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19 de Agosto
SAN JUAN AUDES, presbítero
( 1601 - 1680 )
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de san Juan Audes, muerto en Caén (Normandía,
Francia) el 19 de agosto de 1680 y canonizado en 1925, nos traslada al
candente clima francés, dominado por el rigor de los jansenistas, que le
combatieron tenazmente. Fue uno de los principales reformadores de la vida
religiosa de uno de los principales reformadores de la vida religiosa de
Francia en el siglo XVII; tanto que el venerable Olier lo llamó "la rareza
de su siglo". Nacido en Ri, en la diócesis de Séez (Normandía) en 1601,
primogénito de siete hermanos, fue educado en los jesuitas, entrando después
en la Congregación del Oratorio, fundada por De Bérulle en París. Fue
discípulo de dos santos: del mismo De Bérulle y de Ch. de Condren. Aquí fue
ordenado sacerdote en 1625. Vuelto a su Normandía, solicitado por la peste
que la devastaba en 1631, se prodigó generosamente, logrando evitar la
muerte por contagio. Luego reemprendió las misiones propiamente dichas,
hasta que en 1639 fue nombrado superior del Oratorio de Caén, continuando su
obra de las misiones populares y de las conferencias especiales al clero
tanto en Normandía como en Bretaña.
Pero el Señor le empujaba, tal vez inspirado por la mística y primera
terciaria del Sagrado Corazçon María des Vallées, de la que escribió una
biografía calificada de herética por un jansenista, a emprender la obra de
formación del clero en los seminarios, de la que no se ocupaba
explícitamente el Oratorio. Por ello, dejando este instituto en 1643, fundó
la Congregación de Jesús y María, hoy de los Padres Eudistas, esto es, de
sacerdotes seculares dedicados a la predicación en la campiña y a la
dirección de los seminarios. Pese a las dificultades iniciales, era apoyado
por Olier, por toda la Compañía del Santísimo Sacramento (M. de Renty),
dirigida por el padre De Condren, y por san Vicente de Paúl. Además de ésta,
fundó en 1644 la Obra de Nuestra Señora de la Caridad o del Refugio, que se
transformará en el Instituto del Buen Pastor de Angers, para la recuperación
de las muchachas extraviadas. Luego desarrolló desde 1641 el culto de los
sagrados corazones de Jesús y de María juntos, como una especia de Tercera
Orden de la Sociedad admirable del Corazón de la Madre de Dios. Tras
cuarenta y ocho años de misiones para la recristianización de la campiña,
murió a los setenta y nueve años, después de renunciar al cargo de primer
superior general de su congregación y de superar tormentosas tribulaciones
en los últimos años. Las regiones evangelizadas por él en el siglo XVII aún
siguen ostentando la huella de la fe, a diferencia de las otras hoy
descristianizadas de Francia.
2. Mensaje y
actualidad
La “colecta” de la misa focaliza los rasgos de este gran discípulo del padre
De Bérulle, heredero de las ideas del padre De Condren, émulo de san Vicente
de Paúl y de M. Olier, con la invocación: "Dios, que elegiste a san Juan
Eudes para anunciar al mundo las insondables riquezas del misterio de
Cristo". En efecto, él, en el reino de Luis XIII y bajo Richelieu, fue un
reformador y predicador que - en un contexto donde la gran piedad de la
Iglesia estaba en crisis a causa de las superstición en la fe de los
humildes, de la impostura de los grandes, de la ignorancia del bajo clero y
de la ostentación de los privilegiados del alto clero - supo difundir el
amor a Cristo. En el oficio de lectura, la página del "Tratado sobre el
admirable Corazón de Jesús" nos presenta a este corazón como la única fuente
de la verdadera vida y el fundamento de este culto, componiendo en 1699 un
oficio del sagrado corazón para uso de su congregación. No es una devoción
más, porque, como diría él mismo, "la ciencia de la devoción consiste en no
apegarse a ninguna práctica o ejercicio particular de devoción". No se
trata, pues, del corazón anatómico de Cristo, sino del amor mismo de Cristo
a su Padre, sin olvidar el amor de Jesús por nosotros. También en la oración
Ave Cor, dedicada a María, para la Congregación de Nuestra Señora de la
Caridad, se refiere siempre al amor.
El final de la colecta ruega "que por su palabra y su ejemplo crezcamos en
el conocimiento de la verdad de Dios y vivamos según el evangelio". La
victoria contra el jansenismo se debe, entre otras cosas, a la difusión de
esta devoción a los corazones de Jesús y de María, que era lo esencial de su
evangelio. Difundía esta devoción con las predicaciones, con los libros("La
vida y el reinado de Jesús en las almas cristianas", donde desarrolla la
idea de Jesús que vive en nosotros) y con las cartas. Los frutos de esta
evangelización en una situación religiosa desoladora como la francesa bajo
Enrique IV, Luis XIII y Luis XIV, fueron notables: la magia y superstición
eran sustituidas por la fe y las prácticas religiosas; al feudalismo
eclesiástico, la corrupción e ignorancia del clero se opuso y valorizó la
formación de los seminarios con la creación del modelo de su congregación,
donde el ideal era la integridad de la vida sacerdotal.
Se puede decir que este "apóstol y doctor del culto de los sagrados
corazones", como lo llamó Pío X, después de santa Gertrudis, santa Catalina
de Siena, santa Matilde, santa María Margarita Alacoque y santa Teresa de
Ávila, sigue siendo hoy un maestro de aquella espiritualidad del amor
afectivo que él mismo explica así: "Los misterios de Jesús no han llegado
todavía a su total perfección y plenitud... El Hijo de Dios quiere comunicar
y extender en cierto modo y continuar sus misterios en nosotros y en toda su
Iglesia".
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