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2 de Noviembre
CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
(siglos VII/IX)
1. Nota Histórico-litúrgica
La conmemoración de los fieles difuntos ya aparece en el siglo IX, en
continuidad con el uso monástico desde el siglo VII de consagrar un día a la
oración por los difuntos. Amalario, en el siglo I, ponía ya la memoria como
lógicamente sucesiva a la de los santos que ya estaban en el cielo, aunque
ignoraba la fiesta del 1 de noviembre. Sólo con el abad san Odilón de Cluny
esta fecha del 2 de noviembre fue dedicada a la conmemoración de todos los
fieles difuntos; ya san Agustín alababa la costumbre de rezar por ellos
incluso fuera de sus aniversarios, precisamente para no olvidar a aquellos
que no gozan de sufragios. La difusión de esta memoria durante el siglo XIV
en Roma fue completada en el siglo XV por los dominicos en Valencia con el
uso de celebrar tres misas (como en navidad) para satisfacer todas las
demandas de sufragios. Este uso fue extendido después por Benedicto XV en
1915 a la Iglesia universal, en consideración a los muertos de la primera
guerra mundial, dotándolo de un prefacio propio tomado del misal parisiense
de 1738 y elevándolo a fiesta de primera clase, pero sin precedencia sobre
el domingo. Tal precedencia, en cambio, fue establecida en 1969 en clave de
plegaria que incluye la fe en la comunión de los santos, con textos
reformados en sentido explícitamente pascual; por eso es lógica la renuncia
a la secuencia del "Dies irae", no suficientemente en consonancia con esta
nueva perspectiva.
Mensaje y actualidad
De conformidad con las indicaciones de la constitución Sacrosanctum
concilium, sobre la sagrada liturgia ("la liturgia de los difuntos debe
expresar más claramente el carácter pascual de la muerte cristiana" n. 81),
los textos de la misa son renovados con la añadidura de otros cuatro
prefacios, cuyos títulos son: Cristo, muerto para vida nuestra; Cristo,
salvación y vida; de la vida terrena a la vida celestial; nuestra
resurrección por medio de la victoria de Cristo. Además se ha impuesto la
abolición de formularios en los que la angustia ante el terrible juicio de
Dios habías oscurecido la intensidad de la fe en la resurrección, de la que
no se hacía mención.
a) En la colecta del primer formulario se pone en relación la fe en el
Cristo resucitado, con la confirmación de la esperanza en espera de la
resurrección.
b) En la oración sobre las ofrendas se afirma el misterioso contacto con
nuestros muertos, elevados a la gloria de Cristo, porque nosotros estamos
unidos desde ahora a él en su gran sacramento eucarístico.
c) En la oración después de la comunión se evidencia el carácter pascual de
este sufragio, porque pedimos a "Dios todopoderoso que nuestros hermanos
difuntos, por cuya salvación hemos celebrado el misterio pascual, puedan
llegar a la mansión de la luz y de la paz".
La actualización de esta memoria nos la ofrece, en el oficio de lectura, san
Ambrosio en el libro sobre la muerte de su hermano Sátiro: "Debemos irnos
acostumbrando y disponiendo a morir, por este esfuerzo cotidiano que
consiste en ir separando el alma de las concupiscencias del cuerpo, que es
como irla sacando fuera del mismo para colocarla en un lugar elevado, donde
no pueden alcanzarla ni pegarse a ella los deseos terrenales, lo cual viene
a ser como una imagen de la muerte, que nos evitará el castigo de la
muerte". Es interesante, por fin, notar que el responsorio de esta lectura
patrística tiene como versículo el mismo texto de Mt 13,43 "Entonces los
justos brillarán como el s0l en el reino de su Padre", que se lee como
antífona del Benedictus en laudas en la fiesta de todos los santos. Es el
enlace entre los ciudadanos del cielo, que ya resplandecen de gloria, con
los difuntos, cuya entrada definitiva en el cielo aún desconocemos, y que
por ende recomendamos a Dios en el sufragio, según el uso bíblico
atestiguado por 2Mac 12,45.
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