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16 de Octubre
SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE, virgen
(1647-1690)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de santa Margarita Alacoque, muerta en el convento de
Paray-le-Monial (Autún) el 17 de octubre de 1690 y canonizada sólo en 1920,
ha sido anticipada por coincidir con la memoria sucesiva de san Ignacio de
Antioquía.
Margarita nació en Vésrosvres (Borgoña) en 1647 de una familia de la
burguesía media (su padre era notario). Tras una infancia bastante difícil,
después de la muerte de su padre, en la que fue tratada duramente por los
familiares de su tío, sintió la llamada divina a la vida religiosa, de la
que se consideraba indigna. Después de un breve y atormentado período de
devaneos mundanos, pudo obtener por fin el permiso de entrar a los
veinticuatro años en el monasterio de la Visitación de Santa María de Paray-le-Monial,
que prefirió al de las Ursellinas de Mâson o al de las Clarisas mitigadas
(urbanistas), en los cuales había recibido la primera comunión a los nueve
años. Por su alergia al queso ("tirofobia"), hubo de soportar atroces
sufrimientos, superados de modo heroico; y aún sintiéndose inadecuada para
la vida de la Visitación por sus fuertes repugnancias, fue animada por el
Señor a hacer la profesión religiosa en 1672.
En 1673, en la fiesta de san Juan Evangelista, el Señor le hizo gustar la
dicha de descansar sobre su corazón, y le pidió que reparase todos los
primeros viernes de mes, con la comunión, las ofensas recibidas de los
hombres. Tal revelación se hizo claramente más drástica en junio de 1675,
cuando el sagrado corazón le pidió, en el primer viernes tras la octava del
Corpus Domini, que se le dedicara una fiesta particular para honrarlo con la
comunión y la reparación. Incomprendida por la superiora y por doctores poco
espirituales, que la trataron de visionaria, finalmente Margarita encontró
en 1675 en el padre Claudio, de la Colombière, superior de los jesuitas de
Paray (luego beato), un director espiritual que la apoyó en esta empresa de
hacer públicas las demandas del sagrado corazón.
Hubo de sufrir aún cuando fue enviada por el Señor a hacer de profeta contra
la misma comunidad de la Visitación; pero al fin en 1684 una superiora,
amiga suya, la eligió asistente y maestra de las novicias. Así en 1686 fue
celebrada en el monasterio por vez primera la fiesta del sagrado corazón. La
invitación (inspirada) a pintar la imagen del sagrado corazón en los
estandartes del ejército de Luis XIV no fue trasmitida nunca al rey Sol,
pero el sagrado emblema fue adoptado luego contra la Francia irreligiosa por
los vandeanos y después por los españoles y tiroleses, hasta que en 1873
algunos diputados franceses católicos hicieron votar la consagración de
Francia al sagrado corazón, simbolizada en el monumento de la basílica de
Montmartre. Margarita murió a los cuarenta y cuatro años en su monasterio.
Su culto, después de la canonización, fue extendido a la Iglesia universal
en 1929, cuando Pío XI elevó la fiesta del sagrado corazón, ya extendida por
Pío IX a toda la Iglesia en 1856, a rito doble de primera clase con octava,
introduciendo nuevos textos litúrgicos obligatorios para toda la Iglesia.
2. Mensaje y actualidad
La nueva colecta, omitiendo todas las referencias a las revelaciones del
sagrado corazón, por un criterio general de la reforma, válido también para
los demás casos, como Lourdes, pide que el Señor infunda "en nuestros
corazones el mismo espíritu con que enriqueció a santa Margarita María de
Alacoque, para que lleguemos a un conocimiento profundo del misterio
incomparable del amor de Cristo y alcancemos nuestra plenitud según la
plenitud total de Dios". El texto atribuye a una efusión del Espíritu Santo
la capacidad de "conocer el amor de Cristo, que sobrepasa todo
conocimiento", según la expresión paulina (Ef 3,19). El Espíritu la había
preparado con los sufrimientos de la infancia para su futura misión, cuando
en 1667 sintió la primera llamada al convento y en 1669 recibió el
sacramento de la confirmación, añadiendo a su nombre el de María. Luego la
sostuvo en las dolorosas pruebas sufridas en la comunidad del monasterio,
hasta que, en 1864, se leyó en el refectorio el libro del padre De la
Colombière (muerto en 1682) Retiro Espiritual, en el que se hacían públicas
las revelaciones privadas de Margarita.
En 1689 Margarita tuvo la dicha de ver brotar esta devoción, también gracias
los escritos de otro jesuita, J. Croiset, sobre la veneración del corazón de
Jesús, que sirvió para acabar con la frialdad paralizante de los corazones
que el jansenismo y la ilustración de su tiempo inculcaban, alejando de la
comunión eucarística y presentando un rostro casi cruel de un Dios vengador.
Tal amor divino se reveló a Margarita precisamente en la octava del Corpus
Domini de 1675, cuando le dijo al Señor: "Vos me habéis concedido tantas
gracias y yo también querría daros amor por amor...". Y la respuesta de
Cristo, que le mostró el pecho abierto, fu ésta: "He aquí este corazón que
tanto ha amado a los hombres y sólo recibe ingratitud de la mayor parte de
ellos...; y lo más doloroso es que son corazones que se han consagrado a mí
los que me tratan así. Por te pido..."
En el oficio de lectura, una grase, sacada de las cartas de la santa, nos
presenta esta devoción (que tiene fundamentos bíblicos, como luego a tres
siglos de distancia reiteró la encíclica Hauretis aquas, de Pío XII,
confirmada por los papas sucesivos, hasta Juan Pablo II), ilustrando que el
objeto de tal culto es el centro íntimo y primordial de la personalidad
psicosomática de Cristo. "El sagrado corazón es una fuente inagotable, que
no desea otra cosa que derramarse en el corazón de los humildes, para que
estén libres y dispuestos a gastar la propia vida según su beneplácito".
Después del concilio Vaticano II, la liturgia renovada de la solemnidad del
sagrado corazón ha subrayado en el prefacio la inspiración bíblica de este
culto, basado en Jn 19,31-37. La actualidad de tal devoción cristológica
hoy, cuando ya no domina el rigor jansenista, que desconocía el amor de
Cristo, puede buscarse en las palabras de santa Margarita, en la citada
carta del oficio: "Este corazón divino es un abismo de humildad contra
nuestra ineptitud, un abismo de misericordia para los desdichados y un
abismo de amor, en el que debe ser sumergida toda nuestra indigencia".
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