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      03 de Septiembre
SAN GREGORIO MAGNO, papa y doctor de la Iglesia

( ca. 540-604 )



1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria del papa Gregorio, muerto en Roma el 12 de marzo del año 604, apesadumbrado no sólo por los dolores físicos, sino también por la amargura de ver las ruinas y la desolación perpetradas por los bárbaros, es testimoniada tanto en Roma como en Inglaterra ( concilio de Cloveshoe del 747 ).
Ahora se ha trasladado a la fecha de su ordenación episcopal - 3 de septiembre del año 590 -, que ya en la Edad Media era festejada en muchas Iglesias, para evitar celebrarla en cuaresma.
Nacido en Roma, hacia el 540, de la familia senatorial de los Anicios ( su padre, Jordano, era senador y administrador de una de las siete regios de Roma; su madre fue santa Silvia ), fue prefecto de la ciudad del 573 a 578; luego, al morir su padre, distribuyó como dotación a los monasterios su rico patrimonio, incluido el monasterio que estableció en la casa de su padre en el Cilvus Scauri - junto al cenobio de San Andrés en el Celio -, donde vivió la vida monástica bajo la regla benedictina. Enviado a Constantinopla en el año 579 por Pelagio II, que lo había ordenado antes diácono de uno de los siete distritos de Roma, como representante suyo (apocrisario) ante el emperador Tiberio II, permaneciendo monje entre la corte, pudo dedicarse a las conferencias espirituales que fueron el núcleo del gran tratado Moralia; y tuvo la alegría de llevar la razón en la controversia con el patriarca Eutiquio sobre la condición de los cuerpos resucitados, y de conocer a san Leandro de Sevilla a quien dedicó los Moralia in Job.
Sustituido en el año 586 en su misión, que no tuvo los resultados esperados, pudo volver a Roma, donde fue nombrado abad del monasterio de San Andrés y donde en ese tiempo ocurrió el hecho del monje Justo, castigado por haber infringido la regla de la pobreza quedándose con tres monedas escondidas en su celda, e instauró en el mismo un régimen de santidad de vida que lo condujo más tarde, tras el encuentro casual en el mercado de Roma con tres esclavos anglosajones, a tomar la iniciativa de la evangelización de aquel pueblo, cosa que le impidió el papa ( según una leyenda infundada ) , mandándole llamar durante el viaje. Pelagio lo nombró secretario suyo. Gregorio fue su sucesor en la cátedra de Pedro cuando Pelagio murió después de las epidemias de peste del año 590. Ordenado obispo el 3 de septiembre ( 590 ), organizó las procesiones penitenciales de la llamada Letanía septiforme de las siete iglesias de la ciudad, para alcanzar el fin de la peste (en los relatos del siglo X se habla de la aparición del ángel sobre la Mole Adriana, como símbolo de la cesación del flagelo).
Aun siendo un contemplativo como demuestra su comentario al libro de Job, que es una introducción a la vida contemplativa, fue también un hombre de acción: administrador diligente - fue llamado "el último romano", con la elección de funcionarios adecuados logró aumentar las entradas de los bienes de la Iglesia, acrecentados con los legados de los fugitivos ( en Roma se habían refugiado tres mil monjas ) a causa de de los disturbios de que fue escenario Italia, para proveer a las poblaciones necesitadas, especialmente en las incursiones de los feroces longobardos de Alboino, que se lanzaron sobre Italia desde Panonia. Fue asimismo promotor de la evangelización entre los paganos, enviando misioneros a Inglaterra, después de haber obtenido el apoyo de la poderosa Brunilda, reina de los francos. Fue político prudente a la hora de dirimir las controversias entre las naciones, tanto en Occidente como en Oriente. Es conocida su renuncia al título adulatorio de papa universal, que justificaba su resistencia al título vano del patriarca de Constantinopla ( apoyado por el emperador Mauricio ), que se hacía llamar patriarca ecuménico. Este infatigable jefe de la Iglesia, que gobernó durante trece años ( los dos últimos desde la camilla en la que se veía obligado a yacer por culpa de una dolorosa enfermedad ), murió a los sesenta y tres años, mereciendo el título de grande (Magno), que le atribuyó Bonifacio VIII. Por su doctrina es uno de los cuatro doctores de Occidente junto con Ambrosio, Agustín y Jerónimo. Su cuerpo es venerado bajo el altar que se le ha dedicado en la basílica vaticana.

