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22 de Junio
SAN PAULINO DE NOLA, obispo
( 353/4 - 431 )



1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa del obispo de Nola (Campania, Italia) se celebra en su dies natalis, testimoniado por su discípulo Uranio y por el martirologio jeronimiano. Nacido en Bordeaux en el año 353 de una rica familia senatorial romana, después de una sólida formación retórica y poética por parte de su connacional y mayor poeta del tiempo, Ausonio, durante veinte años se dedicó a la vida política, llegando a "cónsul sustituto" en Roma y luego a gobernador de la Campania en el 381. Aquí tuvo sus primeros contactos con Nola y con el culto del mártir san Félix. Vuelto a su patria tras la caída del imperio con la victoria de los godos en Adrianópolis (378), casó con la hispánica Teresia, que compartió sus grandes ideales religiosos de una vida evangélica sin compromisos, precisamente en una Iglesia que corría el riesgo de pactar con el mundo en aquel régimen de cristiandad constantiniana. Sintió el influjo de importantes personajes cristianos, como san Martín de Tours, san Ambrosio, san Vitricio de Ruán, Amando y Delfín, obispo de Bordeaux. En el año 389 pidió el bautismo y, junto con su hermano, se trasladó a España; luego vendió su gran patrimonio y, entre el estupor y la disuasión de muchos amigos, entró en la forma de la vida monástica, tras la muerte prematura de su único hijo, Celso, y el fin violento de su hermano. Por presión del pueblo de Barcelona fue ordenado sacerdote en el 394, sin contarlo, empero, entre el clero de aquella Iglesia. Más tarde rechazó asimismo entrar en el clero de Milán, como le rogaba san Ambrosio.
Habiéndose retirado a Cimitile en los alrededores de Nola, cerca del santuario de san Félix, celebrado por él cada año el 14 de febrero con un poema a propósito, fundó una pequeña comunidad de ascetas "fraternitas monacha" junto con su mujer, compañera ahora de su vida continente, manteniendo un hospicio para enfermos y peregrinos en el santuario de San Félix, fundado por él. En el año 409 Paulino es llamado por el pueblo para suceder al obispo de Nola en un momento difícil, cuando los visigodos de Alarico saquearon Roma en el año 410 y se acercaban amenazadores a Nola. San Gregorio Magno cuenta en sus Diálogos, que Paulino fue a sustituir al hijo de una pobre viuda, prisionero de los vándalos en África, y que éstos lo reenviaron a Nola con todos sus fieles liberados y con una flota llena de víveres. Ciertamente se trata de su sucesor Paulino III, porque la incursión de los vándalos es del año 507. Paulino murió en Nola el año 431, a los setenta y seis años, después de veintidós de episcopado, diez meses después de Agustín, a quien había escrito algunas cartas para consultarle sobre problemas pastorales. Sus restos mortales, trasladados a la isla Tiberia de Roma en el siglo XI, volvieron a su iglesia de Nola en 1909.


2. Mensaje y actualidad
La nueva colecta subraya dos notas del perfil espiritual de este obispo que fue cantor de Cristo y de sus santos en sus Camina. Ante todo, la oración evidencia el "celo pastoral" y el "amor a la pobreza" de Paulino. Aunque es escasa la documentación acerca de su obispado nolano, podemos subrayar, no obstante, el cuidado en cultivar un profundo sentido de la amistad con los personajes de su tiempo, como testimonia su correspondencia con Sulpicio Severo, compañero de experiencias juveniles y discípulo de san Martín de Tours, y resulta de las cartas enviadas a Rufino, Agustín y Nicetas de Remesiana. Poco antes de morir declaró que le habían visitado san Martín de Tours y san Jenaro, el obispo mártir de Nápoles, para acompañarle luego al cielo en su muerte, llorada por todos, cristianos, judíos y paganos, por su indulgencia en hacer observar la rigurosa ley eclesiástica y por la solicitud constante con que socorría las necesidades.
También es singular su amistad con los santos. tal es el caso de san Félix, cuya basílica había ornado con inscripciones, donde se leía: "Aquí brilla la Trinidad en todo el esplendor de su misterio"; "La paz sea con vosotros..."; "Contemplad esta cruz rematada por una corona..." En la carta que escribió a Alipio, obispo de Tagaste, amigo y discípulo de san Agustín, que se lee en el oficio de lectura, acompaña el elogio de la caridad con el envío de una eulogia en signo de comunión: "Envíanos un pedazo de pan a tu santidad como signo de unidad, en la cual está simbolizada también la Trinidad. Dígnate comerlo como una eulogia".
La segunda parte de la intercesión de la colecta refleja su amor a los pobres, por lo que pedimos "imitar los ejemplos de su vida de caridad". En efecto, Paulino se distinguió por el abandono de sus riquezas, distribuyendo su inmenso patrimonio entre los pobres, para afirmar los valores de la pobreza monástica, enfrentándose a la reprobación de los círculos paganos, que seguían manteniendo recelos sobre este nuevo género de vida. Sólo más tarde se vio confortado por el apoyo del papa Anastasio y por los obispos de la Campania. En un poema dedicado a san Félix escribía: "Con todos mis bienes terrenos pagaré la esperanza del cielo, ya que la esperanza y la fe son superiores a la riqueza de la carne". El cristianismo de Paulino es un cristianismo ascético, donde el rico debe ser un generoso administrador de bienes en favor de los pobres y los pobres los preciosos intercesores ante Dios en favor de los ricos; como la continencia de los casados y la virginidad de los no casados deber ser un ideal para todos los cristianos.
La vida austera y pobre de este gran asceta, que asocia a la mujer a su monasterium y al asilo para los pobres ajenos al mismo, es sin duda un ejemplo también hoy en nuestra sociedad consumista. Su verdadero retrato es el elogio de sus virtudes hecho por Uranio: "Oh santo varón, digno de alabanza, según todos, piadoso, misericordioso, humilde y afable".

 

 

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