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24 de Agosto
SAN BARTOLOMÉ, apóstol ( siglo VIII )
1. Nota Histórico-litúrgica
La fiesta de san Bartolomé se celebraba ya en el siglo VIII en los países
francos, y se difundió en Roma en los siglos IX - X en las fechas del 24 o
también 25 de agosto; esta última fecha entre los bizantinos es la fiesta de
la traslación de las reliquias, mientras que la fiesta propiamente dicha es
el 11 de junio, junto con san Bernabé. La fiesta fue fijada por el
calendario de Pío V el día 24.
Bartolomé, hijo de Tholmai (del arameo, a través del griego), confundido por
muchos con Natanael (porque Mateo al enumerar a los doce apóstoles elegidos
por Jesús cita a Bartolomé junto con Felipe), era uno de los dos primeros
discípulos de Jesús, de Caná de Galilea (cf Jn 1, 45). Las fuentes apócrifas
lo hacer predicador de la Indica occidental, según Eusebio, o de las
regiones próximas a Etiopía (según Rufino y Sócrates) y a la Arabia Feliz
(Yemen); o bien de Mesopotamia, Partia, Licaonia y Frigis (Hechos de
Felipe), y sobre todo la región llamada entonces la Gran Armenia (según el
Breviario de los Apóstoles), donde habría convertido al rey Polimnio y por
orden del hermano del rey - Astiages - habría sido desollado vivo, según la
costumbre penal persa, y luego decapitado o crucificado. Su presencia es
asimismo indicada en las orillas del Ponto y del Bósforo (martirio de
Bartolomé), donde habría acompañado a san Andrés o a Mateo; y en Hierápolis,
donde habría acompañado a Felipe. Sus reliquias, tras varias traslaciones a
Oriente, llegaron de Albanópolis de Armenia, en el siglo VIII, a la isla de
Lípari en el archipiélago de las Eólicas, luego a Benevento en el siglo IX,
y a finales del siglo X a Roma, por orden de Otón III (983). Aquí fueron
veneradas bajo el altar mayor de la iflesia construída en la Isla Tiberina,
donde en la antigüedad había un santuario del dios de la medicina Esculapio,
mientras que el cráneo es venerado en Francfort del Main (desde 1238). San
Bartolomé es invocado protector de los enfermos.
2. Mensaje y actualidad
La colecta, que caracteriza a este apóstol, configura a Natanael, don de
Dios, recordando su encuentro con Jesús. En efecto, se invoca: "Afianza,
Señor, en nosotros aquella fe con la que san Bartolomé, tu apóstol, se
entregó sinceramente a Cristo".
El hijo del agricultor, según la etimología aramea de Bartolomé, es conocido
por su escéptica respuesta a Felipe, que, al verlo, le dijo que había
encontrado "a aquel de quien Moisés escribió en la ley y los profetas. ES
Jesús de Nazaret, el hijo de José". Las palabras de Natanael, al replicar a
Felipe que de Nazaret no podía salir nada bueno, son posteriormente una
manifestación de generosidad. En efecto, ante la invitación del amigo: "Ven
y verás", se entrega a Cristo, que le revela que conoce sus pensamientos
ocultos (Jn 1, 45-51) y lo elogia: "Este es un israelita auténtico, en el
que no hay engaño". La palabra "israelita" evoca tanto a Israel, que es
"fuerte contra Dios", en el sentido de hacer escuchar sus instancias
celestiales, como la asonancia entre este nombre y la etimología de la
simplicidad o rectitud. La ulterior profesión de fe de Bartolomé en Jesús,
que, respondiendo a su pregunta: "¿De qué me conoces?", había replicado:
"Antes que Felipe te llamase te vi yo, cuando estabas debajo de la higuera"
- tal vez se trate de una frase rabínica que retrata a un estudioso de la
Escritura-, es realmente entusiástica: "Rabí, tu eres el Hijo de Dios, tú
eres el rey de Israel". El triple título de Cristo, dos de los títulos son
de resonancia rabínica: rabí y rey de Israel, lleva en el centro el título
más significativo de Hijo de Dios, aunque no tuviera el sentido pleno y
propio que asumirá en la reflexión pospascual.
La intercesión final de la colecta le pide a Dios que "por los ruegos de san
Bartolomé, tu Iglesia se presente ante el mundo como sacramento de salvación
para todos los hombres" (cit. de la LG 48).
La alusión implícita al inmenso campo de acción que se le atribuye puede
encontrar una buena ilustración en la homilía de Juan Crisóstomo, presentada
por el oficio de lectura, en la que se establece un paralelismo entre la
obra realizada por Dios a través de sus manos y la debilidad de los
instrumentos elegidos por él. "Porque ni los filósofos, ni los maestros, ni
mente humana alguna hubiera podido siquiera imaginar todo lo que eran
capaces de hacer unos simples publicanos y pescadores".
El himno moderno de Lentini en laudes (tercera estrofa) celebra a este
apóstol, que con su rectitud nativa siguió a Cristo maestro - "vive para el
maestro" - con un pacto tal de fidelidad que alcanzó "la aspereza de la cruz
y el premio de la patria celestial".
El recuerdo de este apóstol nos da ocasión para renovar la fe en la Iglesia
apostólica.
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