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21 de Septiembre
SAN MATEO, apóstol y evangelista
( siglos V / VII )
1. Nota Histórico-litúrgica
La veneración de san Mateo se remonta en Roma al siglo V, cuando era
recordado en su basílica de la vía Merulana; y más tarde al siglo VIII, con
la fiesta que incluía una vigilia como para los demás apóstoles. La fecha
actual del 21 de septiembre es la del martirologio jeronimiano. En Oriente
las fechas son diversas para los bizantinos y sirios - el 16 de noviembre -
y para los coptos el 9 de octubre.
Los testimonios bíblicos nos presentan a este Leví (según Marcos y Lucas)
como publicano o recaudador de impuestos, hijo de Alfeo (Mc 2,14), de origen
hebreo (Mateo deriva del arameo; tal vez signifique "don de Dios"),
perteneciente a una tierra fronteriza entre los territorios de Herodes
Antipas y Filipo.
Nacido en Cafarnaún (Mt 9,9), es identificado por Eusebio con el autor del
primer evangelio, escrito en arameo. La duplicidad del nombre, Leví-Mateo
(forma grecizada de Mathai) no contrasta con el uso judío y figura en la
lista de los doce apóstoles: en el séptimo lugar en Mc (3,18) y Lc (6,15);
en el octavo en Mt (10,3) y en He (1,13).
Según fuentes legendarias apócrifas, evangelizó varias regiones: de los
partos, de Persia, y con más probabilidad de Etiopía, donde llegó a
convertir a la hija del rey Ifigenia, venerada hoy como santa virgen, y
sufrió el martirio. Sus reliquias fueron trasladadas de Etiopía a Paestum, y
luego, en el siglo X, a Salerno. La iconografía del apóstol, representado
con frecuencia como un hombre alado, ha venido acompañada también por la
ocasión de una fiesta folclórica centroeuropea de otoño: "Como en el día de
invierno", El símbolo de su evangelio escrito en arameo quizá hacia el 42,
es decir, doce años después de la pascua en la que se dispersaron los
apóstoles de Jerusalén, es el del hombre, porque, según Jerónimo, el
comienzo del escrito es originado casi por el hombre (geneología de
Jesucristo...).
2. Mensaje y actualidad
Las oraciones de la misa después de los textos de la liturgia oratoria,
derivadas del misal parisiense (1738), subrayan tres aspectos principales de
la fisonomía del "escriba veloz", como es denominado en el responsorio de la
lectura patrística, aplicándole el elogio de Esd 7, 6-10.
a) La colecta invoca ante todo: "Oh Dios, que en tu infinita misericordia te
dignaste elegir a san Mateo para convertirlo de publicano en apóstol". El
significado de este evangelio que Papías, obispo de Hierápolis, en Frigia,
calificaba como una recopilación de logia (oráculos) de Jesús en lengua
hebrea y que "cada cual los tradujo como pudo", es el de un verdadero manual
para la educación del pueblo cristiano (o catecismo para la vida cristiana),
porque presenta a Cristo como maestro que supera a Moisés en la lógica
preceptística, para llegar a la perfección del Padre (Mt 5,48).
De la experiencia concreta de la catequesis y de la vida pastoral saca Mateo
la concreción de su ideal, que, si bien es el escatológico de las
bienaventuranzas, va siempre dirigido a las exigencia de un continuo
discipulado.
Al probar que Jesús es el mesías, Mateo se dirige sobre todo a los lectores
palestinos, dando por conocidas sus costumbres y ambiente, para demostrar el
cumplimiento de las Escrituras. La conclusión de la colecta invoca que,
"fortalecidos con su ejemplo y su intercesión, podamos seguirte siempre y
permanecer unidos a ti con fidelidad".
El comentario de Beda, en el oficio de lectura, a la vocación de Mateo,
durante la cena con los publicanos y los pecadores, nos invita a que abramos
a Jesús la puerta para acogerlo cuando damos nuestro asentimiento a sus
advertencias, tanto secretas como manifiestas, y empezamos a poner por obra
todo lo que se debe realizar.
b) La oración sobre las ofrendas nos presenta el tema eclesial, que es una
de las preocupaciones fundamentales en el evangelio de Mateo. En efecto,
suplicamos al Señor "que cuide con amor de su Iglesia, cuya fe alimentó con
la predicación de los apóstoles". Es justamente el evangelio de Mateo el que
usa el término ekklesia al presentarnos al verdadero Israel como comunidad
fraterna, que es base de comunión real y disponibilidad para el perdón;
donde el que preside es también servidor y donde los pobre y los pequeños
deben recibir las máximas atenciones, aunque sean débiles y descarriados en
la fe.
c) La oración después de la comunión une la llamada de Mateo con el banquete
eucarístico: "Hemos participado, Señor, de la alegría saludable que
experimentó tu apóstol san Mateo al tener de invitado en su casa al mismo
salvador". En efecto, el apóstol, tan profundamente arraigado en la
tradición judía y que no quiso perder los valores de la continuidad con
Israel, está abierto sin embargo a la novedad de la dimensión universal del
evangelio. Es el único que nombra a Siria entre los territorios
evangelizados por Jesús (4,24), porque presenta el anhelo de la salvación
universal. Por eso, en la intercesión de la oración se pide "seguir
alimentándonos siempre con el cuerpo y la sangre de Cristo, que no ha venido
a salvar a los justos, sino a los pecadores". Los pecadores en el evangelio
representan a toda la humanidad de las gentes que, pese al rechazo del
pueblo hebreo, alcanzan la promesa de bendición hecha a Abrahán, ya que
"muchos del oriente y del occidente vendrán y se sentarán con Abrahán, Isaac
y Jacob en el reino de Dios, pero los hijos del reino serán echados a las
tinieblas de fuera" (8,11-12). Como canta el himno de laudes, Mateo, al
anunciar a Cristo por el mundo y confesarlo con su sangre, lo honra con la
prueba suprema del amor vital.
La actualidad, para nosotros, ya está implícita en este mensaje evangélico,
que él nos ha transmitido como "un ágil escribano, doctísimo en la ley del
Dios del cielo". También nosotros podemos imitarlo adiestrando nuestro
corazón "para investigar la ley del Señor, para practicar y enseñar sus
mandamientos, según el don que Dios le otorgó misericordiosamente".
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