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19 de Octubre
SAN PABLO DE LA CRUZ, presbítero
Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de san Pablo de la Cruz, muerto en Roma el 18 de
octubre de 1775, canonizado en 1867 e inscrito en el calendario romano en la
fecha arbitraria del 28 de abril, es celebrada ahora el día sucesivo a su
nacimiento (impedido por la fiesta de san Lucas).
Pablo Francisco Danei, nacida en Ovada (entre Génova y Alessandria) en 1694
de una familia de mercaderes, se enroló como soldado a los diecinueve años
en el 1715; pero al año siguiente abandonó el ejército veneciano que luchaba
contra los turcos. En 1718 vivió una experiencia de vida penitente, en la
que fue seguido por el obispo de Alessandria Francisco Gattinara, proyectó
fundar una orden religiosa que debía llevar una túnica negra con un signo
especial: un corazón rematado por una cruz, en el cual estaban escritas las
palabras "Jesu-Christi Passio" (Pasión de Jesucristo). A los veintiséis
años, pues, con este hábito bendecido por el obispo, se retiró para hacer
una penitencia de cuarenta días, durante la cual redactó la Regla de su
nuevo instituto, que conciliaba la vida eremítica con la predicación
apostólica. Luego, con su hermano Juan Bautista y otros dos compañeros, se
retiró al monte Argentario (que domina con sus seiscientos treinta y cinco
metros el archipiélago toscano y las costas de las marismas romanas), para
dedicarse a la vida de oración y penitencia. Pero muchas ciudades se
disputaron el éxito de sus predicaciones: Gaeta y Roma durante el jubileo
(1725). Ambos hermanos fueron ordenados sacerdotes en 1727, en San Pedro,
por Benedicto XIII.
El papa Clemente XII les concedió poder predicar las misiones en 1731; pero
Pablo no abusó nunca de este derecho, pidiendo la autorización del obispo de
la diócesis. Durante la guerra entre Austria y Francia (aliada con España)
en 1733, por el ascendiente que tenía pudo permanecer en el monte
Argentario, que era territorio austriaco, así como en Porto Empedocle, donde
podía pasar de un campo al otro para predicar a los mismos soldados de ambos
frentes. Logró incluso persuadir a los españoles que no bombardearan la
ciudad de Orbetello, que se rindió en sus manos. En 1735 Pablo se fue a
Nápoles, donde el rey Carlos III le permitió construir una casa que fue
llamada "Retiro", para su nuevo instituto. En 1738, los dos hermanos
recibieron el título de "misioneros apostólicos", con el privilegio de dar
la bendición papal al terminar la predicación.
Para la Regla, demasiado rígida, hubo que esperar hasta 1741, cuando
Benedicto XIV la aprobó con algunas enmiendas; en el retiro del monte
Argentario, Pablo, con un rito sugestivo (ante el santísimo sacramento,
llevando una cruz a hombros y una corona de espinas en la cabeza, a las
palabras de la pasión según Juan: "tradidit spiritum"), hizo la profesión
religiosa solemne, con la añadidura de un cuarto voto de propagar la
devoción a la pasión a los tres comunes. También después de recomenzar la
guerra en 1741, Pablo (que se llamaba "de la Cruz") siguió predicando a los
soldados; y, pese a las defecciones de sus hermanos por la dureza de la
Regla, mientras se difundían las fundaciones, en el capítulo general de 1747
fue elegido prepósito general. Cuando el cardenal Rezzonico, su antiguo
protector, se convirtió en Clemente XIII, Pablo pidió que su congregación
pudiera ser una orden con votos solemnes, pero Roma se opuso a ello. También
en los últimos años de su vida, aunque estaba enfermo, pudo predicar y
visitar sus fundaciones y dirigir la fundación del primer monasterio de la
rama femenina de pasionistas, en Corneto. Luego, en 1773, el papa Clemente
XIV (que había suprimido la Compañía de Jesús) concedió a Pablo la iglesia
de los Santos Juan y Pablo con el convento anejo que habían abandonado los
lazaristas. Aquí este místico penitente y apóstol - que tenía por confidente
de sus éxtasis y de sus carismas extraordinarios de oración a una joven
mística, Rosa Calabresi - expiró dulcemente. Fue enterrado en la basílica de
los Santos Mártires. Dejó, además de su Regla, un diario espiritual y más de
dos mil cartas.
