|
|
21 de Agosto
SAN PÍO X, papa
( 1835 - 1914 )
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de san Pío X, muerto en Roma el 21 de agosto de 1914
y canonizado en 1954, nos introduce en un período de la historia de la
Iglesia atormentado por leyes subversivas en Francia, por la dolorosa
división entre el estado italiano y la Santa Sede y por el período
modernista.
José Sarto, nacido en Riese (Treviso, Italia) en 1835 de familia campesina,
después de los estudios en el seminario de Padua, fue ordenado sacerdote a
los veintitrés años. Tras recorrer casi todos los grados de la vida pastoral
directa: capellán en Tómbolo, párroco de Salzano, canciller de la curia de
Treviso y director espiritual del seminario, fue elegido en 1884 obispo de
Mantua, y por fin patriarca de Venecia y cardenal, después de haber esperado
el "exequatur" gubernativo dieciséis meses. En el cónclave de 1903, después
del veto de Austria a la elección del cardenal Rampolla, fue obligado a
aceptar la elección de papa, pese a sus protestas de incapacidad: "Soy
incapaz e indigno. Olvidadme ¡ayudadme!".
Su pontificado fue uno de los más fecundos, no sólo por las obras de reforma
litúrgica (sobre todo del breviario, de la misa, del canto gregoriano, de la
participación litúrgica más activa y de la comunión eucarística), sino
también por las orientaciones de la vida pastoral de la Iglesia con su
"Catecismo" - predicado por él mismo todos los domingos - y con la
promulgación de las leyes canónicas: reformas de la curia romana,
simplificación de las normas burocráticas, edición de las "Acta apostolicae
sedis", iniciación de la codificación canónica con nuevas leyes
matrimoniales, promoción de los estudios y de la formación del clero. Hubo
de enfrentarse con no pocas dificultades a causa de su desinterés por la
diplomacia y de su intransigencia contra toda clase de progresismo, que le
ocasionaron graves conflictos con Rusia, Alemania, Estados Unidos (rechazó
la visita de Teodoro Roosevelt), España y Portugal. Sin nostalgia alguna del
poder temporal, sino más bien defendiendo la neta separación entre los
poderes hasta prohibir la política al clero, se sentía padre espiritual de
todos.
Presintiendo la proximidad de la primera guerra mundial en 1914 ("La guerra
se acerca", solía repetir a menudo), moría veintidós días después del
estallido de las hostilidades, pronunciando en su agonía estas palabras:
"¡Pobres hijos míos! Ofrezco mi vida. Millones de hombres van a morir. Me
hubiera gustado evitarla, pero no he podido". Su cuerpo incorrupto es
venerado en un altar de San Pedro en el Vaticano. En 1959 fue llevado a
Venecia para cumplir una promesa hecha antes de salir para el cónclave:
"Vivo o muerto, volveré"
2. Mensaje y actualidad
a) La “colecta” de la misa nos ofrece una síntesis de la fisonomía de Pío X:
"Señor, Dios nuestro, que para defender la fe católica e instaurar todas las
cosas en Cristo colmaste al papa san Pío X de sabiduría divina y fortaleza
apostólica". En primer lugar resalta la fortaleza de este papa, que, como
primer acto de fuerza, condenó el derecho de "veto" que conservaban todavía
algunas naciones, y que no obstante le había facilitado su elección en el
cónclave, y conminó la excomunión a todo el que se hiciera portavoz del
mismo. Otro acto de fuerza fue la disolución de la Obra de los congresos,
sospechosa de síntomas de revelión o de presunción, favoreciendo, empero,
aquellos movimientos que luego recibirán, bajo Pío XI, el nombre de Acción
Católica. Además, contra las leyes cultuales francesas (votadas en Francia
por el masón Combes), que consideraba profundamente injuriosas contra Dios,
y rechazando el concordato con aquella república laicista, pronunció,
después de haber mirado el crucifijo, un firmísimo "Non possumus!", que les
costó a los franceses la separación total entre Iglesia y Estado en 1905,
con la confiscación de los bienes eclesiásticos, incluidos las propiedades
de la Iglesia, y la consiguiente pobreza del clero.
