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SAN ALBERTO MAGNO, obispo y doctor de la Iglesia

(1206-1280)



1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de san Alberto, muerto en Colonia el 15 de noviembre de 1280, canonizado y proclamado doctor de la Iglesia en 1931, inscrito en el calendario en 1932, nos presenta una figura de científico medieval, de filósofo y teólogo situado en la encrucijada de dos siglos, XII-XIII, que nos han dado a santo Tomás y a san Buenaventura.
Nacido en Lauigen (Baviera) en 1206, a los dieciséis años fue a Bolonia (1222), donde apenas un año antes había muerto santo Domingo (enterrado en San Nicolás de le Vigne, en el corazón de la primera universidad) y donde tal vez pudiera oír las predicaciones de Jordano de Sajonia, la "sirena de las escuelas". Aquí hizo voto de ser dominico. Trasladado a Padua, recibió en 1229 el hábito de los predicadores de manos del maestro general (Jordano de Sajonia), que escribía a la boloñesa Diana de los Anadalò que había logrado pescar a diez estudiantes durante su predicación, "entre ellos a dos teutones, y uno de éstos tenía muchas rentas y era verdaderamente noble de cuerpo y espíritu". Enviado a Colonia en 1228, punto de encuentro de las grandes vías de comunicación de los pueblos del noroeste de Europa, Alberto supo ambientarse en la problemática de adaptar las teorías de Aristóteles y Averroes (condenadas en 1231 por Gregorio IX, en favor del pensamiento platónico-agustiniano) al pensamiento cristiano, tratando de utilizar también la especulación judía de Moisés Maimónides. Ya en 1238 enseñaba en Colonia, luego en diversos centros de Alemania (Hildesheim, Friburgo de Brisgovia, Ratisbona, Estrasburgo) y por fin en París en 1245. Aquí tuvo como discípulo en 1248, entre los estudiantes llegados de veinte naciones, también a Tomás de Aquino en el convento de Saint Jacques. Así, de 1240 a 1248, pudo acumular una información enciclopédica a la que le inclinaba su genio, encontrando no pocas oposiciones por su tendencia aristotélica (Comentaba a Dionisio y la Ética de Nicómano, de Aristóteles).
Se dice que elogió a Tomás con estas palabras: "Ahora, hijo mío, tú eres clérigo (o estudioso) mejor que yo". El doctor "in sacra pagina" (como se decía entonces para la teología) llegó a rector del estudio general de Colonia, del que luego, en el siglo XIV, nació la universidad de la ciudad, e intervino en 1252 para oponerse a la opresión feudal del arzobispo en favor de su ciudad. De 1252 a 1257 fue provincial de la provincia teutona, consiguiendo armonizar las dos tendencias más opuestas en la naciente orden, a saber: ascetismo y estudios. En 1256, en la corte pontificia, ante Alejandro IV en Anagni, defendió con san Buenaventura la causa de las órdenes mendicantes contra los ataques de Guillermo de Sant´Amore, adalid de los seculares, que se veían amenazados por la competencia desleal de los mendicantes en las cátedras doctorales, porque éstos no habrían podido conciliar estudio y pobreza. En 1260, Alberto hubo de aceptar a los sesenta y siete años, por orden del papa, el obispado de Ratisbona, donde se reveló como obispo celoso y austero también por la penitencia. Pero dos años después dimitió y eceptó ir a predicar la cruzada a los países de lengua alemana; es decir, Alemania, Bohemia, Würzburg y Estrasburgo; la cruzada era considerada necesaria después de que los sarracenos se volvieran a apoderar de Jerusalén en 1244 y la expedición de Luis IX en 1245 resultara poco eficaz.
Tras la muerte del papa en 1264, volvió a Colonia, donde reinició la enseñanza y logró hacer retirar el entredicho conminado por el legado del papa Clemente IV sobre la ciudad. En 1274, después de enterarse de la muerte de Tomás de Aquino, participó en Lyon en la reunión de las Iglesias orientales, pronunciando un discurso. Y en 1277, cuando el obispo de París, S. Tempier, condenó ciento diecinueve tesis peripatéticas, entre ellas también muchas tomistas, fue a defender en la universidad francesa las tesis de su discípulo predilecto. En 1279 hizo testamento. En él dejaba todo para la beneficencia y sus libros para los dominicos de Colonia. Murió al año siguiente, y fue sepultado en su iglesia.

