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21 de Noviembre
PRESENTACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN (siglos VI/XI)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria, que desde el siglo XIV (1372) entró en el culto de
los latinos de Chipre por decreto de Gregorio XI y que ya se celebraba en el
siglo IX en los monasterios orientales de Italia meridional, fue introducida
en el misal romano en 1472 con Sixto Iv. Una secuencia del oficio hacía
mención de un particular de la leyenda relatada por el Protoevangelio de
Santiago (siglo II), según la cual María, llevada al templo a los tres años
por sus padres, habría subido a una escalera de varios peldaños, sin
volverse luego atrás.
En realidad, la memoria celebra la entrada de la santa madre de Dios en el
templo de Jerusalén según la expresión del oficio bizantino actual, en
relación con la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva (Nea), el
21 de noviembre del año 543, bajo Justiniano I; tanto más cuanto que en el
siglo VIII se encuentra ya en Constantinopla esta fiesta en la fecha del 21
de noviembre, codificada luego por Jorge de Nicomedia e insertada en el
ciclo de las doce fiestas. Luego fue comentada por muchos escritores
eclesiásticos orientales con más de cuarenta homilías. En Occidente, tras el
decreto llamado el Libro del nacimiento de María, tal memoria no figura
entre las cuatro fiestas marianas introducidas por el papa Sergio I, de
origen sirio (+ 701), entre otras cosas porque la basílica nueva había sido
destruida por los persas en el año 614. No obstante, en Inglaterra ya es
conocida una fiesta litúrgica de la presentación en el siglo XI y el 21 de
noviembre. La iconografía se inspira asimismo en el apócrifo Libro de
Santiago, así llamado por Orígenes.
Mensaje y actualidad
La colecta latina de la misa, aun siendo genérica en su planteamiento y
eliminando toda referencia a los apócrifos, contiene dos temas. El primero
alude "a cuantos hoy honramos la gloriosa memoria de la santísima virgen
María", e invoca su presencia: "Mira a tu pueblo". En esta discreta
evocación del primer texto de lectura de la misa, el profeta Zacarías
preanuncia los dispersos, que han vuelto a Jerusalén, que podrán gozar
nuevamente de la presencia del Señor en el monte Sión (2,14: "Yo vengo a
habitar en medio de ti") y que todos los pueblos se unirán a Israel con
Jerusalén, convertida en centro de encuentro (v. 16: "El Señor elegirá de
nuevo a Jerusalén"). Por tanto, la presencia del Señor es renovada
nuevamente cuando nos reunimos en el nombre de la santísima virgen, porque
María es la personificación misma de la "hija de Sión"; es decir, del nuevo
pueblo de Israel,. Esta tipología eclesiológica es hoy muy importante para
la teología mariana en el contexto de toda la historia salvífica y para
interpretar los evangelios de la infancia.
Pero el tema central es la invocación final, en la cual se ruega para que el
pueblo reunido, en el que está presente el Señor, "participe, como ella, de
la plenitud de tu gracia". Ahora María es el nuevo templo de Dios, como se
canta en la antífona del Magníficat en vísperas: "Dichosa eres, María,
siempre Virgen, templo del Señor, santuario del Espíritu Santo; tú sola, sin
comparación, agradaste a nuestro Señor Jesucristo". En efecto, María está
llena de gracia no sólo en previsión de su elección, sino también porque "ha
cumplido la voluntad de Dios", como se evoca en el fragmento evangélico de
Mc 3,31-35. También en la antífona de las laudes, en el Benedictus, se cita
la frase pronunciada por Isabel para exaltar la fe de María: "Dichosa tú,
María, que has creído..."
En los himnos encontramos también algunos complementos de la temática. En el
himno del oficio de lectura, Salve mater misericordiae, se canta el misterio
de la relación trinitaria de esta madre divina: la creación por parte del
Padre ingénito; el descubrimiento por parte del unigénito; la fecundación
por parte del Espíritu Santo. Se trata de una atrevida explicitación de la
misma terminología del relato lucano. En el otro himno de las laudes, María
Virgo regia, el tema de la presentación es invocado indirectamente en la
cuarta estrofa: "En la casa del príncipe supremo tú rebosas de delicias;
como vara florida de Jesé estás llenas de gracia".
La actualidad de esta memoria, que en la tradición de la piedad popular ha
sido evidenciada con la renovación de las promesas de consagración religiosa
el 21 de noviembre porque evoca la oblación primordial de María, está
expresada por las palabras de Agustín, que comenta, en el oficio de lectura,
el fragmento evangélico de la misa (Mc 3,31-35): "Por esto es más importante
su condición de discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto
María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó
en su seno". Desde este punto de vista, "María es dichosa también porque
escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de
Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo".
La verdad es Cristo: "En la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su
seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está
en la mente que lo que se lleva en el seno". La Marialis cultus (n. 8)
afirma que, independientemente del dato aprócrifo, en esta memoria están
contenidos valores contemplativos.
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