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22 de Noviembre
SANTA CECILIA, virgen y mártir
(siglos II-III. 250?)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de santa Cecilia ya es atestiguada, según el Liber
pontificalis, por el culto que se le tributaba en su basílica del Trastévere
en el año 545: el papa Vigilio se encontraba en la iglesia de Santa Cecilia
el 10 de las calendas de diciembre, es decir, el 22 de noviembre, porque era
su dies natalis. En la iconografía más antigua aparece estilizada como sexta
figura entre las vírgenes en procesión en la iglesia de San Apolinar Nuevo,
antes San Martín in Ciel d´Oro, en el tiempo del obispo Agnello (556-569) en
Rávena. Entre los cinco formularios del sacramentario veronense, el prefacio
afirma que Cecilia había convertido a su marido, lo había convencido para
que guardara la castidad y lo había impelido al martirio.
La Passio legendaria, posterior al 488, identifica a la fundadora del "Titulus
Caeciliae" en Trastévere con una mártir homónima, también desconocida,
enterrada en las catacumbas de San Calixto, a quien se atribuye tanto la
corona del martirio como la gloria de la virginidad. Ciertamente el culto de
la santa se ha desarrollado en los dos lugares privilegiados que conservaron
sucesivamente su cuerpo. Ante todo, las catacumbas de San Calito (+ 222),
donde al fondo de la cripta de los papas se abre, a la izquierda, una
galería que conduce a una sala funeraria cuadrada, según el tipo clásico.
Aquí, en el nicho del muro, habría estado el sarcófago de los restos de la
mártir; un poco más allá se ven algunas pinturas del siglo V que representan
a la santa orante vestida ricamente, según el estilo bizantino, por encima
de la cabeza de un Cristo y de un obispo nimbado con el nombre de san Urbano
(+ 230).
Es probable que la familia de los Caecilii, primero pagana y después
cristiana, que tenían sus tumbas en la vía Apia, ofreciera el terreno para
la sepultura a sus hermanos cristianos y que en él fuera enterrada esta
Cecilia, que ocupa en la cripta el lugar más digno. Para el "título" de
Santa Cecilia en Trastévere, que no aparece hasta el siglo V en los
documentos, se puede suponer que Cecilia pusiera a disposición de la iglesia
un inmueble a instancias del papa Calixto, a quien se debe la creación de
otros títulos en Trastévere. Tal inmueble, llamado insula, era distinto de
la domus, que tenía también un baño público, y que se convirtió en lugar de
culto y de sepultura. Por tal liberalidad, Cecilia habría dado el nombre al
título y habría sido sepultada con honor junto a sus antepasados.
Pero la falta de noticias del culto de la mártir en los documentos del siglo
IV al siglo Vi y la única presencia de los grafitos de la cripta en las
catacumbas no nos permiten explicar el auge de la "pasión" en el siglo VI,
que se hizo muy popular e inspiró el breviario tridentino, que inserta la
totalidad de sus antífonas y responsorios. Ahora, en la nueva liturgia de
las horas, se han conservado sólo las antífonas de laudes y vísperas. De la
primera antífona anterior de las laudes y de las vísperas deriva el
patrocinio de Cecilia sobre la música sagrada, pero sólo a partir del siglo
XV.
El antiguo título de Santa Cecilia in Trastévere sigue existiendo, con la
basílica construida en su honor por el papa Pascual (+ 824), donde el
mosaico que ha quedado representa no sólo a Cecilia, sino también, entre los
demás santos, a Valeriano (el marido que murió mártir, según la passio) y a
Tiburcio, su hermano. El hallazgo del cuerpo de la mártir por el papa
Pascual, no en el cementerio de Calixto, donde había sido enterrada, sino en
el de Pretestato, según el Liber pontificalis, plantea un problema
histórico: tal vez por la invasión de los longobardos en el 756, podría
haberse efectuado esta traslación de las reliquias; pero de ello no se tiene
ninguna otra noticia que lo confirme. El papa mismo llevó las reliquias a su
iglesia, atraído por la passio, para reunir los cuerpos de Cecilia y
Valeriano y de los mártires Tiburcio y Máximo.
Los cuatro memorias del martirologio jeronimiano pueden explicarse
fácilmente con un confusión del mártir Tiburcio en la vía Tiburtina el 11 de
agosto con el del cementerio de Pretestato; la otra del 16 de diciembre se
explica también con la confusión de un mártir africana con la romana; lo
mismo vale para la fecha del 17, que es la dedicación del título de Cecilia
en Trastévere. Por fin, para la fecha del 22 de noviembre hay coincidencia
con la de todos los calendarios y martirologios en cuanto a su dies natalis,
que sería fechable en el tiempo de Alejandro Severo (222-235), contemporáneo
del papa Urbano, sucesor de Calixto. Éste habría sepultado a Cecilia entre
sus colegas obispos, donde están los confesores y los mártires, haciendo de
su casa una iglesia. Hacia el final de la Edad Media, Cecilia entró en el
grupo de los santos "auxiliadores" y, por un error de transcripción de la
passio, se ha convertido en patrona de la música.
Mensaje y actualidad
La antigua colecta, que deriva del sacramentario veronense, es genérica, sin
ningún elemento histórico útil, porque sólo hace referencia a la intercesión
de la santa. Dado que la pasión nos narra que Cecilia habría prometido a
Dios su virginidad en la conversación con Valeriano, cantando a Dios en su
corazón y afirmando que estaba protegida por un ángel, tal referencia al
canto ha quedado en el oficio de lectura, donde el sermón de Agustín,
supliendo el silencio de los textos de la pasión legendaria, expone el
significado del cantar con arte y júbilo a Dios. "Qué quiere decir cantar
con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que
siente el corazón... De este modo, el corazón se alegra sin palabras y la
inmensidad del gozo no se ve limitada por unos vocablos".
Tanto de las antífonas propias de las laudes y de las vísperas como de los
respectivos cantos se pueden sacar dos advertencias significativas, que
hacen también actual esta memoria de la mártir nombrada en el canon romano.
Cecilia no sólo encarnaría el ideal de la virginidad, sino también el de la
vigilancia cristiana, celebrada en la alegría musical. La alusión a la luz
es siempre significativa, toda vez que la aurora cede el puesto al sol:
"Ánimo, soldados de Cristo, dejad las actividades de las tinieblas y
pertrechaos con las armas de la luz": la alusión a la plegaria continua, en
la antífona del Magníficat, se asocia a la de llevar siempre el evangelio de
Cristo en nuestro corazón: "La virgen santa Cecilia llevaba siempre sobre su
corazón el evangelio de Cristo". En nuestro tiempo secularizado, la fuerza
de un corazón puro es siempre un valor que cabe proponer y exaltar.
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