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14 de Julio
SAN CAMILO DE LELIS, presbítero
(1550-1614)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de san Camilo, muerto en Roma junto a la iglesia de
la Magdalena el 14 de julio de 1614, canonizado en 1746 y proclamado patrono
de los enfermos y de los hospitales en 1886, así como del personal
hospitalario junto con san Juan de Dios en 1930, se inserta en la sociedad
renacimental y postridentina.
Nacido en 1550 en Bucchianico (Chieti, Italia) de noble familia de militares
y entrado en la carrera militar, poniéndose al servicio de Venecia y de
España contra los turcos, se dejó arrastrar a una vida desordenada
especialmente por el juego de las cartas y los dados, enrolándose en bandas
de mala fama, hasta el punto de hacerse casi esclavo. En 1517 quedó
impresionado por una conversación con un padre capuchino, se convirtió y
decidió entrar en religión, iniciando el noviciado, que abandonó más tarde.
Herido, para curarse de una llaga en el pie se dirigió por segunda vez a
Roma al hospital de Santiago de los Incurables, y ante el horripilante mal
servicio prestado por los sirvientes a los enfermos, tuvo la inspiración, en
1582, de instituir una compañía de "hombres piadosos y de bien que sirvieran
a los enfermos no por lucro, sino por puro amor de Dios". Sufrió el influjo
decisivo de san Felipe Neri para la fundación de su Orden de los Clérigos
Regulares de los ministros de los Enfermos. Habiéndose trasladado al gran
hospital romano de Santo Spirito, fundado por Inocencio III en 1299 con el
título de "Hospitium Apostolorum" y renovado suntuosamente por Sixto IV,
empezó aquella nueva experiencia que dio vida a su orden, llamado luego en
1591 también de los "padres de la buena muerte", a la que se le impone un
voto especial de misericordia que obliga tanto a los sacerdotes en la cura
espiritual de los enfermos como a los laicos en la asistencia corporal.
Después de dos años decidió ordenarse de sacerdote y se estableció en la
iglesia de la Magdalena, junto al Panteón, donde permaneció veinte años,
hasta su muerte. En la terrible inundación del Tíber de 1598 logró salvar a
los enfermos de modo heroico con seis ayudantes tan sólo. En 1607, por
disensiones internas de la congregación, renunció al cargo de general y se
dedicó nuevamente al servicio de sus amados enfermos.
2. Mensaje y actualidad
La nueva "colecta" expresa perfectamente el carisma de este gigante (tenía
una estatura de dos metros) de la caridad, que de antiguo jugador pasó a ser
un apasionado practicante de la caridad; en efecto, el texto invoca a "Dios,
que ha enaltecido a san Camilo de Lelis con el carisma singular del amor a
los enfermos". Como se lee en su "Vida", escrita por un compañero suyo y que
tenemos en el oficio de lectura, veía en los enfermos a la persona de Cristo
con tal convicción que a menudo, mientras les daba de comer, pensando que
fueran otros cristos, les pedía la gracia y el perdón de sus pecados. Por
eso Camilo consideraba al enfermo como su "Señor y dueño", del cual era
ministro, conforme al dicho evangélico (Mt 25,36). Pretendía, para el
enfermo, hasta introducir el rito de acogida, que él mismo cuidaba
personalmente.
La parte intercesora de la colecta pide para nosotros "el espíritu de
caridad, para que, sirviendo a Cristo en nuestros hermanos, podamos llegar
seguros a Dios en la hora de la muerte". Camilo, que había respondido a un
cardenal que lo buscaba, que "estaba con Jesucristo", es decir, con un pobre
enfermo, y que sólo después de acabar le daría audiencia, fue robado no
solamente por enfermedades físicas lacerantes, sino también por los
tormentos del demonio. Fue el apóstol no sólo de los moribundos y enfermos,
sino también de todos los desheredados de cualquier clase, hasta decir: "Si
no hubiera pobres, habría que excavar hasta el fondo de la tierra para
encontrar a alguno". Este hombre impulsivo y pasional, convertido en uno de
los triunviros de la caridad insaciable con san Vicente de Paúl y san Juan
de Dios, decía: "Quisiera tener un corazón tan grande como el mundo". Su
ejemplo es también en nuestros días una invitación para dar a la asistencia
hospitalaria su verdadero espíritu; esto es, la primacía de las personas de
los enfermos frente al anonimato de las estructuras, donde se ven reducidos
a partes enfermas confiadas al personal sanitario para ser curadas.
Prefacio
Tú has colmado a nuestro santo padre Camilo
de un singular espíritu fraterno,
para que, hecho en todo semejante a los hermanos,
dedicase su vida al servicio de los enfermos,
y, reconociendo en ellos a tu propio Hijo en sus padecimientos,
enseñase a todos el modo de servirles
con amor sobrenatural y humano
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