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1 de Agosto
SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, obispo y doctor de la Iglesia.
(1696 - 1787)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de san Alfonso, muerto en Nocera dei Pagani (Campania,
Italia) el 1 de agosto de 1787, canonizado en 1839 y proclamado doctor de la
Iglesia en 1871, exalta a otro fundador de instituto religiosos, la
Congregación del Santísimo Redentor, en una época dominada por el
racionalismo y por la Iglesia estatal.
Nacido en Marianella, cerca de Nápoles, de una antigua familia noble, en
1696, se doctoró en derecho civil y canónico con sólo diecisiete años. Tras
el fracaso en la defensa de un proceso importante entre el duque Orsini y el
gran duque de Toscana a causa de un documento que anulaba toda defensa
argumentativa, abandonó la abogacía en 1723, rechazando todas las propuestas
de matrimonio y de vida mundana. Después de haber realizado los estudios
eclesiásticos y haber abrazado una sociedad misionera de sacerdotes
seculares y una confraternidad eclesiástica al no poder entrar en los
Oratorios, fue ordenado sacerdote a los treinta años, en 1726. Se dedicó
primeramente a la formación de los misioneros para China en un seminario
fundado en Nápoles, prodigándose también a favor de los enfermos en la
epidemia que atacó a Nápoles en 1729 y predicando las misiones a los pobres
de la ciudad. Pero el obispo de Castellammare di Stabia, Tomás Falcoia, lo
invitó a predicar las misiones a los pobres abandonados de la campiña (como
pudo ver en Scala, una aldea situada en el golfo de Amalfi); y una religiosa
de un convento (M.C. Crostarosa) le reveló los designios de Dios acerca de
él para la fundación de un nuevo instituto.
La fundación de su congregación en 1732 encontró inmediatamente dificultades
por la defección de algunos miembros; pero Alfonso, aunque se le tachara de
ambicioso desde el púlpito, se dedicó a la formación de sus miembros,
imponiendo los votos en 1740 y haciendo la profesión religiosa. Elegido
rector mayor del instituto en 1743, solicitó el reconocimiento oficial del
rey de Nápoles, cuyo ministro B. Tanucci rechazó la aprobación del decreto,
mientas que el papa Benedicto XIV aprobó en 1749 la fundación del nuevo
Instituto del Santísimo Redentor, que se propagó más allá de las fronteras
italianas merced a los esfuerzos de san Clemente Hofbauer. También se
difundió, sobre todo fuera de Italia, la compañía contemplativa de las
redentoristas. Después de trece años de dedicación a su instituto, para
formar a los misioneros y mantener los resultados de las misiones para los
fieles, fue nombrado, a los sesenta y seis años, contra su voluntad, obispo
de Sant´Agata dei Goti (Benevento) por el papa Clemente XIII en 1762, donde
se prodigó a lo largo de trece años en un apostolado extraordinario. Pero
atacado por la enfermedad de la gota a los setenta y nueve años, fue
exonerado del cargo por el papa Pío VI. Entonces pudo retirarse a Nocera dei
Pagani (al sur de Nápoles), donde siguió escribiendo hasta su muerte, que lo
sorprendió a los noventa y un años.
2. Mensaje y actualidad
a) La "colecta" de la misa inserta esta figura en los designios
providenciales de "Dios, que suscita continuamente en su Iglesia nuevos
ejemplos de santidad". En efecto, se alude a la dificultad de dar una
fisonomía precisa a este nuevo instituto religioso, que hubo de esperar
hasta 1780 para ser aprobado en el reino de Nápoles. Al clima de pesimismo
religioso y de rigorismo jansenista de la época, Alfonso opuso su gran
principio, expresado en el lema "Copiosa apud Deum redemptio"; es decir, una
inmensa confianza en la misericordia redentora de Dios, que disolvía el
sistema puritano del jansenismo, proponiendo el método del probabilismo en
su "Theologia moralis". En efecto, contra los rigoristas y los
probabilioristas, que querían que en la duda se eligiera lo más seguro,
Alfonso adoptó un probabilismo moderado contra las polémicas suscitadas por
las "Provinciales" de Pascal, que no permitía la infracción de la ley so
pretexto de una opinión probable cualquiera, sino que exigía que esta
probabilidad se basara en fundamentos intrínsecos y extrínsecamente iguales
en solidez que los de la opinión favorable a la ley, pero ciertamente
dudosa. Aun haciendo uso de la casuística, este sistema moderado sirvió para
devolver el equilibrio a la enseñanza de la teología moral contra los
ataques de los jansenistas rigoristas y de otros teólogos dominicos,
convirtiéndose así en el precursor de la nueva moral.
