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23 de Agosto
SANTA ROSA DE LIMA, virgen
( 1586 - 1617 )
1. Nota Histórico-litúrgica
Santa Rosa de Lima, muerta el 24 de agosto de 1617, fue beatificada en 1668
por Clemente IX; luego fue proclamada patrona principal de América,
Filipinas y las Indias occidentales en 1670 por Clemente X, que la canonizó
en 1671. La memoria facultativa de santa Rosa de Lima ha sido trasladada
ahora a la víspera de su nacimiento, por la coincidencia con la fiesta del
apóstol Bartolomé. En esta memoria celebramos a la primera santa del
continente americano, que entonces era llamado las "Indias".
Isabel Flores y de Oliva, nacida de padres españoles en Lima en 1586, con el
sobrenombre de Rosa que le dio una criada india - Mariana - por su belleza,
recibió la confirmación a los once años del arzobispo santo Toribio de
Mogrovejo; a los veinte años se agregaba como terciaria a la Orden
dominicana, vistiendo su hábito en 1606, ya que no había en Lima un convento
de la segunda Orden. Rechazado el matrimonio, construyó un eremitorio en un
rincón del rincón del jardín materno, entrando en la intimidad de santa
Catalina de Siena, cuyas experiencias místicas ( el matrimonio místico )
emuló, dedicándose a severas penitencias acompañadas de adversidades,
incomprensiones y enfermedades de todo género. Pasó los últimos años de su
vida con dos cónyuges que la querían, y murió en su casa a los treinta y un
años. Su esposo Jesús la había preadvertido una noche: "Prepárate, se
acercan los esponsales". Expiró repitiendo: "Jesús, Jesús, quédate conmigo".
Sobre su celda mortuoria surgió el segundo convento para las mujeres de
Lima. De ella nos quedan pocos escritos y algunos dibujos hallados en 1923,
que revelan el fervor místico de la taumaturga limeña.
2. Mensaje y actualidad
La colecta de la misa subraya dos temas que trazan los rasgos de Rosa de
Santa María, como a ella le gustaba llamarse cuando era religiosa. Ante todo
se invoca a Dios: "Tú has querido que santa Rosa de Lima, encendida en tu
amor, se apartara del mundo y se consagrara a ti en la penitencia". No puede
menos de sorprenderse uno cuando se entera de que a los cinco años hizo el
voto de virginidad. Llevó un estilo de vida muy mortificado: edificó a sus
médicos y padres por la paciencia con que soportó terribles dolores de
mueles; y aunque estuviera más instruida que la mayoría de las jóvenes
peruanas de su tiempo ( tocaba instrumentos de cuerda y componía poesías,
como san Francisco de Asís ), sólo se sentía perteneciente a la academia del
Calvario. Leyó los escritos de la escuela de espiritualidad española ( L. de
Granada, F. Solario, etc. ). No se limitaba a llevar una vida cualquiera de
reclusa, sino que se dedicaba también a socorrer a los enfermos, a veces
repugnantes, y a ayudar a los pobres. Cuando la flota holandesa se presentó
ante Lima, Rosa se fue a la iglesia para defender el tabernáculo; pero los
holandeses se retiraron y ella no murió mártir, como anhelaba.
En la intercesión final se pide: "concédenos... que, siguiendo en la tierra
el camino de la verdadera vida, lleguemos a gozar en el cielo de la
abundancia de los gozos eternos" (Sal 15, 11 y 35, 8). Se evoca aquí su
enseñanza, cuya muestra, en el oficio de lectura, nos revela el nivel
espiritual que había alcanzado aquella que le decía a su divino esposo: "Oh
Jesús mío, aumentad mis sufrimientos, pero aumenta en mí vuestro divino
amor". En efecto, escribe: "Nadie se quejaría de sus cruces y sufrimientos
si conociera cuál es la balanza con que los hombres han de ser medidos".
Ella soportaba todos estos sufrimientos no sólo por amor de Cristo, que le
dijo: "Oh Rosa de mi corazón, tú eres mi esposa", sino también por el celo
de salvar las almas, especialmente las de los indios, a quienes habría
querido evangelizar incluso dejándose comer por ellos, ya que los indios
araucanos eran crueles, según sabía por su hermano, si esta comida hubiera
servido para su salvación: "Si no fuese mujer, me dedicaría enteramente a la
evangelización de los indios". Una joven inerme, pero tan abierta a Dios y
al mundo, es también en nuestros días un modelo que propone en nuestro
ambiente para redescubrir los valores de la fraternidad entre razas y la
colaboración entre las distintas religiones. A ella se debe la primera
fundación del convento de vida contemplativa de América del Sur en 1623,
dedicado a santa Catalina de Siena, a quien Rosa tanto veneró.
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