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1 de Octubre
SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS, virgen

(1873-1897)



1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, muerta en Lisieux (Normandía) el 30 de septiembre de 1897 y canonizada en 1925, ha sido trasladada al día siguiente, por la coincidencia con la memoria de san Jerónimo.
Nacida en Alencon (Normandía) en 1873, la última de una familia de nueve hijos, de los que sólo cuatro (mujeres) sobrevivieron, fruto del amor de dos padres muy piadosos, Luis Martín y Celia-María Guérin, que ha cambio de una vocación religiosa no realizada habían pedido a Dios muchos hijos, María Francisca Teresa fue educada en la abadía de las benedictinas de Lisieux en 1881. Después de superar una grave enfermedad en 1883 y por intervención de la Virgen, liberada de la terrible tortura de los escrúpulos en 1886, tras la "conversión" en 1886, trató de entrar en el Carmelo hacia el año 1887 recurriendo para ello al mismo León XIII. Al fin pudo entrar en él a los quince años (1888).
Aquí vivió nueve años su vida monástica, con el nombre de Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, por referencia a la delicada salud de su padre, que hubo de ser trasladado a una casa de salud en Caen de 1889 a 1892. Fue nombrada maestra de las novicias en 1893, y compuso un drama sobre Juana de Arco. En 1896 sufrió el primer ataque de la enfermedad que acabaría con ella un año más tarde. Mientras tanto, su hermana Celina había entrado en el Carmelo y se encontraba con Teresa como monitora. Al año siguiente, la madre Inés de Jesús (su hermana Paulina, que era priora) le daba la orden de escribir sus recuerdos de infancia en los diez capítulos que configuran la Historia de un alma (1896-1897). En ésta expone su doctrina de la "infancia espiritual" (Mt 18,3), aunque nunca lo cita), que la hizo famosa. Antes de morir, una cohermana, pensando en redactar una circular con las noticias de la desaparecida, se preguntaba qué podría decirse de aquella religiosa "apacible y sonriente, que moría los veinticuatro años en su Carmelo, tras haber sido solamente maestra de las novicias". En 1944 fue proclamada patrona secundaria de Francia con santa Juana de Arco.

