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2 de Octubre
SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS
(siglos XV/XVII)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de los santos ángeles custodios se remonta a 1411,
cuando se instituyó en Valencia una fiesta especial para el ángel protector
de la ciudad. Y de la península Ibérica, después de que Sixto V concediera
en 1590 un oficio especial a Portugal, tal memoria pasó al calendario romano
en 1608, cuando Pablo VI la introdujo el primer día libre tras la fiesta de
san Miguel, como se celebra hoy. La devolución a los ángeles, ya expresada
en la fiesta de los arcángeles, se desarrolló en el medioevo con plegarias
dirigidas a ellos. En el arte se ha traspuesto la imagen del joven Tobías
guiado por el arcángel Rafael.
Mensaje y actualidad
En las oraciones de la misa se indican tres temas.
a) En la colecta se pide: "Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has
dignado enviar para nuestra custodia a tus santos ángeles, concédenos,
atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y
gozar eternamente de su compañía". El fundamento bíblico de esta protección
concreta e individualizada se encuentra en los dos textos que se leen en la
misa, uno para Israel (Ex 23,20-23), a quien se le dirige la promesa: "Mi
ángel irá por delante"; el otro para los pequeños, de quienes dice Jesús
"que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre
celestial" (Mt 18,10)
b) En la oración sobre las ofrendas se repite nuevamente la mención de la
protección de los ángeles. Se la pedimos a Dios para que "nos libre de los
peligros presentes y nos lleve a la vida eterna". El comentario a esta
misión evangélica es ofrecido por el sermón de san Bernardo, en el oficio de
lectura: "A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos".
"Porque ellos están presentes junto a ti, y lo están para tu bien. Y, aunque
lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de
estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden y nos
ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes".
c) En la oración después de la comunión se pone en relación la asistencia de
los ángeles, que pedimos al Señor, con la salvación y la paz. La primera
antífona de las laudes, en el oficio, alude al ángel: "El señor enviará su
ángel contigo y dirigirá tu camino". La segunda antífona también alaba a
Dios, "que envió un ángel a salvar a sus siervos que confiaron en él". Lo
mismo se encuentra en el responsorio de la carta patrística, que retoma la
cita del salmo 90. En la quinta estrofa del himno de laudes, la misión de
guía pacífico y salvífico está expresada con estas palabras: "Aleje el temor
de los enemigos de nuestros confines, concilie la paz de los ciudadanos y
nos preserve de la peste". En el himno del oficio de lectura, el tema de los
ángeles custodios está encuadrado en el drama trágico de los orígenes,
cuando se consumó el primer pecado de rebelión contra Dios: la segunda
estrofa canta que "Dios, condenado a la ruina eterna a los espíritus
soberbios y a sus cómplices (de Satanás), confirmó los verdaderos espíritus
devotos". La antífona del Benedictus, en las laudes, recuerda el texto de
Heb 1,14, en el que los ángeles son definidos como "espíritus en servicio
activo, que se envían en ayuda de los que han de heredar la salvación". Los
ejemplos aparecen en las lecturas breves: para Israel (Ex 23,20-21): texto
que ya aparece en la misa; para los apóstoles, liberados de las cárceles de
Jerusalén (He 5,17-20); para Pedro, liberado de la cárcel (He 12,7); para
Cornelio, que recibe el anuncio del ángel de la misión a Pedro (He 10,3-5);
para el ángel del altar celestial, que lleva las oraciones de los santos
como perfumes de incienso ante el trono de Dios (Ap 8,3-4).
Conviene aprovechar como tema de actualización el mensaje principal que
caracteriza esta providencia angélica ofrecida a los hombres redimidos: los
ángeles son los cantores de la alabanza eterna de Dios y nosotros somos
invitados siempre a cantar nuestras alabanzas a Dios delante de los ángeles.
Así canta la antífona de la comunión. En efecto, "sus ángeles están viendo
siempre el rostro de mi Padre celestial". La plegaria expresada por la
quinta estrofa del himno en el oficio de lectura puede ser la nuestra de
todos los días porque recuerda el último objetivo de la vida, de visión
beatífica: "Oh Dios, haz que por la gloria de los ángeles caminemos con paso
seguro y por su custodia podamos contemplarte cara a cara". Si los ángeles
rodean de modo particular al Verbo encarnado (Jn 1,51), nosotros podemos
celebrar las grandes fiestas litúrgicas con ellos: están junto a la cuna y
la tumba de Jesús, por eso en la contemplación del rostro de Dios y en la
celebración de los misterior litúrgicos ven los decretos de Dios sobre
nosotros y nos guardan.
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