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26 de Septiembre
SAN COSME Y SAN DAMIÁN, mártires
( + 303 )



1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa del día de la dedicación de la basílica por parte de Félix IV (526-530) en honor de estos mártires, en el foro romano, en un edificio pagano (hoy todavía con el ábside decorado por un mosaico conmovedor), ha sido anticipada un día respecto a la fecha del 27 de septiembre, fecha atestiguada ya por los sacramentarios romanos gelasiano y gregoriano. En Oriente, en cambio, las fechas son variables (1 de noviembre, 1 de julio, 17 de octubre), tal vez por la homonimia de tres parejas de hermanos médicos (en Constantinopla, Roma y Cilicia).
Estos mártires sirios, que fueron sacrificados en Ciro (Kyros, ciudad de la Siria septentrional) y que según la tradición griega eran médicos y llamados "anargiri" porque ejercían el oficio a título gratuito, recibieron en la antigüedad un culto vastísimo, como testimonian el peregrino Teodoreto de Ciro en el siglo V, que hace alusión a la basílica de los dos santos, y Procopio, refiriendo que Justiniano, en el siglo VI, construyó en Ciro un gran templo en su honor. Así pues, en el siglo VI estos santos orientales conquistaron Occidente, ya que el papa Símaco (498-514) les había dedicado un oratorio (en Santa María la Mayor) en Roma. En Rávena se les celebra en los mosaicos de los siglos VI - VII. Las noticias legendarias se inspiran en tres "passiones". Una árabe y otra asiática los sitúan en Egea (Cilicia), ciudad evangelizada por san Pablo (y luego en Pérgamo para su formación), y, por último, en su ciudad natal para su martirio común, tras las torturas infligidas por el juez Lisias durante la persecución de Diocleciano el 27 de diciembre de 287). La tercera leyenda es romana; por eso se les menciona en el canon romano. También las noticias de Gregorio de Tours (+ 594) atestiguan esta veneración de los dos mártires sanadores en ambiente gálico.
La posibilidad de que en el siglo VI se diera un paso de la praxis pagana de venerar a divinidades consagradas a las curaciones (como Asclepio, Serapis o Isis) a la praxis cristiana (como atestiguan los Padres y los frecuentes paralelos de las historias de curación en los grandes templos paganos, con los relatos de los milagros de nuestros santos) es cada vez más verosímil si se prefiera la tradición de la mayor parte de las fuentes, según las cuales justamente en Egea (Cilicia), donde había un centro del culto de Asclepio, los dos anargiros médicos empezaron su evangelización y testimoniaron su fe con la sangre. Esto explica por qué, según Eusebio, Constantino hizo destruir el templo de Asclepio, considerado como el "demonio de Cilicia". El culto medieval de los dos médicos, difundido especialmente en las ciudades hanseáticas, donde a causa de los intercambios comerciales se declaraban frecuentes epidemias, puede interpretar la tradición según la cual, en la mitad del siglo IX, san Alfrido transportó las reliquias de los santos a la catedral de Hildesheim y a la catedral de la diócesis fundada por él en el corazón del Ruhr. Los dos médicos siriacos ocupan, pues, el vértice de toda la legión de los mártires "sanadores" (como Ciro y Juan, Zenobio y Zenobia, Gercasio y Protasio) como signos de la esperanza de la vida para aquellos que recurren a su intercesión.
 

2. Mensaje y actualidad
Las tres oraciones del misal, dos de las cuales derivan del formulario antiguo de su misa estacional (fijada el jueves de la tercera semana de cuaresma), esbozan los temas esenciales de sus figuras.
a) La colecta ante todo proclama la grandeza del Señor, "porque a ellos les diste el premio de la gloria y a nosotros nos proteges con tu maravillosa providencia". Los hechos legendarios, que han sido representados por una abundante iconografía, los acreditan como patronos de los médicos, de los cirujanos y de los farmacéuticos. Así, san Gregorio de Tours (siglo VI) testimonia: "Los dos médicos gemelos se hicieron cristianos y por el mérito exclusivo de sus virtudes y la intervención de sus oraciones alejaban las enfermedades de los enfermos; tras diversos suplicios están reunidos en el cielo y hacen numerosos milagros para sus compatriotas. Si un enfermo acude a su tumba y ruega ante ella con fe, obtiene inmediatamente remedio para sus males; se dice que se aparecen en sueños a los enfermos y les dan una prescripción; éstos la ejecutan y se curan".
b) La oración sobre las ofrendas contiene una magnífica frase, que proclama el "sacrificio de Cristo como principio y modelo de todos los martirios". El comentario del sermón 239 de san Agustín, en el oficio de lectura: "Preciosa es ante el Señor la muerte de sus santos", dice: "Nadie alimenta de sí mismo a los que invita, pero el Señor Jesucristo ha hecho precisamente esto: él, que es quien invita, se da a sí mismo como comida y bebida. Y los mártires, entendiendo bien lo que habían comido y bebido, devolvieron al Señor lo mismo que de él habían recibido".
c) La oración después de la comunión, que es nueva, se inspira discretamente en la inscripción del mosaico absidal de la basílica de los mártires. En efecto, se le pide al Señor: "conserva en nosotros tu gracia, y el don que de ti hemos recibido en la fiesta de tus mártires Cosme y Damián sea para nosotros prenda de salvación y de paz". La salud va vinculada a la paz, recordando que, según la vida legendaria escrita por Metafrastes, Damián habría suplicado a lo largo de toda su vida que no lo enterraran con su hermano, porque había aceptado curar a una mujer, Palladia, a cambio de tres huevos que ella, con humilde insistencia, le había ofrecido.
La actualidad, para nosotros, puede buscarse en el comportamiento que el Sirácida nos invita a observar en caso de enfermedad, antes de recurrir a los médicos: "Honra al médico en atención a sus servicios, porque también él lo creó el Señor... Apártate del pecado, lava tus manos y limpia tu corazón de todo pecado. Ofrece incienso y una ofrenda de flor de harina, y generosos sacrificios según tus medios. Después recurre al médico, porque también él lo creó el Señor; y no se aparte de ti, porque necesitas de él, pues hay veces que la salud depende de sus manos. Porque también ellos rezan a Dios para que les conceda éxito en dar alivio y conservar la vida".
En nuestro tiempo, en que la medicina está socializada y se ha vuelto científicamente autónoma, esta invitación a la oración conjunta de enfermos y médicos es sin duda una aplicación del mensaje de estos dos médicos desinteresados. Ellos vencieron el apego al dinero y testimoniaron heroicamente su fe.
 

 

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