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13 de Agosto
SAN PONCIANO, papa y SAN HIPÓLITO, presbítero, mártires
( 235 ? )
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de la inhumación en sus cementerios rituales: en la
vía Tiburtina del sacerdote Hipólito y en el de Calixto del papa Ponciano,
es atestiguada por la “Depositio martyrum” y por el calendario filocaliano
en la fecha del 13 de agosto. Así fueron reunidos nuevamente los dos santos
separados en el medioevo, cuyos cuerpos habían sido trasladados desde
Cerdeña, donde, deportados en el año 235, murieron a causa de los malos
tratos en las minas locales.
Según las noticias históricas, este Hipólito, mártir romano, no ha de
confundirse con otros dos personajes: un obispo, escritor oriental residente
en Roma, y un escritor cismático, autor de los “Philosophoumena” y de los
demás obras enumeradas (tal vez la “Traditio apostólica”, antigua fuente
litúrgica romana) en el pedestal de la estatua de Hipólito, en la Biblioteca
vaticana. La inscripción que compuso el papa Dámaso en honor de Hipólito,
venerado en la vía Triburtina, revela la incertidumbre de la tradición. En
efecto, él recurre al siguiente relato: Hipólito, “cuando arreciaban las
órdenes del tirano, fue sacerdote y permaneció siempre en el cisma de
Novato; en el tiempo en que la espada se cebó en las vísceras de la madre
Iglesia, mientras fiel a Cristo marchaba hacia el reino de los santos, el
pueblo le preguntó qué dirección tenía que seguir, y respondió que todos
debían seguir la fe católica. Así mereció, confesando la fe, ser nuestro
mártir. Dámaso refiere lo que ha oído. Cristo lo prueba todo”. Estas
noticias inciertas nos llevarían a confundir al sacerdote Hipólito con el
escritor rigorista que, atacando al papa Ceferino, acusado de excesiva
indulgencia, llegó a convertirse en antipapa contra Calixto en el 217; y
luego, habiéndose reconciliado en el destierro con el papa Ponciano, había
renunciado a su cargo por la unidad de la Iglesia. Dado que la identidad
entre el mártir Hipólito y el escritor no es admitida hoy por todos, en el
oficio de lectura se ha elegido una carta de san Cipriano dirigida a unos
cristianos encarcelados por la fe, unos quince años después de la
deportación de Ponciano y de Hipólito. Las noticias inciertas sobre
Hipólito, que se reflejan también en el himno de Prudencio, donde se alude
al martirio de Hipólito – que murió arrastrado por caballos -, se suman a la
incongruencia de explicar por qué – en la hipótesis de identidad del mártir
de la “Depositio” con el cismático del Catálogo Liberiano – el papa Ponciano
está propuesto en la memoria a su antagonista romano.
Las noticias sobre Ponciano no son muy precisas. Sólo sabemos que fue
sucesor del papa Urbano I en el año 230 y que quizá, por la benevolencia del
emperador Alejandro, pudo continuar el vasto plan de gran administrador
iniciado por Calixto. Con la sucesión del emperador Maximino el Tracio se
renovó la persecución contra los cristianos. Ponciano, que debía hacer
frente al cisma de Hipólito, renunció el 28 de septiembre del 234 a su
legítimo cargo, porque había sido condenado a la deportación en Cerdeña,
donde murió. El papa Fabián, en el período de paz recuperada, hizo traer los
cuerpos de ambos mártires a Roma e inhumar el de Ponciano en la cripta de
los papas en el cementerio de Calixto, con la leyenda en griego sobre su
tumba: “Ponciano obispo”. En la puerta de entrada a la cripta se lee otra
inscripción, tal vez contemporánea: “Ponciano vive en Dios con los demás
santos obispos”. La noticia de su muerte, en el “Liber pontificalis” el 30
de octubre, proviene de una confusión entre las dimensiones del papa y su
muerte.
2. Mensaje y actualidad
La “colecta” pide a Dios “que el glorioso martirio de sus santos aumente en
nosotros los deseos de amarte y fortalezca la fe en nuestros corazones”. Es,
pues, la solidaridad del martirio lo que aquí se recuerda; es decir, la de
los ministros de la Iglesia local (uno obispo y el otro sacerdote). Como
dice Cipriano en la carta citada, “dichosa Iglesia nuestra, a la que Dios se
digna honrar con semejante esplendor, ilustre en nuestro tiempo por la
sangre gloriosa de los mártires. Antes era blanca por las obras de los
hermanos; ahora se ha vuelto roja por la sangre de los mártires... Que cada
uno de nosotros se esfuerce ahora por alcanzar el honor de una y otra
altísima dignidad, para recibir así las coronas blancas de las buenas obras
o las rojas del martirio”.
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