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30 de Noviembre
SAN ANDRÉS, apóstol
(siglo V)
1. Nota Histórico-litúrgica
La fiesta del apóstol Andrés, celebrada ya a comienzos del siglo V en el
calendario de Jerusalén el 30 de noviembre, como testimonian el martirologio
jeronimiano y los antiguos sacramentarios, ha estado redeada siempre de
particular solemnidad desde el tiempo del papa Simplicio. Éste, hacia el
475, dedicó una Iglesia, cerca de Santa María la Mayor, en el Esquilino, al
apóstol, porque era hermano de Pedro.
Hijo de Jonás de Betsaida (al noreste del lago de Tiberíades), Andrés fue
discípulo de Juan Bautista, con quien conoció al apóstol Juan. Con él fue el
primero que siguió a Jesús, a quien llevó a su hermano Pedro (Jn 1,35-42).
Por este motivo los grigos lo llaman "protocleto", es decir, primer llamado.
La tradición popular no documentable, si bien antigua, le ha asignado un
campo de apostolado en Grecia: Escitia y Tracia, pero especialmente Epiro y
Acaya, donde habría sido crucificado en Patrás en el año 60. Pero se indican
también otras cuatro regiones, como la costa del mar Negro e incluso el
Cáucaso. Si sus reliquias fueron llevadas a Constantinopla sólo en el año
357, la piedad popular prefirió anticipar el culto en la capital del imperio
haciéndolo remontar a Constantino, que es el fundador de la Iglesia de
Bizancio, aunque Juan Crisóstomo ignoraba dónde está enterrado el apóstol.
La passio apócrifa sobre el martirio lo hace crucificar en Patrás sobre una
cruz decusata, es decir, con los brazos en forma de X (llamada de san
Andrés), como se usaba en los alfabetos trazados sobre el suelo para la
dedicación de las iglesias. Esta cruz sólo figura en la liturgia de las
horas: en la antífona del Magbíficat, de vísperas: "In passione socius" (de
Pedro), y en el himno de laudes: "Hermano de Pedro en el cuerpo, no distinto
por la clase de muerte". Sus reliquias, conservadas desde el siglo IV en
Constantinopla, fueron transportadas a Amalfi en 1208, y su cabeza llegó a
Roma en 1462; pero en 1964 fue restituido, con gesto ecuménico, a la Iglesia
greco-ortodoxa (en Patrás). Se debe a Gregorio Magno, después de su vuelta
de Constantinopla, la inserción del nombre de Andrés en el canon romano. En
el Nuevo Testamento se le menciona barias veces: dos en Mt, tres en Mc, una
en Lc y Jn; en los Hechos (1,13) el apóstol ocupa en el orden el cuarto
puesto, después de Pedro, Santiago y Juan.
Mensaje y actualidad
Los textos de la liturgia, tanto de la misa como de las horas, tratan de
utilizar las escasas noticias de fuente bíblica que caracterizan a este
Apóstol. Aparece, en las tradiciones sinóptica y joanea, ante todo como
protagonista de los relatos de vocación: por ejemplo, en la antífona de
entrada (Mt 4,18-19) y de comunión (Jn 1,41-42).
a) La colecta del sacramentario gregoriano invoca: "Protégenos, Señor, con
la constante intercesión del apóstol san Andrés, a quien escogiste para ser
predicador y pastor de tu Iglesia". En la primera calificación de anunciador
del evangelio se puede evocar el relato joaneo, donde el discípulo del
Bautista, que buscaba la esperanza mesiánica: "Qué buscáis" (Jn, 1,37), es
presentado entre los dos primeros que siguen a Jesús "Venid y ved", y se
entretiene largo tiempo con él: deviene el primer apóstol de la vocación al
discipulado, porque lleva a su hermano Pedro donde el mesías, que dice haber
hallado (Jn 1,41-42). Por tanto, fue anunciador del evangelio, porque tenía
desde su vocación inicial este espíritu misionero, que le llevó a hacer su
explícita confesión mesiánica: "Hemos encontrado al mesías".
En la tradición sinóptica, Andrés es presentado como pescador (Mt 4,18-19);
y, según Lucas, su vocación con la de Pedro ocurre al término de una pesca
milagrosa en el lago de Galilea ("Os haré pescador de hombres", Mc 1,17). La
rapidez de la respuesta, subrayada por Mc 1,18: "Al instante dejaron las
redes y lo siguieron", puede entenderse a la luz de la expresión del texto
de la colecta: no sólo como anunciador del evangelio (predicator), sino
también como "pastor de la Iglesia" (rector). No se puede ejercer el
ministerio de guía de la Iglesia sin esta renuncia y seguimiento total de
Jesús. Asimismo aparece Andrés en Jn 6,8, donde da la noticia de que un
muchacho tiene cinco panes de cebada y dos peces, demostrando su interés
práctico frente a aquella emergencia; precisamente a partir de esta humilde
ofrenda, Jesús realiza la multiplicación de los panes.
b) Se podría acercar este texto a la oración sobre las ofrendas, donde se
invoca a Dios todopoderoso: "Estos dones que te presentamos en la festividad
de san Andrés nos hagan agradables a ti y, al recibirlos, renueven nuestra
vida". En ambos textos, bíblico y eucológico, la humilde ofrenda hace de
catalizador de este cambio, que no es una simple multiplicación numérica de
panes, sino una transformación de vida, de humana en divina.
c) Por fin, la oración después de la comunión recuerda el tema de la pasión,
porque pide al Señor: "Te rogamos que la participación en tus sacramentos
nos dé fortaleza para que, compartiendo la muerte de Cristo, a ejemplo del
apóstol san Andrés, merezcamos vivir con él en la gloria". El apóstol, que,
según Mc 13,3, interrogó con Pedro a Jesús sobre el discurso escatológico:
"Dinos, ¿cuándo sucederá eso y cuál será la señal de que todas esas cosas
van a cumplirse?", es presentado ya en perspectiva de la pasión de Cristo.
Él, que fue el primer misionero entre los apóstoles, es uno de los más
íntimos de Jesús, como se infiere en Jn 12,22, donde, por su mayor confianza
con Jesús, es consultado por Felipe y con él acude a Jesús para decirle que
algunos griegos desean verlo, haciéndose así garante de las buenas
disposiciones de los paganos que querían acercarse a Jesús.
Por los rasgos de su espontaneidad generosa, que le hacen parecido a la
índole de su hermano, aparece asociado a Pedro también en el martirio. En el
himno de san Pedro Damián de laudes se canta esta fraternidad del martirio:
"La cruz los ha hecho hermanos en el cielo, los ha engendrado como una sola
carne". Y se hace esta invocación: "Oh venerado vástago (de la familia de
Pedro), oh idéntica corona de gloria; los padres santos de la Iglesia son
asimismo hijos de la cruz". En la antífona de laudes, en el Benedictus,
oímos resonar un fragmento de la vehemente y apasionada peroración a la
cruz, como nos narra la passio latina, derivada de los "Hechos apócrifos de
Andrés", del siglo III: "Oh cruz, ten a bien abrazar a aquel que fue
discípulo de quien en ti estuvo clavado, Cristo, mi maestro".
La actualización de esta fiesta nos la ofrece una frase del oficio de
lectura, donde san Juan Crisóstomo, comentando la vocación de Andrés, dice:
"Andrés, después de permanecer con Jesús y de aprender de él muchas cosas,
no escondió el tesoro para sí solo, sino que corrió presuroso en busca de su
hermano, para hacerle partícipe de su descubrimiento". Este ejemplo de
coparticipación en la fe se nos impone también a nosotros hoy.
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