El resto de la oración nos hace pedir a Dios que podamos "imitar con el celo
apostólico a su obispo san Alfonso María de Ligorio, para que podamos
compartir en el cielo su misma recompensa".
La gran facilidad de palabra que inflamó a Alfonso en la evangelización de
la campiña, así como su versatilidad poética y musical, le permitieron
difundir las canciones espirituales preferidas por el pueblo. También las
diversas obras ascéticas "Visitas al santísimo sacramento", "Las glorias de
María", "El gran medio de la oración" y "La práctica de amar a Jesucristo"
hicieron de él un clásico de la vida espiritual. En el oficio de lectura nos
instruye con esta sabiduría afectiva: "Dios, sabiendo que al hombre se lo
gana con beneficios, quiso llenarlo de dones para que se sintiera obligado a
amarlo: Quiero atraer a los hombres a mi amor con los mismos lazos con que
habitualmente se dejan seducir: con los vínculos del amor".
b) En la "oración sobre las ofrendas" se dice que Alfonso "se ofrecía a sí
mismo como hostia de alabanza". Esta ofrenda de un obispo tan devoto de la
eucaristía se alimentó sobre todo en su trabajosa tarea de introducir su
orden en el reino de las Dos Sicilias, por lo que en 1780 hubo de sufrir
persecución por parte de sus mismos cohermanos. En efecto, después de que el
ministro Tanucci, en nombre del rey Carlos III, se negara a reconocer su
instituto, él, pese a contar con la protección del nuevo rey Fernando IV
para obtener su aprobación, sufrió el fraude de una sustitución de los votos
por un simple juramento y de la subordinación de los religiosos a la
jurisdicción de los obispos (cláusulas insertas en el texto del reglamento
sometido a la firma del rey, que lo aprobó tal como estaba). No obstante su
grito de queja: "Me han engañado", su instituto se dividió en dos ramas,
porque la parte que estaba bajo los Estados pontificios se desgajó y obtuvo
la aprobación papal, mientras que el santo fue excluido de la familia que
había fundado, cuyo superiores mayores eran acusados de haber adoptado un
sistema parcialmente diferente de su regla y haber desertado del instituto.
A esta prueba, que afrontó con gran confianza en Dios, predeciendo que
después de su muerte volvería a recuperarse la unidad, se añadirá, de 1784
en adelante, la noche del espíritu, con tentaciones y escrúpulos que le
hicieron dudar al gran moralista de su salvación y le impedían comulgar.
Pero, abrasado siempre en el amor de Dios, Alfonso superaba estas pruebas.
c) En la "oración después de la comunión" se invoca: "Dios, que hiciste a
san Alfonso María predicador y ministro fiel a estos santos misterios,
concédenos, por su intercesión, la gracia de celebrarlos con frecuencia y de
alabarte siempre al recibirlos". La referencia a la promoción del culto
eucarístico, especialmente a la práctica de las visitas al santísimo
sacramento, además de a las canciones y las melodías, es evidente. También
en su ministerio episcopal prestaba mucha atención al modo en que los
sacerdotes celebraban la misa, haciendo las observaciones y rectificaciones
oportunas. Llegó incluso a crear un monasterio de religiosas redentoristas
para ofrecer a los demás monasterios un ejemplo y a toda la diócesis la
ayuda de una comunidad de fervientes contemplativas donde el culto
eucarístico fuese celebrado con honor.
También en nuestro tiempo posconciliar el llamamiento a la centralidad del
culto eucarístico, aunque más centrado en la acción sacrificial participada
de los fieles, puede asumir valencias populares, inspiradas en el celo de
este apóstol de la eucaristía, que hizo de la redención y de la acción de
gracias por amor de Dios, demostrado en la continua presencia eucarística,
uno de los fundamentos de su espiritualidad.
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