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18 de Octubre
SAN LUCAS, evangelista (siglo IX)


1. Nota Histórico-litúrgica
La fiesta del evangelista Lucas está fijada, como en los calendarios bizantino y siriaco, que coinciden con el martirologio jeronimiano, el 18 de octubre: "en Oriente, el nacimiento de san Lucas evangelista", y fue introducida en Occidente en el siglo IX en Roma, hacia el año 886.
Según la antigua tradición, Lucas es originario de Siria porque conoce esta Iglesia de Antioquía mejor que la palestinense y, además, era médico (el "querido médico", Col 4,14; Flm 24; 2Tim 4,11). Fue compañero de Pablo desde el segundo viaje hacia el año 49, cuando se lo llevó consigo en misión de Tróade a Filipos y de Filipos a Jerusalén; en efecto, algunos fragmentos de los Hechos están en primera persona (He 16,10-17; 20,15-21; 27,1-28,16); y luego estuvo junto a Pablo en Roma en sus últimos días (2Tim4,11). Tras la ejecución de Pablo, dejó la ciudad eterna, perdiéndose sus huellas. Habría sido misionero en Acaya, según Gaudencio de Brescia, en Patrás con Andrés, y también en Boecia, donde llegó a obispo de Tebe, según el sinaxario de Constantinopla y también de san Jerónimo; no en Bitinia, por tanto, como creyeron Veda y Adón. Tampoco habría muerto mártir, sino de muerte natural a los ochenta años más o menos.
La noticia de un traslado de sus reliquias de Constantinopla -adonde llegaron en el 357- a la abadía de Santa Justina de Padua ha de considerarse sin fundamento documental. No es sólo patrono de los médicos junto con san Cosme y san Damián, sino también de los pintores; porque, independientemente de la leyenda según la cual habría pintado la imagen (icono) de María, es verdad que es el evangelista que mejor ha trazado su fisonomía.

Mensaje y actualidad
a) La nueva colecta, que evita toda referencia a un martirio relatado sólo por los apócrifos mientras se recuerda en el nuevo himno de laudes de Lentini, primera estrofa: "Cantemos con aplausos el triunfo, con el cual brilla Lucas por el derramamiento de la sangre gloriosa", invoca a "Dios que eligió a san Lucas para que nos revelara con su predicación y sus escritos tu amor a los pobres". Lucas, en efecto, es el revelador del rostro misericordioso de Dios, porque contra una tendencia reductiva del cristianismo a una asociación elitista y cerrada, subraya que Jesús es el amigo de los publicanos y de las prostitutas, que son los primeros pobres; y también de los pobres que no tienen riqueza, presentándonos un modelo de la primera comunidad cristiana de Jerusalén, donde el valor de los bienes está en función de la koinonía o comunión (He 2,42-44).
En la intercesión de la colecta se cita el texto de He 2,32 y Lc 3,6, suplicando que los cristianos vivan "con un mismo corazón y un mismo espíritu" y atraigan "a todos los hombres a la salvación". En estas evocaciones la naturaleza de la Iglesia es presentada como el cumplimiento del designio de Dios, no en clave de un ideal de filantropía utópica o privilegiada, sino de gozosa participación, que nace del perdón y de la conversión. Pasando del tema de los pobres al de la Iglesia como comunión, termina con una perspectiva universalista del evangelio. En efecto, él tiene el mérito de haber desvinculado definitivamente la comunidad cristiana de las ilusiones de una parusía inminente, relanzando el fervor misionero (Lc 3,6; 7,1-9; 13,28-30) hasta los extremos confines de la tierra (He 1,8).
b) En la oración sobre las ofrendas se alude a otros aspectos; se pide al Señor que nos conceda "servirle con libertad de espíritu, para que la ofrenda que le presentamos en la fiesta de san Lucas remedie nuestros males y nos alcance la gloria eterna". Lucas, como médico, nos ha traído la alegre nueva hecha a todas las categorías de personas, y entre ellas también a los enfermos del cuerpo y del espíritu (Lc 10,9 en el evangelio de la fiesta); acentúa asimismo las referencias al Espíritu Santo, dador de la vida nueva (He 13,48-52). También la mención privilegiada de María, la primera entre los pobres, que, dócil al Espíritu, conserva la palabra en su corazón (Lc 2,19), es característica de este perfecto humanismo fundado sobre el don de la vida nueva. Entre las distintas antífonas del oficio que ponen de manifiesto el carisma del evangelista, la del Magníficat, en vísperas, cita una frase de Dante: "Dichoso evangelista san Lucas, que resplandece en toda la Iglesia por haber destacado en sus escritos la misericordia de Cristo".
c) La oración después de la comunión resume casi el fruto de todo el mensaje lucano cuando invoca: "Concédenos, Dios todopoderoso, que esta eucaristía de la que hemos participado en tu altar nos santifique y nos haga fuertes en la fe del evangelio que san Lucas predicó". El evangelio de Lucas nos presenta el carácter definitivo de la obra de Jesús, no sólo cronológica, sino sobre todo en el cumplimiento del designio de Dios, que abre una nueva fase de la historia: aceptar en todo momento el designio de Dios, porque la demora de la parusía transfiere la tensión propia de la vida cristiana al terreno de la acción concreta. Por eso se invoca el espíritu de santidad que se obtiene en la eucaristía (He 24,35). El evangelista que nos ha entregado el evangelio de Cristo, anunciando al "sol que nace de lo alto" , es cantado por las estrofas de los himnos también como "compañero de Pablo y escrutador y émulo de su corazón" y como "médico que ejerce su arte de curar nuestras enfermedades".
Por eso la actualidad de este mensaje evangélico, que en la vida de Jesús y también de la Iglesia prestó particular atención a la plegaria, puede descubrir en la homilía de san Gregorio Magno, del oficio de lectura, en la frase resumen: "... el que no tiene caridad para con los demás no puede aceptar, en modo alguno, el ministerio de la predicación". El evangelio no es propaganda ni publicidad. Y el evangelista que ha cantado la bondad de Dios y la juventud de la Iglesia misionera nos recuerda que, así como para Cristo sus mismas acciones son enseñanzas, porque mientras realiza algo sin hablar da a conocer qué hemos de hacer (lo que Jesús hizo y enseñó, He 1,1), así debe ser para nosotros el testimonio en obras y palabras.
 
 

 

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