Mensaje y actualidad
a) La colecta ha sido modificada para trazar la fisonomía de este "patrono de los cultivadores de las ciencias", como lo declaró Pío XII en 1941. En efecto, se invoca al Señor: "Tú que has hecho insigne al obispo san Alberto Magno porque supo conciliar de modo admirable la ciencia divina con la sabiduría humana, concédenos a nosotros aceptar de tal forma su magisterio que, por medio del progreso de las ciencias, lleguemos a conocerte y a amarte mejor". Al enseñar la filosofía como ciencia independiente, pero ancilla de la teología, ante todo abrió el camino al método escolástico más auténtico; luego contribuyó con clarividencia a reconocer en las ciencias un medio eficaz para hacer vanas ciertas imaginaciones especulativas que se confundían a menudo con la teología, considerando las artes liberales indispensables también para el estudio de la Escritura. Precisamente por la convicción de que entre ciencia y fe hay distinción, pero no contradicción, Alberto no renunció a ninguna observación o experimentación; tanto que se le tomó por alquimista o por un mago que se dedicaba a las ciencias ocultas, lo que retrasó su canonización. También la decidida defensa de santo Tomás, hasta el punto de ir a París en edad avanzada para defenderlo, como asimismo su capacidad de asimilar la cultura latina, árabe y hebrea, prepararon el camino tanto a los místicos con su teología, donde la nota afectiva siempre es perceptible, como a los científicos modernos (su pseudofama de mago le haría precursor de la cibernética moderna). Justamente podemos acudir a su enseñanza de científico total de una sabiduría mística, por lo que pedía a Dios: "Querría ser un hombre grato a tu voluntad".
En la frase conclusiva del comentario a las palabras de la institución eucarística, presentada por el oficio de lectura, se lee: "Es lo más parecido a la vida eterna que se nos podía mandar. La vida eterna viene a ser una continuación de este sacramento, en cuanto que Dios penetra con su dulzura en los que gozan de la vida bienaventurada".
La grandeza de este doctor, que se ha merecido el título de "Magno", consiste en haber sido uno de los geniales constructores de la Europa de su tiempo, contribuyendo a salvar su unidad política cuando hizo aprobar por el papa, en Lyon, como rey alemán a Rodolfo de Hasburgo en 1273. Luego, a través de sus viajes a las distintas universidades, donde reunía a estudiantes de diversas naciones en torno a su cátedra, dio una impronta religiosa a la cultura, centrada entonces en la filosofía y en la teología, y también a la incipiente búsqueda del método de observación de los fenómenos naturales, especialmente la biología.
Además, introduciendo el método de combatir con las mismas armas los errores de sus adversarios, contribuyó a la fundación de aquel procedimiento "comprensivo" que nos lleva a estimar que toda ciencia humana experimental (o del espíritu), aun siendo objetiva, no puede prescindir de la comprensión de la mentalidad y de los argumentos de los temas estudiados. Por fin se deben recordar sus constantes acciones de mediación social, como árbitro de conflictos: en 1252, en 1256 y en 1264 en Würzburg, y también en Colonia por tercera vez en 1279-1274. Esta frase sigue siendo actual para nosotros: "Vete tú mismo a Dios; te será más útil que enviar a todos los santos que están en el cielo". Es decir, en la búsqueda del bien social y cultural, la importancia de la relación directa con Dios es insustituible.

 

 

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