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6 de Diciembre
SAN NICOLÁS, obispo
(+ ca.350)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de san Nicolás, obispo de Mira (en Licia, Turquía),
es celebrada el 6 de diciembre por todas las Iglesias orientales; en Roma es
atestiguada sólo desde el siglo IX, anteriormente a la traslación de sus
reliquias, sustraídas por corsarios bareses en Mira y trasportadas a la que
sería luego célebre iglesia de Bari en 1087. El arzobispo de Bari, Elías,
los recompensó con derechos y privilegios especiales; y, a petición de
Bohemundo I, el papa Urbano II, hacia 1089, fue a Bari para asistir a la
traslación de san Eustaquio a la nueva catedral y consagrar el altar de san
Nicolás.
La noticia más antigua, vidas posteriores legendarias aparte, que atribuyen
a este héroe episodios concernientes a Nicolás el Sionita (que había fundado
el monasterio de Sión, junto a Mira), se remonta al siglo VI, ya que nos
informa de la existencia de una basílica dedicada a san Nicolás de Mira. Por
noticias atendibles sabemos que su tío Nicolás, obispo de Mira, ordenó
sacerdote a su homónimo sobrino, y que él, después de repartir toda su
herencia a los pobres, fue jefe de un monasterio fundado por su tío mismo. A
la vuelta de un viaje a Tierra Santa fue ordenado obispo de su ciudad, y
suscribió en Nicea (325) la fe en la divinidad de Cristo, proclamado
consustancial al Padre. Posteriormente habría sido encarcelado y torturado
por la fe en la persecución de Galerio y habría muerto a la edad de sesenta
y cinco años, en al año 345 ó 350.
Las leyendas lo presentan como un gran taumaturgo, y en ellas se ha
inspirado asimismo la iconografía: libertó a tres oficiales encarcelados
injustamente por Constantino; hizo posible el matrimonio a tres jóvenes
pobres, condenados por su padre a la prostitución, ofreciendo la dote en
monedas de oro; resucitó a tres estudiantes condenados a muerte por un
hospedero, que los había puesto en salmuera; salvó a un niño que había
perecido entre las llamas, tras la invocación del padre, que había invitado
a su hijo a dar limosna a un mendigo; liberó a tres marineros del peligro de
naufragar. En el siglo XII se comenzó a regalar dulces a los niños la
víspera de la fiesta de san Nicolás, por una trasposición del milagro del
obispo (que resucitó a los tres niños asesinados y salados) de la festividad
de los santos inocentes al ambiente de las escuelas cristianas. Tal
costumbre se desarrolló posteriormente por influjo de los mitos germánicos
de la naturaleza; y en el siglo IX, en el norte de Alemania, el folclore
pagano sustituyó a san Nicolás por el hombre de navidad (Weihnachrsmann),
hasta el punto de cambiar, en tierra anglosajona, el nombre por "Santa Claus"
(Sint Klaes).
Independientemente de este desarrollo secularizado de la tradición, nos
encontramos con el culto de san Nicolás, difundido a partir del siglo VI
desde la ciudad de Mira y después desde Constantinopla a toda la Iglesia
griega, eslava y rusa (es patrono de Rusia) y a Occidente, que ha encontrado
gran eco en la dedicación de numerosas iglesias (más de dos mil en Francia y
Alemania, cerca de cuatrocientas en Inglaterra y cuarenta en Irlanda, etc.),
así como en la onomástica de santos.
Mensaje y actualidad
La nueva colecta, dentro de su sobriedad, ilumina un solo aspecto de la vida
del santo, considerado taumaturgo. En efecto, se implora al Señor "su
misericordia" y se suplica "que por la intercesión de su obispo san Nicolás,
nos proteja en todos los peligros para que podamos caminar seguros por la
senda de la salvación". Aunque no se alude a los numerosos milagros
realizados por san Nicolás, como en la anterior colecta del misal, se puede
ante todo imitar su ortodoxia, que la tradición le atribuye como confesor de
la fe nicena. Además se le venera como protector, porque desde el tardo
medievo es uno de los santos "auxiliadores", que da el nombre a varios
patronatos no sólo de innumerables iglesias, sino también de muchas
confraternidades y categorías: de los navegantes a los prisioneros, de las
niñas a los escolares, de los juristas a los farmacéuticos. Él dio al
prójimo todos sus bienes como otros obispos de la antigüedad: Cipriano,
Basilio, Ambrosio, Crisóstomo, y socorrió todo tipo de miserias humanas,
según la tradición. El elogio de Andrés de Creta es significativo en esta
oración: "Has reunido preciosísimas virtudes, como pedras brillantes en un
precioso tesoro; por ello para casi todos los que están bajo el sol te has
convertido en un varón preclarísimo por la fama".
La liturgia de las horas, en el oficio de lectura, con el sermón de san
Agustín, que sirve de comentario del evangelio de Juan sobre la relación
entre amor y se pastor de los fieles, esboza en síntesis el mensaje del
obispo de Mira y de Bari que, pese a la secularización y a la explotación
comercial de su imagen (sólo reconocible ahora por la barba), sigue siendo
el símbolo del santo benévolo y amante de los niños: "El amor de Cristo debe
crecer hasta tal grado de ardor espiritual en aquel que apacienta sus
ovejas, que supere también el natural temor a la muerte, por el que no
queremos morir aun cuando queremos vivir con Cristo".
La actualidad de esta memoria está enriquecida hoy por un motivo ecuménico,
porque la común devoción de Oriente y Occidente ha elegido como sede de
varios encuentros ecuménicos a la ciudad de Bari, que en 1098 hospedó al
papa Urbano para un concilio en el que se trató, entre otras cosas, de la
reunión de la Iglesia latina con la Iglesia griega, erigiendo además una
facultad teológica especializada en el estudio de la tradición oriental
(Instituto de San Nicolás).
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