2. Mensaje y actualidad
Las oraciones de la misa, dos de las cuales están tomadas del sacramento gregoriano que el papa Adriano habría mandado este libro, que se le atribuye, a la corte carolingia, esbozan la figura de este papa, que, aún defendiendo los derechos efectivos de Roma sobre la Iglesia universal, comprendida la de Oriente, fue el primero que se llamó "siervo de los siervos de Dios".
a) En la colecta se pide: "Oh Dios, que cuidas a tu pueblo con misericordia y lo gobiernas con amor, concede el don de sabiduría... a quienes confiaste la misión del gobierno de tu Iglesia, para que el progreso de los fieles sea el gozo eterno de sus pastores".
La referencia el regimen disciplinae descrito en la Regula pastoralis, donde traza el perfil de los deberes del obispo, es evidente. Él, que como monje buscó a Dios en su monasterio, se vio obligado a buscar su regla de santidad en el gobierno pastoral de la Iglesia ("Cónsul de Dios" es la inscripción sepulcral en San Pedro) en un tiempo en que la Iglesia seguía sufriendo las consecuencias de las herejías de los siglos anteriores: el cisma posterior a la controversia de los Tres Capítulos, todavía existente en Istria y en Galia; la animadversión donatista contra los católicos en África; los residuos arrianos en España; el dominio de los bárbaros en Galia e Italia. Este servicio pastoral a los hermanos y a las Iglesias invertía la antigua perspectiva de una contemplación elitista como huida del mundo o evasión de la historia (otium), según demostró en el período crucial del asedio de Roma por parte de los longobardos, mientras la ciudad era golpeada con la espada, azotada por el hambre y condenada a la ruina, cuando hubo de interrumpir el comentario al libro preferido de Ezequiel, que recordaba una situación parecida a la ciudad de Roma. Este primer papa medieval se convirtió realmente en el centinela de su pueblo, como él mismo comenta en el fragmento de la homilía, reproducido en el oficio de lectura, que exalta al pastor eximio que nos ha legado un modelo y una regla de vida pastoral.
Fue, pues, un verdadero jefe espiritual de la Iglesia, no sólo de Roma y de las diócesis suburbicarias, sino también de las demás Iglesias de Occidente, con las que mantuvo frecuentemente correspondencia ( nos quedan de ella ochocientas cincuenta y cuatro cartas ) para establecer su estricta dependencia de la sede romana. El versículo del responsorio del oficio de lectura, tomado del breviario monástico del 12 de marzo, sintetiza esta dimensión universal de su pontificado: "Como un águila que recorre el mundo, cuida de mayores y pequeños con magnánima caridad". En efecto, Gregorio fue un gran administrador temporal de los bienes de la Iglesia, nombrando agentes con plenos poderes para distribuir las rentas de los bienes que eran abandonados por los propietarios que huían de muchas regiones (como herencia para la Santa Sede) y ejercitando todas las formas posibles de caridad (comprendido el rescate de los prisioneros caídos en las manos de los longobardos). Un ejemplo de tan delicada caridad nos lo da la premura por hacer llegar, pocas semanas antes de su muerte, al obispo de Chiusi un manto para el invierno. La antífona del Magníficat en vísperas confirma ese perfecto equilibrio, aunque doloroso, entre la vida contemplativa y la acción pastoral, cuando dice: "San Gregorio traducía en obras lo que enseñaba en sermones; por eso fue un ejemplo vivo de doctrina espiritual".
