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16 de Agosto
SAN ESTEBAN DE HUNGRÍA
( 969 / 70 - 1038 )



1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de san Esteban, rey de Hungría, muerto el 15 de agosto de 1038, después de cuarenta y dos años de reinado, en Alba Real (Szekesfehérvar), y canonizado en 1083, es celebrada el primer día libre después de la asunción. Esteban, cuyo nombre originario era Vajk, sucedió en el reino a su padre Geza, duque pagano casado con una mujer cristiana: Sarolt. Orientó a Hungría hacia el cristianismo como Clodoveo en Francia, Etelberto en Inglaterra, Recaredo en España, Miczislav en Polonia, Boris en Bulgaria y Vladimiro en Rusia, admitiendo a los misioneros bávaros en su reino. Casado en el año 955, por consejo del arzobispo Adalberto de Praga, con la princesa Gisela de Baviera, hermana del futuro Enrique III, tras la muerte de su padre, en el año 997, emprendió la evangelización de su país, que ya había iniciado en el siglo IX la Iglesia de Constantinopla, aunque seriamente comprometida en el siglo XI por la crisis de la Iglesia de Oriente, sirviéndose particularmente de los benedictinos de Cluny.
Entre las diversas opciones posibles a la sucesión a su padre, afrontó tres problemas de política: eligió Occidente y no Oriente; la independencia más bien que el vasallaje al imperio romano-germánico o bizantino; la unidad nacional más bien que es una política fundada en el ordenamiento feudal de las tribus, pero conservando con un prudente empirismo las costumbres del pueblo a través del clan como elemento social y económico y combatiendo el poder tribal separatista y antirreal. Fundó muchos monasterios, como el de San Martín de Pannonhalma y el de Pecsvarad, que fueron grandes centros misioneros; y sirviéndose del monje Anastasio y del obispo de Praga Astrik para una misión a Roma, obtuvo del papa Silvestre II la diadema, la cruz procesional y los poderes para crear obispados y nombrar dignatarios eclesiásticos, soldando el Estado a la Iglesia nacional. Durante esta política de emancipación, apoyada por el emperador Otón III, fue coronado en la navidad del año 1000. Vio morir prematuramente a su hijo Emerico, de extraordinarias virtudes.
Murió casi septuagenario, siendo enterrado en Szekesfehérvar; sus reliquias, junto con las del hijo, fueron veneradas – bajo Gregorio VII – con un rito entonces equivalente a la canonización. En 1686 Inocencio XI extendió la fiesta a toda la Iglesia. La imagen tradicional nos lo presenta con un manto de coronación (casula), entregado después a la iglesia de Santa María in Civitate Alba, abadía donde murió, símbolo no sólo de su nombre (Esteban = corona, en griego), sino también de la unidad nacional, en el campo de tensión de nada menos que cuatro civilizaciones confinantes: turca al este, greco-eslava en los Balcanes, latino-germánica en occidente y eslavo-pagana al norte.


2. Mensaje y actualidad
La “colecta” de la misa pone en evidencia el rasgo principal de este rey, que condujo a su pueblo a la fe en Cristo. Se invoca a Dios por su Iglesia, que “tenga como glorioso intercesor en el cielo a san Esteban de Hungría, que durante su reinado se consagró a propagarla en este mundo”. Después de dar muerte al jefe de los magiares paganos, que se había revelado contra él (Koppany) en la batalla de Vezprem, se dedicó a su evangelización, usando incluso medios represivos, que en aquel tiempo eran legítimos, contra los vicios morales. Secundado por el veneciano Sagredo en esta obra, consagró su reino a María, llamada la “Gran Señora”. Y, haciendo justicia a los pobres que él mismo catequizaba, fundía en aquel siglo de hierro su obra religiosa con la social y política, creando así un modelo ideal en la historia de la Iglesia durante muchos siglos. Por eso fue llamado por el papa, por su celo en lograr conversiones, “rey apostólico”.
Los ejes de su acción político-religiosa fueron éstos. Ante todo se garantizó la independencia, con las guerras que le hicieron batallador, sin llegar a la crueldad; como en el caso de la defensa contra el ejército de Conrado II de Alemania, que en el año 1030 había invadido Hungría para oponer su política contra Venecia y Bizancio, cuando mandó hacer oraciones y ayunos, que sirvieron para conjurar el peligro. Un obispo cronista contemporáneo subrayó su bondad con los vencidos: la misma mutilación del conjurado Wasul fue interpretada como acto de clemencia. En segundo lugar organizó la estructura eclesiástica, queriendo fundar doce diócesis con dos metrópolis (de Gran y Kalacsa); creó solamente diez, poniendo al mando de las mismas a hombres honrados, entre ellos al docto benedictino Gerardo. Además construyó muchas iglesias, entre otras la iglesia catedral metropolitana de Eztergom, y después la de Szekesfehérvar. Para ello dividió el país en tantos condados como archidiaconados eclesiásticos (39); puso al mando del reino a un consejo real o dieta; adoptó leyes importadas de Francia y Baviera para regular la economía y la política, pero respetando y reorganizando las viejas costumbres de los clanes. Por fin favoreció la construcción de monasterios, creando preciosos servicios para los viajeros piadosos, que hicieron famoso entre los extranjeros. Para esto prefirió a los monjes benedictinos.
La intercesión de la colecta ruega: “que tu Iglesia tenga como glorioso intercesor en el cielo a san Esteban de Hungría”. Se puede decir que este monarca de espíritu benedictino, que todos los años tenía la costumbre de depositar su cargo real en la iglesia de San Martín (luego San Esteban) para indicar que lo ejercía en nombre de Dios, sigue siendo en nuestros días un modelo de prudencia. Como puede deducirse de su exhortación, reproducida en el oficio de lectura y tomada de sus consejos redactados para su hijo: “En nuestro reino, hijo amadísimo, la fe debe considerarse aún joven y reciente, y por esto necesita una especial vigilancia y protección; que este don, que la divina clemencia nos ha concedido sin merecerlo, no llegue a ser destruido o aniquilado por tu desidia, por tu pereza o por tu negligencia”. No fue sólo un genio de la diplomacia, sino también el creador de la grandeza de su pueblo, haciendo del mismo uno de los bastiones del mundo cristiano contra el peligro mongol y turco. Su ejemplo de soberano sabio y celoso, aunque en un contexto muy diverso, es siempre actual.
 

 

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