himnos y homilías) tributados el 23 de septiembre en honor de la concepción de Juan Bautista.
La actualidad de esta fiesta puede derivarse de la consideración de que la exclusión de todo texto sapiencial bíblico (como anteriormente, que asimilaba a María a la sabiduría divina) se motiva con la elección de los textos que hacen referencia a la profecía de Gén 3,9-20 (primera lectura de la misa y antífona del Benedictus en laudes) para el primer anuncio de la salvación; y de los textos neotestamentarios, en los que se sitúa la predestinación de María en los designios eternos de Dios sobre todos los llamados (Ef 1,3-12, como segunda lectura de la misa; Rom 8,29-30, lectura breve de las primeras vísperas). Así resulta clara la intenc1ión que debemos dar a esta fiesta: una orientación de tipo histórico-salvífico, más bien que una acentuación moralista (la pureza en sentido común). Entre los tres himnos, el de laudes (que es el más antiguo, siglo XV, respecto, a los otros dos, de los siglos XVII y XIX), en su mismo lenguaje poético nos invita a invocar a la "paloma mansa, humilde, que limpia del veneno del pecado lleva el signo de la clemencia de Dios y el ramo de la gracia fecunda" (quinta estrofa).
La oración de san Anselmo, que en el oficio de lectura canta en Maria el vértice de la alianza de la humanidad con Dios, nos inspira el tono auténtico, sobre el registro de la bendición bíblica, de la plegaria en esta fiesta: "oh Virgen bendita, bendita por encima de todo, por tu bendición queda bendita toda criatura, no solo la creación por el Creador, sino también el Creador por la criatura". La parte final de la colecta orienta esta fiesta como preparación radical para el encuentro con el salvador: en sentido histórico (de Maria), mistérico-sacramental (en la navidad) y escatológico final (segunda venida).
 

 

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