Alberdi 3065 (2700) Pergamino (BA) - Tel 02477 429001  -  Diócesis de San Nicolás de los Arroyos                                                            |    |    |    |

Principal

Actividades

Parroquia

Caritas

Colegio

Jardín de Infantes

Imágenes

Reflexiones

Homilías

Meditaciones

Relaciones

Nuestra Patrona

Nuestra Diócesis

Catequesis en la Red

El Credo

Los Mandamientos

Los Sacramentos

La Oración Cristiana

Los Santos

El Sermón de la Montaña

Tiempos Litúrgicos

Adviento y Navidad

Cuaresma

Pascua

Donaciones

1 de Agosto
SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, obispo y doctor de la Iglesia.
(1696 - 1787)



1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de san Alfonso, muerto en Nocera dei Pagani (Campania, Italia) el 1 de agosto de 1787, canonizado en 1839 y proclamado doctor de la Iglesia en 1871, exalta a otro fundador de instituto religiosos, la Congregación del Santísimo Redentor, en una época dominada por el racionalismo y por la Iglesia estatal.
Nacido en Marianella, cerca de Nápoles, de una antigua familia noble, en 1696, se doctoró en derecho civil y canónico con sólo diecisiete años. Tras el fracaso en la defensa de un proceso importante entre el duque Orsini y el gran duque de Toscana a causa de un documento que anulaba toda defensa argumentativa, abandonó la abogacía en 1723, rechazando todas las propuestas de matrimonio y de vida mundana. Después de haber realizado los estudios eclesiásticos y haber abrazado una sociedad misionera de sacerdotes seculares y una confraternidad eclesiástica al no poder entrar en los Oratorios, fue ordenado sacerdote a los treinta años, en 1726. Se dedicó primeramente a la formación de los misioneros para China en un seminario fundado en Nápoles, prodigándose también a favor de los enfermos en la epidemia que atacó a Nápoles en 1729 y predicando las misiones a los pobres de la ciudad. Pero el obispo de Castellammare di Stabia, Tomás Falcoia, lo invitó a predicar las misiones a los pobres abandonados de la campiña (como pudo ver en Scala, una aldea situada en el golfo de Amalfi); y una religiosa de un convento (M.C. Crostarosa) le reveló los designios de Dios acerca de él para la fundación de un nuevo instituto.
La fundación de su congregación en 1732 encontró inmediatamente dificultades por la defección de algunos miembros; pero Alfonso, aunque se le tachara de ambicioso desde el púlpito, se dedicó a la formación de sus miembros, imponiendo los votos en 1740 y haciendo la profesión religiosa. Elegido rector mayor del instituto en 1743, solicitó el reconocimiento oficial del rey de Nápoles, cuyo ministro B. Tanucci rechazó la aprobación del decreto, mientas que el papa Benedicto XIV aprobó en 1749 la fundación del nuevo Instituto del Santísimo Redentor, que se propagó más allá de las fronteras italianas merced a los esfuerzos de san Clemente Hofbauer. También se difundió, sobre todo fuera de Italia, la compañía contemplativa de las redentoristas. Después de trece años de dedicación a su instituto, para formar a los misioneros y mantener los resultados de las misiones para los fieles, fue nombrado, a los sesenta y seis años, contra su voluntad, obispo de Sant´Agata dei Goti (Benevento) por el papa Clemente XIII en 1762, donde se prodigó a lo largo de trece años en un apostolado extraordinario. Pero atacado por la enfermedad de la gota a los setenta y nueve años, fue exonerado del cargo por el papa Pío VI. Entonces pudo retirarse a Nocera dei Pagani (al sur de Nápoles), donde siguió escribiendo hasta su muerte, que lo sorprendió a los noventa y un años.


