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22 de Agosto
SANTA MARÍA VIRGEN, Reina
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de María Reina, instituida por Pío XII en 1955, el 31
de mayo, ha sido trasladada al día octavo de la asunción para subrayar el
vínculo de la realiza de la Virgen con su glorificación corpórea, como
afirma la constitución Lumen gentium (n. 59): "María fue asunta a la gloria
celestial y fue ensalzada por el Señor como reina universal con el fin de
que se asemejase de forma más plena a su hijo".
En algunas iconografía antiguas, a partir del siglo IV, junto al Cristo
Pantocrátor (rey-soberano) se encuentra representada con frecuencia la
madre, que en la Edad Media recibió el título de reina en muchos himnos que
todavía siguen cantándose hoy (Salve Regina, Reginal coeli, Ave REgina
caelorum), así como en los misterios del rosario y en las letanías
lauretanas. Aunque la sensibilidad del hombre contemporáneo sea menos
propensa a considerar este título por las evoluciones culturales y políticas
superadas; aunque se tienda a sustituir la mariología "de los privilegios"
por la mariología "del servicio", no se puede negar que, junto al título de
Cristo rey (renovado ahora en su sentido escatológico al final del año
litúrgico), el fundamento de ese título real de la "madre del Señor" es
bíblicamente seguro. Ya en los congresos marianos de Lyon en 1900, Friburgo
en 1902 y Einsiedeln en 1906 se pedía la institución de esta fiesta; tanto
más después de la creación de la de cristo rey en 1925. Luego del movimiento
internacional "Pro regalitate Mariae" de María Desideri, que surge en Roma
en 1933, recogió peticiones de todo el mundo a favor de esta fiesta, que Pío
XII, en el centenario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción
en 1954, hacía posible con la encíclica "Ad coeli Reginam", ofreciendo los
motivos histórico-teológicos de la misma.
Los nuevos textos, compuestos para la introducción de la fiesta en 1955, no
hacen sino evidenciar la temática que será expresada en la encíclica
Marialis cultus (n.6): "Resplandece como reina e intercede como madre", con
la referencia a la fiesta de la asunción, en la antífona del Magníficat:
"Hoy la virgen María sube a los cielos; alegras, porque reina con Cristo
para siempre". El cambio de fecha desplaza la memoria del ámbito devocional
del fin del mes mariano (31 de mayo) al ámbito teológico, vinculándola al
misterio de la asunción de María. En los nuevos formularios no se ha
explicitado mucho el otro fundamento teológico de la realeza de María,
consiguiente a su participación especial en la redención (cf LG 61),
expresado ya en la encíclica de Pío XII.
2. Mensaje y
actualidad
De las tres oraciones de la misa, la colecta delinea los fundamentos de esta
realeza, invocando a "Dios todopoderoso, que nos ha dado como madre y como
reina a la madre de su unigénito". El título de María, que es invocado ante
todo como madre, no hace competencia sin duda al de Cristo rey, porque no se
sitúa en el mismo plano (no es de origen bíblico). Subraya ya con la mención
de un padre oriental (san Efrén siro) no tanto una posición jurídica de
mando, parecida a la de una reina soberana o emperatriz, sino más bien un
atributo de su maternidad divina; es decir, una trasposición de la dignidad
materna al plano del servicio, no del dominio. María es reina porque es
madre del rey de los reyes. Es independiente del hecho de una descendencia
real de David, como si ésta fundara una competencia por naturaleza; tal
supone, empero, la primera estrofa del himno de laudes: "Prole real de la
davídica estirpe".
La parte final de la oración invoca que, por la intercesión de María,
"alcancemos la gloria de los hijos de Dios en el reino de los cielos". Por
eso insinúa ante todo que se promete la realeza mesiánica de los apóstoles y
después también a todos los cristianos, en cumplimiento de las palabras de
Jesús (Lc 22,28-30): "Vosotros habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y
yo os voy a dar el reino... para que... os sentéis sobre tronos para juzgar
a las doce tribus de Israel". Las otras dos oraciones no tratan esta
temática; en cambio resalta en la homilía de san Anselmo de Lausana, obispo
(siglo XII), en el oficio de lectura, donde se exalta esta realeza descrita
en el salmo 44,10. Se insiste sobre todo en el servicio que María nos
ofreció en su vida: ante todo con la bienaventuranza de su fe; luego con el
ejercicio de su maternidad universal, como se dice en el himno del oficio de
lectura: "Tú, partícipe de la pasión, eres madre de los hombres"; por fin,
con el ejercicio de la misericordia para con nosotros: "Tú, reina, con tus
oraciones nos obtienes que el Señor se sienta reconciliado".
La liturgia de las horas, al exhortarnos a cantar después de completas la
antífona "Ave Regina coelorum" compuesta en el siglo XII, cantada
originariamente en nona, con sus variaciones del saludo angélico en
aclamaciones hímnicas (Ave, Salve, Gaude, Vale) nos hace gustar la
consolación de esta realeza materna, de la cual imploramos también "los
gozos de la luz que ahuyenta las tinieblas" en el reciente himno de laudes
de Lentini. No hay ninguna contraposición entre la reina del cielo y la
mujer del evangelio próxima al hombre, como dice el nuevo texto del rito
para la coronación de la imagen de la virgen María, en el cual se inspira el
prefacio del formulario número 29 de las "MIsas de santa María virgen"
(Barcelona 1988, 145).
Prefacio
Tú has querido coronar a la madre de Cristo
con una diadema real
para que pudiera demostrar a sus hijos,
con ayuda más eficaz,
su amor y benevolencia.
Nosotros nos alegramos hoy por su singular dignidad
y, exultantes por el don recibido,
unidos a todos los habitantes del cielo,
con voz unánime te cantamos, oh Padre, el himno de alabanza.
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