Alberdi 3065 (2700) Pergamino (BA) - Tel 02477 429001  -  Diócesis de San Nicolás de los Arroyos                                                            |    |    |    |

Principal

Actividades

Parroquia

Caritas

Colegio

Jardín de Infantes

Imágenes

Reflexiones

Homilías

Meditaciones

Relaciones

Nuestra Patrona

Nuestra Diócesis

Catequesis en la Red

El Credo

Los Mandamientos

Los Sacramentos

La Oración Cristiana

Los Santos

El Sermón de la Montaña

Tiempos Litúrgicos

Adviento y Navidad

Cuaresma

Pascua

Donaciones

5 de Agosto
DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA
(siglos IV / XIV)



1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de la dedicación de la basílica de Santa María la Mayor en el Esquilino, celebrada por el papa Sixto III (432-440), que se la ofreció al pueblo de Dios el 5 de agosto, “Syxtus episcopus plebi Dei”, era de carácter local hasta el siglo XIV, cuando se difundió la leyenda de la fundación de la basílica, cuya planimetría, según la invitación de una aparición de la Virgen al patricio Juan, sería trazada milagrosamente por la nieve en pleno estío romano la noche del 5 al 6 de agosto. De ahí el nombre popular de Santa María de la Nieve (ad Nives). Fue llamada también “Beata Maria ad praesepe” desde el siglo VII, cuando se difundió la voz de que la basílica albergaba el pesebre de Belén. El martirologio jeronimiano atribuye a esta fecha la dedicación de la basílica, que fue cristianizada en tiempo del papa Libero (de allí el nombre de Basílica Liberiana), y luego restaurada hacia el 435. En la cima del arco triunfal se lee aún la inscripción antes recordada; también son visibles los treinta y seis mosaicos que adornan la nave central, del siglo V, testimonios del arte o de la teología del bajo imperio. La fiesta entró en el calendario romano en 1586.


2. Mensaje y actualidad
La “colecta” reproduce la antigua oración gregoriana para la fiesta de la asunción y está enteramente centrada en el misterio de la divina maternidad de María, cuya basílica fue dedicada al Señor que “perdone los pecados de sus hijos, y ya que nuestras obras no pueden complacerle”, se apela a “la salvación por medio de la madre del Hijo de Dios”. El auxilio especial de la madre de Dios está justificado no sólo por la antigüedad de esta basílica entre las iglesias marianas dedicadas a María, sino también por el hecho de que es una de las cuatro basílicas mayores primarias o patriarcales, en cuanto ella representa al patriarcado de Antioquia y es la mayor iglesia mariana de Roma.
Se trata, pues, de revisar el fundamento mismo o principio genético de todos los demás dones concedidos a la Virgen, la “Theotokos”, como nos invita a hacer en el oficio de lectura el fragmento de la homilía pronunciada con fervor por Cirilo de Alejandría en la basílica de Éfeso ante los padres reunidos en el concilio: “Quiera Dios que todos nosotros reverenciemos y adoremos la unidad, que rindamos un culto impregnado de alabanzas, a María siempre Virgen, el templo santo de Dios, y a su Hijo y esposo inmaculado”. Por fin, se puede recordar que también en el canon romano se encuentra una de las menciones más antiguas de la divina maternidad de María.
En efecto, si en los primeros concilios de Nicea y de Constantinopla se proclama la fe en las dos naturalezas de Cristo – divina y humana -, sólo la reflexión de fines del siglo IV pudo aclarar el modo de esta unión. Mientras que Apolinar de Laodicea afirmaba que el Verbo (Logos), al encarnarse, había asumido sólo el cuerpo y el alma sensitiva, pero había sustituido la parte espiritual de la naturaleza de Cristo, creyendo salvar así una unidad real y perfecta del Verbo encarnado y al par el título de “Theotokos” ya dado a la Virgen, las dos escuelas, tanto la alejandrina como la antioquena, se opusieron a tal negación de la integridad de ambas naturalezas de Cristo, proclamada por el sínodo de Nicea. Pero la verdadera solución fue dada sólo por la escuela alejandrina, que defendió una unión intrínseca, real, hipostática y no sólo externa y moral, según los antioquenos; es decir, en el único ser o subsistencia del Verbo; por lo que es legítimo el intercambio de los atributos y, en consecuencia, es legitimado también el título de “Tehotokos” y no sólo de “Christotokos” dado a María.
La terminología todavía fluida sobre el significado del término “hipóstasis”, que para Atanasio seguía significando sustancia o naturaleza, mientras que para Cirilo Alejandrino ya indicaba “subsistencia”, como se establecerá luego en el concilio de Calcedonia, fue sin duda la causa de varias impugnaciones por parte tanto de Nestorio como de los antioquenos, y sucesivamente de los monofisitas. La unión en el Verbo según la naturaleza (katá physin) ya no será entendida como “según la subsistencia" (así lo creía aún Atanasio), sino según la esencia o naturaleza; y por este motivo es incociliable con la unidad de la hipóstasis entendida entendida como persona (próposon, según se dirá luego en Calcedonia. En Éfeso esta doctrina fue expresada por Cirilo en su segunda carta a Nestorio, aprobada por los ciento veinticinco obispos presentes en la primera sesión del concilio de Éfeso y proclamada solemnemente como expresión de la fe de Nicea. Los “Anatemi cirilliani”, que formaban parte de la tercera carta de Cirilo a Nestorio, hoy son considerados como parte de las actas disciplinares del concilio de Éfeso, subsiguientes al valor teológico-dogmático dado a la segunda carta.
Esta misteriosa convergencia de las naturalezas de Cristo en su subsistencia divina del Verbo (hipóstasis) se verificó en el seno de María, que engendró según la carne (o la naturaleza humana) al mismo e idéntico Hijo engendrado desde la eternidad en el seno del Padre. Por tanto, no fue una inserción sucesiva del Verbo divino en el hombre nacido de María, sino que el “primogénito según la carne” unió a sí la generación de su carne: para esta fórmula, Cirilo apelaba “a la fe más segura y a los santos padres”. Por consiguiente, el título de “Theotokos” es inferible sólo parcialmente del término mismo de “engendradora”, que engloba todo el proceso genético de la concepción y del parto, pero de modo exhaustivo de las precisiones doctrinales que especifican que María no es engendradora según la divinidad, sino según la humanidad; es realmente engendradora del Verbo encarnado.
Evidentemente, cualquier otro aspecto que no tuviera que ver con este momento genético de la maternidad, fue ajeno a las preocupaciones de Éfeso; así como también este aspecto racional del misterio prescindía aún de la referencia explícita de la acción del Espíritu Santo en la maternidad divina. Esta dimensión triunfal del título de madre de Dios ha constituido durante algunos siglos el único título de señoría y de gloria para la madre del Verbo encarnado, poniendo en segundo plano las demás dimensiones evangélicas, que nos presentan la humilde realidad de María “esclava del Señor”; y se la puede comprender en la situación socio-cultural del impero bizantino. Pero hoy debe integrarse con toda la aportación del desarrollo teológico posterior, hasta los recientes descubrimientos bíblicos del culto mariano (cd JUAN PABLO II, encíclica “Redemptoris Mater”).

 

 

Parroquia Santa Julia

  Alberdi 3065 - Pergamino  (BA) - República Argentina |Diócesis de San Nicolás de los Arroyos

Teléfono:  02477 429001 | email: informa@capsantajulia.com.ar