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13 de Julio
SAN ENRIQUE
(973-1024)


1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de Enrique II, duque de Baviera, muerto en Mamberg (Baviera) el 13 de julio de 1024 y canonizado en 1146, nos presenta una figura singular de emperador. Con su política suscitó fuertes reacciones, incluso por parte de la Iglesia, por haberse aliado con los pueblos paganos (liuticios y redaros) contra el cristiano Boleslao, duque de Polonia, que aspiraba a la unión de todos los eslavos occidentales. San Bonifacio le reprochaba que atacaba el principal apoyo de sus esfuerzos para convertir a los paganos de Rusia en 1008.
Nacido en Baviera, en el año 973, de Enrique el Litigioso y el mayor de sus cuatro hermanos (Bruno será obispo de Ausburg, Gisela casará con Esteban de Hungría y Brígida llegará a abadesa de San Pablo de Ratisbona), fue educado religiosamente, sobre todo en los monasterios. San Wolfango, monje de Einsiedeln (luego obispo de Ratisbona y apóstol de Hungría), fue su preceptor e influyó en su espíritu de devoción a la Iglesia y a los monasterios. Elegido duque de Baviera, acompañó a Italia a Otón III para reprimir la rebelión de los romanos contra el papa. Casó con Cunegunda de Luxemburgo por sus virtudes, aunque era de condición inferior a la suya, de la cual, por desdicha, no tuvo hijos.
Después de siete años de gobierno ducal y tras la muerte de Otón III, que había dado a la Iglesia dos papas, entre ellos Silvestre II, el famoso doctor Gerberto, preceptor suyo, fue elegido para la sucesión del trono imperial. Fue coronado en Maguncia en 1997 y después en Roma por Benedicto VIII, en San Pedro en el 1014, recibiendo por vez primera en Occidente el globo de oro rematado por la cruz. Realizó una política eclesiástica que, aplicando los métodos del tiempo, se caracterizó por el recorte de la idea de su predecesor, ya que quería establecer la sede de la renovación del "Imperium Romanorum" no en Roma, sino en Alemania, motivo por el que fundó la diócesis de Bamberg. Se vio obligado casi durante toda su vida a empuñar las armas: ante todo para someter a los rebeldes a su vasto imperio, que le pertenecía después del tratado de Verdún en el 843 y que comprendía la mayor parte de Alemania, los Países Bajos, Bélgica, Suiza, Austria y el norte de Italia; luego, para reprimir las incesantes rebeliones de sus cuñados y para hacer frente al duque de Polonia, Boleslao, con el cual, tras desgraciadas luchas, firmó en 1018 un tratado favorable que le reconocía la independencia. Llamado a Italia por Benedicto VIII, con el que había concertado la reforma de la Iglesia en 1021, en la que interesó asimismo al rey de Francia Roberto el Piadoso, hubo de volver a Alemania. Murió prematuramente a los cincuenta y un años en el palacio imperial de Grona, cerca de Gotinga, disponiendo que se le sepultara en la catedral que había mandado construir y que había sido consagrada por el papa Juan XVII en 1007.


2. Mensaje y actualidad
La "colecta", ahora refundida, subraya que Enrique fue "movido por la generosidad de la gracia de Dios a la contemplación de las cosas eternas". Hallándose al mando de una parte del inmenso imperio de Carlomagno, desorganizado y desunido, hubo de recorrer las provincias del norte para someter a los vasallos rebeldes, al sur para expulsar a un usurpador antes de poderse hacer coronar rey de Italia - de los longobardos - en Pavía por el arzobispo de Milán, y el este contra el príncipe Boleslao. A pesar de ello, cuidó los intereses de la Iglesia participando en los sínodos, proveyendo de obispos dignos a las sedes episcopales y favoreciendo a monjes y monasterios, entre ellos a san Odilón de Cluny y al beato Ricardo de Saint-Vanne. En el discurso pronunciado en el primer concilio de 1003 en Thionville (Lorena) reprochó a los obispos su debilidad frente a los matrimonios incestuosos contraídos incluso en tercer grado de parentesco; y en 1023 apoyó al papa Benedicto VIII en la reforma de la Iglesia con la destitución de los sacerdotes casados, la condena de las simonías en los beneficios y las dignidades eclesiásticas.
A él se le debe la erección de muchas catedrales, la restauración de iglesias deterioradas por los herejes, la fundación de sedes obispales, como la de Bamberg, dedicada a María y a los apóstoles Pedro y Pablo, la restauración del obispado de Merseburgo en 1004, la promoción de las reformas monásticas de Gorze y de San Maximino de Tréveris y la conversión del rey de Bohemia, Esteban. Es legendaria la noticia de su solicitud no aceptada de entrar en la abadía de Verdún; pero es cierta su amistad con todos los monjes de su tiempo, hasta el punto de reclamar sufragios durante su vida y después de su muerte en compensación de las liberalidades dispensadas a los monasterios, que él consideraba como hogares indispensables de plegaria y de civilización para sus poblaciones.
En aquel siglo de hierro este emperador, que asistiera al paso al segundo milenio, es un ejemplo de celo por Dios y por la Iglesia, pese a las limitaciones de la mentalidad de aquellos turbulentos siglos. En el oficio de lectura se encuentra la carta de erección del obispado de Bamberg, sacada de su "Vida" antigua: en ella afirma que "las saludables enseñanzas de la revelación divina nos instruyen y amonestan a que, dejando de lado los bienes temporales y posponiendo las satisfacciones terrenas, nos preocupemos por alcanzar las mansiones celestiales". También expresa su devoción a la Iglesia en la última donación hecha al monasterio de Fulda. Asimismo la leyenda de la castidad conyugal tiene un fundamento parcial en su negativa a usar el derecho legal de la época, que le permitía repudiar a la esposa estéril. También éste es un signo, aunque secundario, de su virtud, ejercitada en aquel contexto socio-cultural, donde, aun sin brillar por su habilidad táctica y política, manifestó una singular fidelidad y dedicación a su deber de rey, tal como lo percibía su conciencia recta y devota, que le inculcaba el deber de personificar al Sacro Imperio.
 

 

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