2. Mensaje y actualidad
a) La "colecta" de la misa inserta esta figura en los designios providenciales de "Dios, que suscita continuamente en su Iglesia nuevos ejemplos de santidad". En efecto, se alude a la dificultad de dar una fisonomía precisa a este nuevo instituto religioso, que hubo de esperar hasta 1780 para ser aprobado en el reino de Nápoles. Al clima de pesimismo religioso y de rigorismo jansenista de la época, Alfonso opuso su gran principio, expresado en el lema "Copiosa apud Deum redemptio"; es decir, una inmensa confianza en la misericordia redentora de Dios, que disolvía el sistema puritano del jansenismo, proponiendo el método del probabilismo en su "Theologia moralis". En efecto, contra los rigoristas y los probabilioristas, que querían que en la duda se eligiera lo más seguro, Alfonso adoptó un probabilismo moderado contra las polémicas suscitadas por las "Provinciales" de Pascal, que no permitía la infracción de la ley so pretexto de una opinión probable cualquiera, sino que exigía que esta probabilidad se basara en fundamentos intrínsecos y extrínsecamente iguales en solidez que los de la opinión favorable a la ley, pero ciertamente dudosa. Aun haciendo uso de la casuística, este sistema moderado sirvió para devolver el equilibrio a la enseñanza de la teología moral contra los ataques de los jansenistas rigoristas y de otros teólogos dominicos, convirtiéndose así en el precursor de la nueva moral.
El resto de la oración nos hace pedir a Dios que podamos "imitar con el celo apostólico a su obispo san Alfonso María de Ligorio, para que podamos compartir en el cielo su misma recompensa".
La gran facilidad de palabra que inflamó a Alfonso en la evangelización de la campiña, así como su versatilidad poética y musical, le permitieron difundir las canciones espirituales preferidas por el pueblo. También las diversas obras ascéticas "Visitas al santísimo sacramento", "Las glorias de María", "El gran medio de la oración" y "La práctica de amar a Jesucristo" hicieron de él un clásico de la vida espiritual. En el oficio de lectura nos instruye con esta sabiduría afectiva: "Dios, sabiendo que al hombre se lo gana con beneficios, quiso llenarlo de dones para que se sintiera obligado a amarlo: Quiero atraer a los hombres a mi amor con los mismos lazos con que habitualmente se dejan seducir: con los vínculos del amor".
b) En la "oración sobre las ofrendas" se dice que Alfonso "se ofrecía a sí mismo como hostia de alabanza". Esta ofrenda de un obispo tan devoto de la eucaristía se alimentó sobre todo en su trabajosa tarea de introducir su orden en el reino de las Dos Sicilias, por lo que en 1780 hubo de sufrir persecución por parte de sus mismos cohermanos. En efecto, después de que el ministro Tanucci, en nombre del rey Carlos III, se negara a reconocer su instituto, él, pese a contar con la protección del nuevo rey Fernando IV para obtener su aprobación, sufrió el fraude de una sustitución de los votos por un simple juramento y de la subordinación de los religiosos a la jurisdicción de los obispos (cláusulas insertas en el texto del reglamento sometido a la firma del rey, que lo aprobó tal como estaba). No obstante su grito de queja: "Me han engañado", su instituto se dividió en dos ramas, porque la parte que estaba bajo los Estados pontificios se desgajó y obtuvo la aprobación papal, mientras que el santo fue excluido de la familia que había fundado, cuyo superiores mayores eran acusados de haber adoptado un sistema parcialmente diferente de su regla y haber desertado del instituto. A esta prueba, que afrontó con gran confianza en Dios, predeciendo que después de su muerte volvería a recuperarse la unidad, se añadirá, de 1784 en adelante, la noche del espíritu, con tentaciones y escrúpulos que le hicieron dudar al gran moralista de su salvación y le impedían comulgar. Pero, abrasado siempre en el amor de Dios, Alfonso superaba estas pruebas.
c) En la "oración después de la comunión" se invoca: "Dios, que hiciste a san Alfonso María predicador y ministro fiel a estos santos misterios, concédenos, por su intercesión, la gracia de celebrarlos con frecuencia y de alabarte siempre al recibirlos". La referencia a la promoción del culto eucarístico, especialmente a la práctica de las visitas al santísimo sacramento, además de a las canciones y las melodías, es evidente. También en su ministerio episcopal prestaba mucha atención al modo en que los sacerdotes celebraban la misa, haciendo las observaciones y rectificaciones oportunas. Llegó incluso a crear un monasterio de religiosas redentoristas para ofrecer a los demás monasterios un ejemplo y a toda la diócesis la ayuda de una comunidad de fervientes contemplativas donde el culto eucarístico fuese celebrado con honor.
También en nuestro tiempo posconciliar el llamamiento a la centralidad del culto eucarístico, aunque más centrado en la acción sacrificial participada de los fieles, puede asumir valencias populares, inspiradas en el celo de este apóstol de la eucaristía, que hizo de la redención y de la acción de gracias por amor de Dios, demostrado en la continua presencia eucarística, uno de los fundamentos de su espiritualidad.
 

 

Parroquia Santa Julia

  Alberdi 3065 - Pergamino  (BA) - República Argentina |Diócesis de San Nicolás de los Arroyos

Teléfono:  02477 429001 | email: informa@capsantajulia.com.ar