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29 de Septiembre
SANTOS ARCÁNGELES MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL

(siglos V/VIII)



1. Nota Histórico-litúrgica
La actual fusión de las tres fiestas de san Miguel (29 de septiembre), de san Gabriel (24 de marzo) y de san Rafael (21 de octubre) en una sola fiesta tiene la fecha de la "Dedicatio sancti angeli", es decir, de la más antigua de las otras dos, porque conmemora la dedicación de la basílica elevada en el siglo V en el sexto miliario de la vía Salaria. Esta fiesta acredita, pues, un culto antiquísimo, como se deduce de los cinco formularios del sacramentario veronense para san Miguel y también de la tradición oriental (según la jerarquía del Pseudo-Dionisio Areopagita, Miguel pertenecería al octavo de los nueve coros angélicos, clasificados en orden jerárquico). Así, en el rito etiópico se celebra el 12 de cada mes una memoria; la fiesta de Miguel corresponde al 8 de noviembre en la Iglesia bizantina. El culto únicamente de los tres ángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, fue aprobada el año 745 por el concilio de Letrán, presidido por el papa Zacarías, para defenderlo del culto de ángeles apócrifos, que llevaban nombres venerados en Oriente como Uriel, Salatiel, Jebudiel, Baraquiel.
Los testimonio bíblicos sobre Miguel se encuentran en la carta de Judas (8-9, que cita la apócrifa Asunción de Moisés, según Orígenes); luego en Ap 12,7-10 (la batalla de Miguel y sus ángeles contra el dragón) y en Dan (cc. 10-12), donde es presentado como protector de Israel. El culto de Miguel en el monte Gargano (Puglia, Italia) hasta el siglo VI se ha desarrollado después de que la fiesta del 8 de mayo del año 663, por la victoria obtenida por los logobardos sobre los sarracenos y atribuida a la protección del arcángel, confluyó en la del 29 de septiembre; luego encontró como centro de irradiación la famosa abadía normada de Mont-Saint-Michel (709), que se convirtió en meta de peregrinaciones, con la instalación de los benedictinos (966). Tres son las apariciones que han contribuido en Occidente al culto del arcángel Miguel. La primera a Gregorio Magno cuando, durante la procesión para impetrar el fin de la peste, habría visto al ángel envainando la espada en lo alto de la mole Adriana (origen del oratorio en honor de Miguel). La segunda (asimismo muy dudosa) es la aparición del arcángel a un pastor para proteger a un toro descarriado, con la orden de construir una capilla en la caverna de la alta montaña del Gargano. La tercera es la del arcángel al obispo de Avranches (Saint-Aubert), por tres veces, con la orden de construir una basílica en su honor en el monte Tomba.
Gabriel ("Fuerza de Dios") es el ángel que está en presencia de Dios, según Lc 1,19; interviene en los acontecimientos de la anunciación, del nacimiento de Juan Bautista y de Jesús; y en Daniel (8,16; 9,21) es el anunciador de las divinas revelaciones. Es venerado, desde el siglo II, como arcángel, y en la Iglesia siria, como el primer ángel. Hasta el siglo XII, al ángel del Ap 7,3-4, junto al altar con un incensario en la mano, se le confundía con Gabriel, que se le apareció a Zacarías (Lc 1,11).
Rafael ("Dios cura") es muy venerado por los judíos y también por los cristianos, porque su nombre aparece en Tob 12,15, y lo acompaña en su viaje.


Mensaje y actualidad
Las oraciones del misal, junto con el prefacio, configuran la misión de estos "príncipes de los ángeles" (arcángeles) como "enviados al servicio de aquellos que deben heredar la salvación" (Heb 1,14).
a) La colecta ante todo invoca a "Dios, que con admirable sabiduría distribuye los ministerios de los ángeles y los hombres". En efecto, Miguel, que aparece como protector particular del pueblo elegido según Dan 10,13; 21,1, y que es nombrado dos veces en la lucha contra Satanás por el cuerpo de Moisés (Jds 9) y contra el dragón infernal (Ap 12,7), es confundido con el arcángel anónimo que precederá al momento de la resurrección final (1Tes 4,16). Además del Confíteor de la misa, donde es nombrado inmediatamente después de María, la mención de Miguel arcángel se encontraba en el ofertorio del misal de Pío V: "Que el portaestandarte Miguel conduzca las almas a su santa luz"; y también en la oración de los moribundos con el llevar a las almas al seno de Abrahán, según una antigua tradición judía (acogida luego por los cristianos), y también para llevar a las almas de los santos ilustres (como la Virgen y José) al cielo. A Miguel se le atribuyó asimismo la tarea de pesar a las almas en el juicio. Gabriel y Rafael aparecen vinculados también en la historia de la salvación.
La intercesión final invoca a Dios "que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo". Esta función de los arcángeles está bien ilustrada por Gregorio Magno en el oficio de lectura, en el que se omite, empero, el fragmento que presenta a los nueve coros angélicos: "Hay que saber que el nombre de ángel designa la función, no el ser del que lo lleva" (Hom 34,8-9). También en la liturgia de las horas, las antífonas y los responsorios, así como los himnos, evocan las funciones particulares de los ángeles. Miguel es cantado como príncipe de la corte celestial que arroja al abismo a Luzbel; Gabriel, como portador de la embajada divina; Rafael, como el ángel guía de nuestro caminar y médico de nuestra ceguera.
b) En la oración sobre las ofrendas se evidencia otro aspecto de la misión angélica: se suplica al Señor "que, llevado a tu presencia por manos de los ángeles, lo recibas con bondad y nos sirva para nuestra salvación". Ya en el canon romano, en el Supplices, se pide que la ofrenda sea llevada hasta el altar del cielo, por manos del santo ángel, en san Ambrosio. El texto está en plural, porque los ángeles son asociados tradicionalmente al culto divino de los hombres (cf Ap 8,3-5)
c) Por fin la oración después de la comunión recuerda el sentido de viático de la eucaristía, según la figura profética de Elías, que recibe el pan traído por el ángel para sostenerlo en su viaje hacia el Horeb; y, según la tradición judía del maná que fortaleció al pueblo en el camino hacia la tierra prometida, es también pan de los ángeles o pan del cielo.
El mensaje actual está expresado para nosotros en la praxis litúrgica (independientemente de los excesos lamentados por Pablo en Col 2,18 y en Heb 1,5-13), que nos invita siempre a celebrar la alabanza del tres veces santo con los ángeles. En efecto, su servicio es siempre una diaconía cristocéntrica, como nos sugiere el evangelio de la fiesta en el texto de Jn 1,51: "Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".
 

 

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