Mensaje y actualidad
Los textos litúrgicos evocan la espiritualidad de Teresa, empezando por la antífona de entrada, que cita el texto de Dt 32, 10-12, tan del gusto de la pequeña carmelita: ella se llamaba la "niña pequeña que arrojaría flores ante el trono divino" "El Señor, como el águila, extendió las alas, la tomó y la llevó sobre sus plumas; el Señor sola la condujo".
a) En la colecta, inspirándose en el texto de Mt 11,25, se invoca: "Oh Dios, que has preparado tu reino para los humildes y los sencillos, concédenos la gracia de seguir confiadamente el camino de santa Teresa del Niño Jesús, para que nos sea revelada, por su intercesión, tu gloria eterna". Esta vía del absoluto, que se revelaba ya en ella a la edad de tres años, cuando prometió no negar nada a Jesús, fue recorrida sin interrupciones hasta su holocausto en aras del amor misericordioso de Dios. Este tema de la infancia espiritual ya está expresado en su nombre: Teresa del Niño Jesús, adoptado en la profesión religiosa en 1890, y en su vocación, trazada en la Historia de un alma: "Yo soy la menor de las criaturas y conozco mi miseria; pero sé lo mucho que les gusta a los corazones generosos hacer el bien. Yo os conjuro (se dirige a la asamblea de los ángeles y de los santos), bienaventurados habitantes de la ciudad celestial, que me adoptéis por hija... Oh amado bien mío, te suplico que dirijas tu divina mirada sobre un gran número de pequeñas almas; te suplico que elijas en este mundo una legión de pequeñas víctimas dignas de tu amor".
La antífona del Benedictus, en las laudes, tomada del evangelio de la misa (Mt 18,2: "Os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos"), caracteriza esta "nueva vía", donde a la simplicidad del abandono total ("Yo elijo todo") se asocia la voluntad del holocausto del siervo de Dios con el rostro ultrajado. Los brazos de Jesús son para ella como una palanca que la eleva a la misericordia. Su sacrificio de joven quinceañera, marcado luego por las pruebas agotadoras de la pura normalidad monástica (incluído un "frío de muerte"), por la aridez en el noviciado, por las terribles dudas y, en fin, por la última prueba de la noche oscura del espíritu (pascua de 1896: tentación contra la fe, que duraría hasta su muerte), fue sellado con sus últimas palabras: "No puedo respirar, no puedo morir... Quiero seguir sufriendo... ¡Fuera! ¡Fuera! ¿No quisiera sufrir menos en adelante! Oh ¿lo amo (el crucifijo)! Dios mío ¿te amo!
b) En la oración sobre las ofrendas se pone de relieve un segundo aspecto de esta inmolación silenciosa, pidiendo al Señor: "al proclamar las maravillas que has realizado en santa Teresa del Niño Jesús, te suplicamos que, así como su vida fue agradable a tus ojos, aceptes igualmente complacido el homenaje de este servicio sagrado". En efecto, Teresa ya se había ofrecido para ser consumada enteramente por el amor misericordioso de Dios en la fiesta de la santísima Trinidad el 9 de junio de 1985. Y mientras iniciaba algunos días mas tarde la práctica del "vía crucis", sintió una herida de amor parecida a la trasnverberación mística de su gran maestra, Teresa de Ávila. Su vida, hecha de aceptación de las pequeñas cosas y de animoso espíritu de sacrificio, como en la epidemia de gripe de 1892, supo transformar el dolor en alegría, cambiando de signo la experiencia de la propia debilidad ("el caminito"), ofrendándose así en la bienaventuranza de los pobres de espíritu. En esta oración se menciona al Señor, realizador de maravillas en sus santos. Ahora bien, Teresa, como se lee en la página del oficio de lectura, nos ha revelado que la clase de su vocación consistía en identificarse con todas las vocaciones de los santos. Estas aspiraciones se convirtieron en un verdadero martirio, hasta el día en que descubrió en Pablo (1Cor 12-13) que los dones más perfectos no sirven de nada sin amor: "¡Mi vocación es el amor!"
c) La oración después de la comunión evidencia el tercer aspecto de este mensaje, que hizo que Pío XI la proclamara, en 1927 junto con san Francisco Javier, "patrona principal de todas las misiones del universo". En efecto, se pide al Señor que "encienda en nosotros aquel amor ardiente con el que santa Teresa del Niño Jesús se entregó a ti e impetró de tu misericordia el perdón para todos los hombres". La frase final de la carta dirigida a sor María del Sagrado Corazón termina con estas frases emblemáticas: "En el corazón de la Iglesia, madre mía, seré el amor: así lo seré todo y mi sueño se realizará". Ya había afirmado en 1897: "Haré descender del cielo una lluvia de rosas", porque quería hacer méritos por las almas, por las necesidades de la Iglesia y, por fin, para lanzar rosas a todos, justos y pecadores. El día de su profesión había declarado, tras el examen canónico, que había ido al Carmelo "para salvar a las almas y sobre todo para rezar por los sacerdotes". Y en las cartas escritas a dos jóvenes monjas misioneras, enviadas al Carmelo de Hanoi, se revela su sueño de "un exilio más alejado". Su dolor, surgido en la vida común de la paciencia monástica, se convirtió para ella en algo apostólico y redentor.
La actualidad de Teresa estriba en su experiencia espiritual. Aunque expresada en un lenguaje empleado en el ambiente burgués de provincias de finales del siglo XIX, no es sólo un pequeño camino de encarnación contemplativa propia del carisma carmelitano, sino un camino abierto a todos, por el doble carisma de la humildad radical, que sabe donar su propia nada en la luz oscura de la fe, y de la totalidad con el acto de amor perfecto mediante una opción integral que todo lo reconduce al camino de la confianza en la infinita misericordia de Jesús. Por esto fue profética la intuición de Teresa (Pío XI la llamó "la santa más grande de todos los tiempos modernos"), que creyó ver una "T" pintada en el cielo a través de las estrellas, La antífona de las vísperas nos la ha querido recordar con las palabras evangélicas: "Estad alegres y contentos, porque vuestros nombres están escritos en el cielo" (Lc 10,20).
 

 

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