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29 de Julio
SANTA MARTA
(siglo XIII)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de santa Marta, hermana de María y Lázaro, se celebra
ahora el día octavo de la fiesta de santa María Magdalena (indebidamente
identificada con la hermana de Marta de Betania, según la tradición
franciscana de 1262) y fue difundida en la Edad Media por influencia de las
“Leyendas” provenzales. Por desdicha falta una única memoria para los tres
“hospites Domini” de Betania, que, sin embargo, celebran las liturgias
francesas del siglo XVIII (el 2 de septiembre) y que hoy sigue en vigor en
el calendario benedictino en esta fecha. La leyenda nos recuerda que los
tres hermanos fueron embarcados por los judíos en un batel sin velas, que
atracó en Marsella, donde Marta es particularmente honrada. En los
sinaxarios bizantinos ambas hermanas “miróforas” (portadoras de aromas),
María y Marta, son veneradas el 6 de junio; en Occidente, antes de la
identificación de María Magdalena con María de Betania, se celebra a Marta
con María el 19 de enero a causa de una confusión de nombres; o bien el 17
de diciembre (martirologios de Adón y de Usuardo) .
Es verdad que santa Marta no ha gozado nunca de la popularidad de María
Magdalena, considerada erróneamente como su hermana. También fue poco
popular en Oriente el culto de María de Betania, aunque en Mc 14,9 Jesús
recomiende la perpetuación de su recuerdo. Cuando al final del siglo XII se
difundió la leyenda de la venida de María Magdalena a Provenza (por medio de
Vézelay), se pensó que la iglesia dedicada hacía mucho tiempo a Marta en
Tarascón era la de su hermana de Betania. En cualquier caso, el
descubrimiento de sus presuntas reliquias en 1187 relanzó el culto de la
santa, con la iconografía de Marta que libra al país de la “tarasca” u
horrible dragón. La “Vite S. Martae”, del siglo XII, que narra cómo llegó a
Provenza, corresponde a la “Vita Apostólica” legendaria de María Magdalena.
2. Mensaje y actualidad
Las tres oraciones de la misa, con relativas antífonas de entrada (cena de
Betania) y de comunión (resurrección de Lázaro), evidencian tres episodios
que definen a esta santa, elegida como patrona de los posaderos y de los
asilos, porque aparece como aquella que sirve a la mesa.
a) El primer tema lo expresa la “colecta”: “Dios todopoderoso, cuyo Hijo
aceptó la hospitalidad de santa Marta y se albergó en su casa; concédenos...
servir fielmente a Cristo en nuestros hermanos”. En esta casa de Betania,
situada a cinco o seis kilómetros de Jerusalén (en la parte opuesta al monte
de los Olivos, en el camino de Jericó), Jesús es acogido como huésped y
amigo por los tres hermanos (cf Jn 11,5: antífona de vísperas en el
Magnificat). Jesús cultivó la amistad de esta mujer, porque aceptó “con
agrado su solicitud caritativa”.
b) El segundo tema recuerda el dulce reproche que le hace Jesús a Marta, y
pide que el Señor “nos aparte de las cosas perecederas, para que, a ejemplo
de Marta, podamos servirle en la tierra con caridad sincera”. Este texto
recuerda el fragmento de la lectura de la misa (Lc 10,38-42), que es
alternativo a Jn 11, 19-27, y quiere subrayar la jerarquía de los valores,
pero sin contraponerlos: como si Marta fuera el modelo de la mujer
laboriosa, en contraste con su hermana, emblema de los contemplativos. Jesús
poniendo a María en su lugar ante las quejas de la hermana (“Mientras tú
atiendes gozosa al Señor, tu hermana...”), afirma que cada cual debe servir
en su propio rol, respetando la primacía de los valores espirituales, porque
sólo las preocupaciones de las cosas perecederas contrastan con el propio
servicio de amor realizado con entusiasmo. El sermón de san Agustín, en el
oficio de lectura, nos invita a recordar que “en medio de la multiplicidad
de ocupaciones de este mundo, hay una sola a la que debemos tender”.
c) El tercer tema es la de la profesión de fe proclamada por Marta en la
enfermedad de Lázaro, cuando sale al encuentro de Jesús (cf antífona de
comunión y de las laudes en el Benedictus, retomada por el evangelio de la
misa: Jn 11,1-44, alternativo al de Lc 10). Es sin duda de un gran valor,
porque ha inspirado uno de los contenidos más antiguos en la preparación
bautismal, el V domingo de cuaresma, que todavía se sigue proponiendo en el
rito actual de la iniciación cristiana de los adultos. Se trata de reavivar
la esperanza cristiana, que puede consolarnos incluso en circunstancias
parecidas a aquella en que Marta (Jn 11, 32-33) vio llorar a Jesús.
Prefacio
En verdad es justo y necesario
exaltarte, oh Dios de infinita misericordia,
celebrando con dignas alabanzas a Cristo, rey del universo,
en la fiesta de santa Marta,
que lo acogió gozosa en su casa
y lo sirvió con unción y afectuosa premura.
por la generosidad de su corazón
consiguió que su hermano Lázaro,
muerto hacía cuatro días, resucitase
y mereció estar unida eternamente
en el reino de los cielos
con aquel que había hospedado.
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