Alberdi 3065 (2700) Pergamino (BA) - Tel 02477 429001  -  Diócesis de San Nicolás de los Arroyos                                                            |    |    |    |

Principal

Actividades

Parroquia

Caritas

Colegio

Jardín de Infantes

Imágenes

Reflexiones

Homilías

Meditaciones

Relaciones

Nuestra Patrona

Nuestra Diócesis

Catequesis en la Red

El Credo

Los Mandamientos

Los Sacramentos

La Oración Cristiana

Los Santos

El Sermón de la Montaña

Tiempos Litúrgicos

Adviento y Navidad

Cuaresma

Pascua

Donaciones

10 de Agosto
SAN LORENZO, diácono y mártir
( + 258 )



1. Nota Histórico-litúrgica
Es muy antigua la fiesta del mártir diácono romano, que, según la “Depositio martyrum” del calendario jeronimiano, sufrió el martirio en la vía Tiburtina, naciendo para el cielo el 10 de agosto del año 258, cuatro días después de los demás miembros del colegio de diáconos romanos que fueron que fueron ajusticiados con el papa Sixto II. Ya se celebraba en el siglo IV con una vigilia solemne de oraciones; y también en Roma, en el siglo VI, el solemne de oraciones; y también en Roma, en el siglo VI, el sacramentario veronense le dedicaba nada menos que cuatro misas, con el privilegio de la octavo además de la vigilia. La fiesta estaba difundida en África. Agustín nos ha dejado cuatro sermones. Y en Italia (también lo celebra san Máximo de Turín), Prudencio, después de Ambrosio, relató su pasión (Actas de Policronio y de sus compañeros, hacia el 550), sin duda legendaria en muchos detalles (Lorenzo sería de origen español y lo habría traído desde Toledo a Roma el papa Sixto), que luego inspiraron las antífonas y los responsorios del oficio.
Según san Ambrosio, que cita tal pasión después de más de un siglo, Lorenzo habría sido quemado en una parrilla por excepción, en lugar de ser decapitado según la costumbre romana. Su sepultura se halla en la vía Tiburtina, en el Agro Verano (el actual cementerio romano), donde, más de cincuenta años después, Constantino hizo construir una basílica sobre su tumba, enterrada en una pequeña catacumba. Luego ha sufrido distintas transformaciones, hasta llegar a la iglesia construida por el papa Pelagio en el siglo VI, reconstruida posteriormente por Honorio III. Es una de las siete iglesias mayores de Roma. Al santo atribuyó en su fiesta Otón I las victorias sobre los húngaros. Felipe II construyó El Escorial sobre planta en forma de parrilla. En Roma se le dedicaron a este protomártir diácono – que según el Carmen atribuido al papa Dámaso habría salido ileso de los tormentos y preservado milagrosamente de la muerte -, además de la iglesia del Agro Verano, las siguientes iglesias de los títulos de San Lorenzo in Damaso, San Lorenzo in Lucina, San Lorenzo in Panisperna y San Lorenzo in Palatio. La iglesia estacional del santo es la primera de las cinco iglesias patriarcales presidida por los sacerdotes en los títulos urbano. Hoy, en el arco triunfal de la basílica, Lorenzo está representado con la cruz entre las manos y el libro con la leyenda: “Disperdidit, dedit pauperibus” (Sal 111,9)

