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9 de Noviembre
DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN
(324/siglo XII)
1. Nota Histórico-litúrgica
La fiesta de la dedicación de la basílica, erigida por el emperador
Constantino en el antiguo palacio de los Laterani (en la falda del Celio),
en el lugar donde antes había un cuartel de los "equites singulares" (los
cuadros del ejército de Majencio), hacia el año 324, es la primera en
dignidad de las iglesias de Occidente, porque se trata de la catedral de
Roma (Urbis et Orbis). La fecha del 9 de noviembre fue elegida, en el siglo
XII, por los canónigos para celebrar el aniversario de la basílica. Ésta,
además del nombre de los santos Juan Bautista y Juan Evangelista, derivado
del baptisterio que se encuentra en las proximidades y que fue construido
por Constantino en una antigua sala de baños romana, llevaba también desde
el siglo VII el nombre del Santísimo Salvador. En efecto, en muchas iglesias
dedicadas al salvador se había elegido esta fecha en recuerdo de un milagro
sucedido en Beirut, antes del concilio Niceno del año 787, milagro en el que
habría brotado sangre de una imagen del salvador golpeada por un judío. La
basílica es denominada constantiniana porque Constantino habría regalado al
papa Melquíades (310-314) el palacio donde se hallaba la Domus Faustae; es
decir, la residencia de la mujer del emperador, donde el papa celebró un
concilio.
Mensaje y actualidad
a) Entre los textos tomados del común de la dedicación de una iglesia, dos
son propios. La primera lectura de la misa (Ez 47,1-12), seguida por el
salmo responsorial 45, evoca el baptisterio de Letrán contiguo a la basílica
con las palabras "Vidi aquam... Fluminis impetus", en la perspectiva del
agua que salía del santuario, capaz de vivificar el mar Muerto. El relieve
dado al tema sacramental del bautismo se aplica también a la Iglesia-pueblo
de Dios y a la Iglesia-templo, que el Apocalipsis describe en la perspectiva
de la Jerusalén mesiánica y eterna. La historia de la salvación es, pues,
típicamente sacramental y se opera en Cristo, que realiza en su persona la
verdad de cada símbolo, incluido el del templo, cuando es designado por Juan
(2,21) como nuevo templo. Del tema sacramental-bautismal y cristológico del
templo se pasa luego en la segunda lectura de 1Pe 2,4-9, a un desarrollo
eclesiológico, porque los fieles son, como las piedras vivientes, edificados
en casa espiritual sobre la piedra angular, que es Cristo ("Vosotros, por el
contrario, sois linaje escogido")
b) La basílica de Letrán fue sede oficial del obispo de Roma desde el siglo
IV al siglo XIV. Hoy sólo queda de la sede medieval el triclinium de León
III (+ 816); la escala santa, la antigua escalera del palacio papal, y el
sancta sanctorum. Representa, pues, el ideal institucional de una Iglesia
que, salida de la fase persecutoria, hizo su ingreso en la sociedad imperial
romana. De la iglesia-tienda, peregrina y precaria en las catacumbas, como
otrora en el desierto, donde se expresaba el tema del encuentro con Dios que
habita entre su pueblo itinerante, se pasa ahora a la iglesia-templo,
edificada sobre el templo vivo que es Cristo, y por tanto al templo de la
nueva alianza. Esta imagen estética de una Iglesia encerrada en sus símbolos
rituales no abarca, empero, toda la realidad de una Iglesia-madre que
engendra. Ahora la basílica de Letrán, "mater omnium ecclesiarum", donde por
siglos el papa ha celebrado liturgias bautismales y eucarísticas en la noche
de pascua, conserva aún en el contiguo palacio papal aquel sancta sanctorum
(con la capilla de san Lorenzo de Nicola III, 1277-1280) que contiene un
tesoro de reliquias antiguas. La leyenda dice que Tito trajo del templo de
Jerusalén algunos restos y los colocó en Letrán y que desaparecieron en el
saqueo de los vándalos de Genserico en el 455.
Por eso ha sido durante muchos siglos el emblema de la liturgia pontificial,
que tuvo aquí su primer desarrollo y ha informado el estilo celebrativo de
todas las Iglesias occidentales. Estamos, pues, aquí no sólo en el ombelicus
mundi, que sustituye al de Jerusalén, sino en la basílica que es modelo de
toda Iglesia que sienta madre, no sólo porque engendra a sus hijos en el
bautismo, sino más bien porque debe engendrar a otras Iglesias y comunidades
con dedicación misionera. En consecuencia, celebrar esta memoria significa
remontarse a las fuentes genéticas y evolutivas del ser cristianos, miembros
de una Iglesia local, engendrada en el bautismo, enriquecida en la
confirmación y alimentada en la eucaristía. Además se debe tomar conciencia
de que nuestra Iglesia local es a su vez linaje de la Iglesia-madre,
representada por la Iglesia romana, que ha tenido su sede histórica en la
basílica lateranense.
c) La actualización de esta fiesta es, pues, clara: nosotros, como miembros
vivos de la Iglesia local, hemos de sentirnos corresponsables, para que ella
sea, a su vez, como la Iglesia-madre, engendradora de otras Iglesias y
comunidades, saliendo de sus muros y de sus confines geográficos para
abrirse al mundo entero. El texto del oficio de lectura, tomado de un sermón
de san Cesáreo de Artés del siglo Vi, transfiere la atención del templo de
piedra a nuestras personas, como morada de Dios: "Hoy, hermanos muy amados,
celebramos con gozo y alegría... la dedicación de este templo; pero nosotros
debemos ser el templo vivo y verdadero de Dios (...) debemos disponer
nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia
cuando venimos a ella".
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