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28 de Octubre
SAN SIMÓN Y SAN JUDAS, apóstoles

(siglos VI/VIII)



1. Nota Histórico-litúrgica
La fiesta de estos dos apóstoles es celebrada, según la indicación del Breviarium apostolorum, en la fecha del 28 de octubre. Ya aparece en los sacramentarios francos del siglo VIII y en Roma en el siglo X. En cambio, en las Iglesias orientales son festejados por separado: Simón el 10 de mayo, y Judas el 19 de junio.
Las noticias bíblicas nos presentan a Simón, apodado el Zelotes (He 1,13, en hebreo Cananeo, Mt 10,4: cf Elías en 1 Re 19,10), que en las listas de Mc (3,18) y de Mt (10,4) está situado en el undécimo puesto, mientras que en Lc (6,15) ocupa el décimo. Por san Fortunato, obispo de Poitiers en el siglo VI, sabemos que los dos apóstoles fueron enterrados en Persia. Una iglesia antigua dedicada a Simón existía, entre el siglo VI y el siglo VIII, en Nicopsis, en la costa del mar Negro. Algunos confunden el apóstol Simón con el homónimo primo del Señor (Simeón), hermano de Santiago el Menor, a quien sucedió como obispo de Jerusalén desde el año 62 a 106, fecha de su martirio en tiempo de Trajano.
Judas, hermano (o hijo) de Santiago, Mc 3,18 (o también Tadeo, Mt 10,3) está en el último lugar en He 1,13; apodado Tadeo, por confusión con Simón, fue llamado también él Zelotes. Ha de excluirse que sea hermano (primo) de Jesús (cf Mc 6,13) y hermano de Santiago el Menor (obispo de Jerusalén); pero sin duda es el autor de la cata canónica dirigida a los convertidos, que combatió contra las sectas doctrinales y las costumbres corrompidas. Tal carta, que para Orígenes estaba "llena de fuerza y de la gracia del cielo", es utilizada por la segunda carta de Pedro. Sus reliquias son veneradas en Francia (Reims y Tolosa). Santa Brígida cuenta, en sus Revelaciones, que el Señor la exhortó a invocar a este apóstol con confianza.
Se ignora el campo de apostolado de los dos apóstoles, que los apócrifos han confundido a menudo con el de otros personajes: Judas habría sido crucificado en Persia, tras haber evangelizado Egipto y Mauritania; Simón habría predicado en las Indias, en Samaría, en Siria y Mesopotamia, muriendo asimismo en Persia.

Mensaje y actualidad
Las oraciones de la misa son bastante genéricas, porque ignoramos muchas noticias biográficas y el campo de misión de ambos apóstoles; no obstante, emergen dos temas.
a) Ante todo, en la colecta se invoca: "Señor, Dios nuestro, que nos llevaste al conocimiento de tu nombre por la predicación de los apóstoles, te rogamos que... tu Iglesia siga siempre creciendo con la conversión incesante de los pueblos". La misión única y gratuita de los apóstoles recibida de Cristo, que a su vez declara ser enviado por el Padre (Mt 10,40), nos viene ilustrada, en el oficio de lectura, por san Cirilo de Alejandría, que comenta el texto de Jn 20,1: "De este modo, resume en pocas palabras la regla de conducta de los apóstoles, ya que, al afirmar que los envía como el padre lo ha enviado a él, les da a entender que su misión consiste en invitar a los pecadores a que se arrepientan y curar a los enfermos de cuerpo y alma, y que en el ejercicio de su ministerio no han de buscar su voluntad, sino la de aquel que los ha enviado, y que han de salvar al mundo con la doctrina que de él han recibido".
El segundo tema se halla explicitado en la antífona de comunión. Es la respuesta de Jesús a Judas Tadeo, que en la última cena le preguntó a Jesús "porqué se había manifestado sólo a los discípulos y no al mundo". En tal respuesta se afirma una de las verdades más consoladoras, que prometen a quien ama y observa la palabra de Jesús la venida e inhabitación trinitaria en él (Jn 14,23). Se puede decir que es feliz este apóstol por ser el primero que conoció la condición para acoger a Dios más completa e interiormente que Zaqueo (Lc 19).
b) En las otras dos oraciones, los frutos solicitados en la eucaristía son: la digna celebración de los misterios litúrgicos y la perseverancia en el amor. En el nuevo himno de laudes, donde se registra la identificación infundada con Judas, hermano del Señor según la carne, se celebra a estos dos apóstoles, que "una gracia idéntica ha llamado y una misma gloria ha coronado".
La actualidad para nosotros de esta fiesta de los dos apóstoles, que ocupan el último lugar en la lista de los escritos neotestamentarios, nos invita a pensar en los obreros de la viña que son contratados en último lugar hacia el atardecer (cf Lc 14,10) y que reciben su salario como los primeros. Aunque fueran los menos importantes del colegio apostólico, no obstante la misión de estos dos apóstoles, desconocida para nosotros en parte (salvando la carta de Judas), nos recuerda la dignidad de nuestra misión en el mundo sin límites de espacio (He 1,18). Ésta no depende ni del prestigio humano o de la publicidad, ni menos aún del éxito, sino sólo de permanecer edificados sobre el fundamento del testimonio apostólico y de la hospitalidad divina en nosotros como fruto de la observancia de la palabra de Cristo transmitida por los apóstoles. También nuestra fe apostólica debe ser un testimonio de la conversión (He 1,22).
 

 

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