Por fin, la condena del modernismo, primero con el decreto "Lamentabili" y
luego con la encíclica "Pascendi". El modernismo, fundándose en las teorías
positivistas, propugnaba una actualización de la doctrina de la Iglesia con
métodos que entonces parecieron de suficiencia científica, de rebelión
desciplinar y de soberbia espiritual, como la conocida novela de Fogazzaro "Il
santo", donde se contrapone un tipo de profeta modernista al papa
tradicionalmente ortodoxo. La defensa de la doctrina católica amenazada se
inspiraba siempre en el lema de su pontificado: "Instaurare omnia in Christo",
que para él era un programa integral de reconducción de todo al "orden de la
soberanía de la cruz"; como él mismo había esbozado ya en su primera
encíclica, reprobando el "amargo celo" de ciertas personas intransigentes
que "abusaban de fáciles acusaciones en lugar de construir".
La intercesión final de la colecta invoca a Dios que también nosotros,
"siguiendo su ejemplo y su doctrina, podamos alcanzar la recompensa eterna".
Por un lado permitió una actitud nueva del Vaticano en lo tocante a la
cuestión romana, predisponiendo indirectamente su futura solución; por el
otro promovió un mayor empeño en la vida interna de la Iglesia. Por
precisión, estas enseñanzas han de colocarse en la situación centralista del
gobierno eclesiástico. Ésta fue expresada sea con actitudes
antidemocráticas, que favorecían alguno sistemas paternalistas (protección
inicial a la Action francaise, prohibición del "Le Sillon" en Francia); sea
por el rechazo de la colaboración con los partidos no abiertamente católicos
o asociaciones interconfesionales en Alemania; sea, en fin, por su
tradicionalismo frente a todo peligro de progresismo, por lo que los
seguidores del movimiento reformista fueron tachados de rebeldes.
b) En la oración sobre las ofrendas se apela al ejemplo de Pío X, para que
"celebremos con dignidad estos santos misterios y los recibamos con fe". El
aspecto de la reforma litúrgica fue, sin duda, central en su obra a partir
del "motu propio" Tra le sollecitudini (1903), donde se afirma que "de la
única fuente indispensable de la participación en los divinos misterios se
puede sacar el verdadero espíritu cristiano". Se puede decir que preparó la
gran reforma litúrgica del concilio Vaticano II al insistir en que los
fieles no rezasen en la misa, sino la misa: con la renovación de la música
sagrada y la promoción del canto tradicional gregoriano: "Quiero que el
pueblo rece decorosamente", solía decir. Contra el abuso de las
misas-concierto de estilo mas bien profano; con la nueva distribución del
salterio en el breviario como testimonia el elogio de los Salmos contenido
en la constitución "Divino afflatu", que se nos ofrece en el oficio de
lectura como meditación sapiencial, y con la renovación de los estudios
bíblicos, tan importantes para un estudio más científico de la palabra de
Dios con la fundación del Instituto Bíblico y preparación de la edición
crítica de la Vulgata.
c) Por fin, en la oración después de la comunión, donde se pide a Dios "que
por la eficacia de esta eucaristía seamos fuertes en la fe y vivamos la
unidad en el amor", se recuerda el famoso decreto Quam singulari para la
extensión de la comunión eucarística a los niños ya desde el uso de razón, y
para la comunión frecuente, que él mismo propugnaba, contra las reacciones
de los jansenistas y de los modernistas, con una frase sintomática: "Me lo
ha inspirado Dios". Con esta eucaristía anticipada a los niños no sólo se
quería reivindicar que ella no es un premio, sino una medicina; no una
conquista, sino una ayuda; se quería asimismo inculcar la confianza en la
fuerza del simple deseo de recibir al Señor o de sentir su presencia contra
toda pretensión racionalista de tener que entender antes. Por lo demás, el
amor de los pequeños provenía también de su espíritu de pobreza, que le
acompañó siempre incluso en el ambiente vaticano, por lo que escribió en su
testamento: "Nací pobre, he vivido pobre y deseo morir pobre". La actualidad
de estas palabras hacen superar todas las reservas posibles de ciertas
actitudes integristas, que han de releerse en el contexto histórico de aquel
difícil momento socio-religioso. En san Pío X prevalecía la intención de
renovar internamente la Iglesia.
|