Mensaje y actualidad
Las oraciones de la misa subrayan el carisma de este místico que, en un
siglo dominado por el escepticismo, tuvo el valor de volver a poner en
primer plano, con la institución de su austera congregación, el misterio de
la cruz.
a) En efecto, en la colecta se invoca: "Concédenos, Señor, que san Pablo de
la Cruz, cuyo único amor fue Cristo crucificado, nos alcance tu gracia para
que, estimulados por su ejemplo, nos abracemos con fortaleza a la cruz de
cada día". Como Pablo con su delicada salud supo afrontar penitencias
austeras y sufrió pruebas espirituales sin doblegarse jamás, también
nosotros somos invitados a comprender la sabiduría de la cruz que él, en la
carta dirigida a sus hijos y que tenemos en el oficio de lectura, así
concreta: "Cuando la cruz de nuestro dulce Jesús haya echado profundas
raíces en vuestro corazón, entonces cantaréis: "Sufrir y no morir", o bien:
"O sufrir o morir", o mejor aún: "Ni sufrir ni morir, sino sólo una perfecta
conversión a la voluntad de Dios". Este hombre, de temperamento sanguíneo y
muy sensible al dolor físico, "hecho a la antigua" según Clemente XII, se
hizo en la penitencia "más digno de admiración que de imitación", según san
Vicente Strambi. Ha quedado sin embargo como un modelo de la inconfundible
espiritualidad de la cruz, con los brazos abiertos al apostolado misionero,
ejercido por él durante casi cincuenta años.
b) En la oración sobre las ofrendas se pide a "Dios todopoderoso que mire
complacido la ofrenda que le presentamos en la fiesta de san Pablo de la
Cruz, y conceda a cuantos celebramos este memorial de la pasión de su Hijo
hacerlo realidad en nuestra vida". Aquí se puede resumir el método de las
misiones pasionistas inaugurado por el apóstol, que llevan la huella del
estilo barroco de su siglo, el XVIII. La temática sobre los novísimos era
reforzada por las formas exteriores que servían para impresionar la
imaginación, especialmente en la presentación de la pasión de Cristo: Pablo
se disciplinaba en el púlpito; hacía sonar el repique fúnebre por la noche
para recordar que todos tienen que morir; reunía sólo a los hombres en la
Iglesia, mientras la mujeres debían recitar en casa cinco padrenuestros y
avemarías; luego recomendaba la reconciliación con los enemigos y se
dedicaba a las confesiones, coronadas siempre por conversiones. Tal método
de santificación de la vida, a través de estas formas espectaculares, no
sacrificaba, empero, la sustancia de la misión, fundada sobre todo en el
testimonio de la vida penitente del primer pasionista.
c) En la oración después de la comunión se pide: "Oh Dios, que ilustraste de
modo admirable el misterio de la cruz en la vida de tu presbítero san Pablo,
concédenos que, fortalecidos por este sacrificio, permanezcamos siempre
fieles a Cristo y nos entreguemos a trabajar en la Iglesia por la salvación
de todos los hombres". El primer motivo cristológico es ilustrado en la
citada carta del oficio de la lectura de la siguiente manera: "Convertidos
así en verdaderos amadores del crucificado, celebraréis siempre la fiesta de
la cruz en vuestro templo interior, aguantando en silencio y sin confiar en
criatura alguna". El segundo motivo indicado es el eclesial, de impronta
católica y ecuménica. Es significativo, en efecto, recordar que Pablo, aun
ignorando el francés, el español y el alemán, aprovechara el paso de los
soldados de todas las nacionalidades para recordarles las verdades
cristianas, logrando convertir incluso a protestantes y reconducir a muchos
a las prácticas religiosas. Es asimismo sintomático que fuera precisamente
un pasionista - Domingo (como lo llamaba el cardenal Newman en sus cartas) -
el que acogió en 1845 en Littlemore a los primeros convertidos de Oxford,
iniciando aquel gran movimiento espiritual que hoy a desembocado en el
ecumenismo.
La actualidad de este mensaje ha sido confirmada recientemente por el
congreso de los pasionistas para celebrar en 1975 el segundo centenario de
la muerte de su fundador, congreso que tuvo por tema "La sabiduría de la
cruz hoy". En el escándalo de la cruz, que el mundo moderno siente cada vez
más provocador, es donde nosotros debemos encontrar la verdadera sabiduría
predicada por este apóstol. Él no cedió a compromisos, porque hizo de su
austero eremitorio un medio para ser eficaz e irresistible en sus
predicaciones.
Prefacio
Tú, oh Dios, para despertar en tu pueblo
el recuerdo de la pasión de Cristo,
elegiste de manera admirable
a tu fiel servidor, san Pablo de la Cruz,
para que, forjado en la meditación de la infinita caridad
de tu Hijo hacia los hombres,
se distinguiera por su extraordinario amor
a la penitencia, a la pobreza y a la soledad.
Tú le hiciste además maestro de las almas
y apóstol del evangelio,
para que, pregonando los frutos copiosos de la redención,
atrajera a ti, con la palabra y el ejemplo,
a innumerables pecadores
y evocara ante el pueblo cristiano
el recuerdo asiduo de la pasión de Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor.
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