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1 de Noviembre
TODOS LOS SANTOS
(siglos VII/VIII)
1. Nota Histórico-litúrgica
La solemnidad de todos los santos es de origen probablemente celta, poque es
citada por Arnone, arzobispo de Salzburgo, en el concilio de Riesbach (798),
de fecha 1 de noviembre. Arnone era discípulo de Alcuino y, hacia el año
800, recibió la felicitación de su maestro por haber fijado esta fecha en
las calendas de noviembre, "como nosotros habíamos dicho". En los
martirologios y sacramentarios galicanos e ingleses ya encontramos
testificada la fiesta a finales del siglo VIII; luego se difundió por
prescripción de Ludovico Pío en el reino de los francos en el siglo IX
(833). Tal vez la fecha del 1 de noviembre, que en los países celtas era una
gran solemnidad, puede haber influido en la elección de esta fiesta,
cristianizando ceremonias de gusto anglosajón.
En Roma la fiesta, en el siglo X, era celebrada con ayuno y vigilia, y luego
con octava en el siglo XV. Pero Roma tomó de Oriente una fecha que coincidía
con el viernes después de pascua: el 13 de mayo. En Siria se celebraba una
fiesta común para todos los mártires de la tierra, para la cual san Efrén
compuso un himno en Edesa; y en esta misma fecha, en el año 609, el papa
Bonifacio IV, que había obtenido la autorización del emperador Foca,
transformó el Panteón en una iglesia, dedicándola a santa María siempre
Virgen y a todos los mártires. La dedicación de la iglesia de Sancta Maria
ad martyres debía ser considerada como una fiesta del santo titular; los
textos de esta misa de dedicación, cuyos cantos y evangelio son la primera
añadidura al antifonario gregoriano, entraron en el común de la dedicación
de las iglesias. Según el papa Bonifacio IV, por tanto, esta dedicación era
una fiesta equivalente a la fiesta de todos los santos; tanto más cuanto que
debía ser celebrada en domingo; y la vinculación con el tiempo pascual
recordaba no sólo el uso siriaco, sino también el sentido pascual del
triunfo de los mártires. En efecto, en una homilía sobre los mártires, san
Juan Crisóstomo precisa que él habla en el primer domingo de pentecostés.
Ahora bien, en este domingo, el rito bizantino, hasta hoy, celebra la fiesta
de todos los santos, por una evolución normal de la fiesta de los mártires
de toda la tierra.
Mensaje y actualidad
En los textos de la misa, que expresan el sentido de esta solemnidad que
comprende no sólo a los santos canonizados, sino también a todos aquellos
que poseen la gloria del cielo, podemos destacar tres temas:
a) En la colecta se pide: "Dios todo poderoso y eterno, que nos has otorgado
celebrar en una misma fiesta los méritos de todos los santos, concédenos,
por esta multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia
y tu perdón". El primer tema es creer que existe una interseción
multiplicada de los santos, porque, como dice el nuevo prefacio, estos
miembros elegidos de la Iglesia, que forman la asamblea festiva de nuestros
hermanos, se han convertido en "amigos y modelos de vida" (LG 50), aún
permaneciendo en su estado, en el que glorifican eternamente el nombre de
Dios.
b) En la oración sobre las ofrendas y después de la comunión, se menciona la
peregrinación terrena que también se indica en la colecta y explicita en el
prefacio con varias referencias bíblicas. En efecto, nosotros tenemos la
dicha de contemplar la ciudad del cielo (Heb 12,22), la santa Jerusalén, que
es nuestra madre (Gál 4,26); ella es también nuestra patria, porque,
peregrinos en la tierra (2Cor 5,6), nos dirigimos a ella con la esperanza.
c) Por fin, en la oración después de la comunión se evidencia también el
parangón dinámico entre los dos temas del banquete: la mesa de los
peregrinos y el convite de la patria celestial, con la certeza de que es
posible el paso del uno al otro, precisamente mientras nosotros celebramos
la perfección de la santidad en la plenitud del amor divino.
La riqueza de las lecturas bíblicas, tanto de la misa como de la liturgia de
las horas, completa esta temática, que también se aprecia en las dieciocho
antífonas tomadas del antifonal medieval para la fiesta de todos los santos,
así como en los tres himnos. Las diferentes categorías de los santos están
numeradas en la antífona del Magníficat: "El glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires".
En el himno de las primeras vísperas, en cambio, el orden de los coros de
los santos comienza con los profetas, sigue con los apóstoles del Señor y
continúa con los ínclitos mártires de Dios, con los luminosos confesores,
con los coros de las santas vírgenes y de todos los monjes, para acabar con
la mención de todos los santos. Es asimismo digno de notarse que en los tres
himnos, junto con los santos, son celebrados también los ángeles; en cuanto
a los santos, se mencionan sólo tres figuras por su nombre: la virgen María,
el precursor Bautista y el celeste clavígero Pedro.
La actualización de la fiesta nos la proporciona el sermón de san Bernardo,
que sustituye el anterior de san Beda, presentado por el oficio de lectura:
"... la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo. Por
lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un
fuerte deseo. El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo
de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable; de llegar a ser
conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados... y,
finalmente, de asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los
santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos
indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos
caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención"
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