2. Mensaje y actualidad
Las oraciones de la misa y los diversos textos de la liturgia de las horas configuran la fisonomía de este protodiácono de la Iglesia romana, de quien la antífona de entrada dice que “se mantuvo fiel al servicio de Dios y alcanzó la gloria del martirio”. El significado de este martirio está, pues, en la diaconía de la Iglesia entera.
a) En la “colecta” se señalan dos notas características. En la primera se invoca a Dios, “encendido en cuyo amor san Lorenzo se mantuvo fiel a su servicio y alcanzó la gloria del martirio”. El ardor de este amor fue, pues, una fidelidad a su ministerio diaconal, como dice san Agustín en el sermón para el oficio de lectura: “En ella administró la sangre sagrada, en ella también derramó su propia sangre por el nombre de Cristo”. También en la segunda antífona de las vísperas se pone en conexión este sacrificio de la vida con el sacrificio del Señor: “San Lorenzo exclamó: “Soy del todo dichoso, porque he merecido ser hostia de Cristo”. En el relato legendario, del que se sirve san Ambrosio, se ponen en boca de Lorenzo, dirigiéndose al papa Sixto, estas palabras: “... a mí, a quien has confiado la consagración de la sangre del Señor”. También se lee en la “passio”: “¿Hacia qué meta te diriges, padre santo, sin tu diácono? Tú nos has tenido nunca la costumbre de ofrecer el sacrificio sin tu diácono. ¿Qué te ha disgustado en mí, padre? ¿Me has encontrado indigno, por ventura? Pruébame y ve si has elegido a un ministro indigno para la distribución de la sangre del Señor. ¿Le negarás quizá a aquel que has admitido a los sagrados misterios que sea tu compañero para derramar su sangre?
En los himnos del oficio se refleja la tradición legendaria según la cual Lorenzo habría sido martirizado por haber desobedecido a una ley fiscal, que imponía entregar los supuestos tesoros de la Iglesia. Después de haber reunido a todos los pobres y enfermos, le habría dicho al juez: “He aquí los tesoros de la Iglesia”. Es precisamente este fervor de la caridad sacado de la sangre de Cristo el que transforma el instrumento del martirio: el fuego que lo consume se convierte en fuego de amor heroico. Así canta la primera estrofa de las laudes: “Mi alma está unida a ti, porque mi cuerpo ha sido quemado por ti, Dios mío”.
La intercesión de la colecta pide que el pueblo de Dios llegue a “amar lo que él amó y a practicar sinceramente lo que nos enseñó”. En la inscripción que el papa Dámaso hizo poner en la basílica de San Lorenzo Extramuros se encuentran estos versos del verdugo, las llamas, los tormentos, las cadenas sólo pudo vencerlos la fe de Lorenzo. Dámaso, suplicante, colma de dones estos altares, admirando el mérito del glorioso mártir”.
b) La “oración después de la comunión” suplica “que este sacrificio, humilde servicio de tu pueblo, aumente en nosotros los frutos de la salvación”. La “passio”, siempre pródiga en detalles, cuenta que la última fase del martirio, lleno de crueles tormentos, Lorenzo, ya extendido en la parrilla ardiente e invitado aún a sacrificar a los dioses, respondió: “Yo me ofrezco a Dios en sacrificio de suave dolor, porque un espíritu contrito es un sacrificio para Dios”. Y mientras los verdugos atizaban el fuego, dirigiéndose a Decio, dice: “Mira, miserable, ya has asado un costado; dale la vuelta, y cómetelo. Yo te doy gracias, Señor Jesucristo, porque he merecido franquear las puertas de tu reino”. El gesto de Lorenzo al señalar en los pobres los tesoros de la Iglesia sigue siendo la gran enseñanza que hemos de seguir. También el valor que le llevó a desafiar a sus verdugos con la irónica frase que se ha vuelto célebre: “El asado está pronto”, es señal de que el mártir, como Cristo en la cruz, no clama venganza; incluso sabe mostrarse humorista, como lo sería un día Tomás Moro. En efecto, el misterio de la redención, en el que está íntimamente inserto, se convierte en un anticipo de la inmortalidad y de la misma incorruptibilidad de la resurrección, hasta superar todos los dolores físicos.
Del ejemplo de este mártir diácono, de quien Ambrosio nos ha transmitido una larga oración de setenta versos, compuesta para la Iglesia de Roma, sobre la parrilla ardiendo, se puede aprender no sólo el amor por esa ciudad que justamente lo celebra como su tercer patrono, tras los apóstoles Pedro y Pablo, sino también el amor a nuestra Iglesia local. El mismo concilio Vaticano II ha fundado la eclesiología de la catolicidad en la realidad originaria apostólico-petrina de cada Iglesia particular unida a la Iglesia madre de Roma. El mismo vínculo cronológico y personal entre Sixto y Lorenzo que han establecido las fuentes es significativo asimismo en este sentido.
 

Prefacio
Cristo, tu Hijo,
ofreciendo su vida por nuestro rescate,
nos amó hasta el fin
y así nos enseñó que no hay amor más grande
que el de aceptar la muerte por los hermanos.
En esta escuela,
Lorenzo, discípulo auténtico y fiel,
dio a los hombres, con su martirio,
la prueba suprema de amor.
 

 

Parroquia Santa Julia

  Alberdi 3065 - Pergamino  (BA) - República Argentina |Diócesis de San Nicolás de los Arroyos

Teléfono:  02477 429001 | email: informa@capsantajulia.com.ar