b) El responsorio de la Homilía sobre Ezequiel, en el oficio de lectura, comenta de modo concreto lo que se pide en la oración después de la comunión, donde se pide al Señor que "aprendamos en la fiesta del papa san Gregorio a conocer tu verdad y a vivirla con amor". En efecto, se explicita que él, "sacando de la fuente de la sagrada Escritura enseñanzas morales y místicas, hizo llegar hasta el pueblo las corrientes del evangelio; y, después de muerto, aún sigue enseñando". El magisterio pastoral de Gregorio llegó "a conocer el corazón de Dios a través de las palabras de Dios" (como él mismo escribía al médico del emperador Teodoro); y se expresa en aquella célebre frase: "La palabra de Dios crece junto con el que la lee", en el sentido de que adquiere una dimensión comunitaria y eclesial. Asimismo lo testimonian estas palabras suyas: "Sé por experiencia que la mayoría de las veces, estando con mis hermanos, he comprendido muchas cosas de la palabra de Dios que yo solo no había logrado entender. Sois vosotros los que me ayudáis a entender lo que enseño. Es la verdad: con mucha frecuencia yo os digo lo que os he oído". Un último aspecto de esta acción apostólica, sacada de la fuente bíblica, fue su celo misionero, que lo llevó a hacer de los mismos monjes benedictinos, de quienes fue gran protector, unos misioneros. Por eso mandó a Agustín desde su monasterio de San Andrés a evangelizar a los anglosajones (596), dando también sabias disposiciones litúrgicas, que prácticamente confirieron una fisonomía a la nueva Iglesia de Inglaterra. Con razón se le llama en la primera estrofa del himno de laudes "apóstol de los ingleses".
c) En la oración sobre las ofrendas podemos descubrir otra dimensión de la obra reformadora de este papa, cuando se pide que, "al celebrar la festividad de san Gregorio, nos sirva de provecho esta ofrenda, con cuya inmolación se perdonan los pecados del mundo".
El cuidado de la liturgia, cuya cumbre es la celebración eucarística, se manifestó en tres sectores. En la misa, Gregorio añadió al canon romano la frase: "concédenos la paz en nuestros días", antes de la epíclesis implícita; luego prescribió el canto del aleluya, al fin del gradual, incluso fuera del tiempo pascual, excepto en los tiempos penitenciales; y por fin colocó el rezo del padrenuestro al fin del canon. Un segundo ámbito disciplinario concierne a la prohibición de la casulla a los subdiáconos y de cantar otros libros litúrgicos, Juan Diácono le atribuye una revisión del sacramentario y que luego será llamado "gregoriano" y del antifonario, con una promoción del canto que será asimismo llamado "gregoriano".
El ya citado himno de san Pedro Damián, en laudes, resume toda la obra de Gregorio, exaltando "a este apóstol de los ingleses y ahora socio de los ángeles; a este monje, hecho pobre para seguir a Cristo pobre; a este excelso pontífice, que ha defendido el primado de Pedro, siguiendo su norma; a este maestro, que comentó de manera mística la Escritura, exponiéndonos la verdad; a este pontífice, que es luz y prez de la Iglesia entera, que nos instruye con muchos preceptos".
Ningún elogio es más elocuente y expresivo que éste para que sigamos considerando actual a este papa que, aun practicando un centralismo administrativo en el gobierno de la Iglesia, supo aunar la uniformidad de la disciplina y una sabia adaptación. Esta concepción de la Iglesia como cuerpo de Cristo vivo aparece también en el conflicto con el emperador Mauricio, a propósito del edicto del año 593, que vinculadas por ciertas obligaciones, cuando se mostró firme y al mismo tiempo dispuesto a llegar acuerdos, diciendo: "Yo he confiado mis sacerdotes a vuestra responsabilidad: ¿porqué queréis retirar a mis soldados de vuestro servicio?".
Su sabiduría pastoral, más que la originalidad del pensamiento, es siempre una fuente de inspiración actual.
 

 

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