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11 de Junio
SAN BERNABÉ, apóstol
( siglo XI )
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de san Bernabé, inscrito en el canon romano junto con
Esteban y Matías, ya se celebraba en los calendarios de la ciudad de Roma en
la fecha del 11 de junio desde el siglo XI, común tanto a Oriente como a
Occidente, porque es el día del hallazgo de su cuerpo. En los Hechos de los
Apóstoles es denominado José, y por sobrenombre Bernabé, esto es, “hijo de
la consolación”, apto para confortar a los hermanos, o de la profecía.
Nativo de Chipre, levita, que en los Hechos (4,36) es llamado también
“apóstol”, Bernabé depositó el precio de su campo a los pies de los
apóstoles (he 4,37); luego predicó el evangelio en Antioquia, tercera ciudad
del imperio, sede del legado de César para la provincia de Siria y de
Cilicia. Junto con Pablo, que se había refugiado en Tarso desde hacía una
docena de años (Gál 1,18;12,1) y fue presentado por él a los apóstoles (He
9,27), se dedicó durante más de un año a la catequesis de la recién nacida
comunidad de Antioquia, cuyos habitantes recibieron el nombre de
“cristianos” (he 11,26: que en sí significa “mesiánicos”, por el equívoco
del título de “Cristo”, tomado como nombre propio.
En el primer viaje misionero de Pablo (He 31,2-4) eligió a Chipre como
primer terreno de evangelización (y luego de Asia Menor); y en el segundo se
separó de él para unirse a su prime Juan Marcos y volver a Chipre. Participó
en el concilio de Jerusalén para resolver la controversia de Antioquia
(ritos judíos y fe); y, por fuentes antiguas, sabemos que pasó por Roma y
que fue apedreado por los judíos en Salamina, donde se habría encontrado su
cuerpo en el siglo V. La leyenda lo cuenta entre los setenta discípulos del
Señor; dice también que es autor de la carta a los Hebreos, así como de una
carta de Bernabé, que parece provenir más bien de Alejandría. Sólo es cierto
que en la Iglesia primitiva se leía un evangelio que llevaba su nombre, pero
que no nos ha llegado.
2. Mensaje y actualidad
La nuevas oraciones de la misa recogen la temática bíblica, que nos describe
la fisonomía y la actividad de Bernabé.
a) Ante todo, en la colecta se encuentra el elogio de He 11,24 (cf antífona
de entrada), que lo proclama “lleno de fe y de Espíritu Santo” para
convertir a los pueblos paganos, anunciando fielmente el evangelio de Cristo
con la palabra y las obras, que él testimonió con valor apostólico. También
en los himnos de la liturgia de las horas se cantan las glorias de este
discípulo de Cristo, elegido por Dios (según He 13,2-4) mediante aquel
designo divino que lo asoció a Pablo no sólo en los éxitos, sino también en
la amargura del rechazo de los judíos en Antioquia de Pisidia y en Iconio
(He 13,45-46), y en la espereza de la persecución (He 13, 50-51; 14,25),
hasta la valerosa reacción (He 14,2-3): “Allí se quedaron bastante tiempo,
hablando con valentía del Señor”, pero sin desafiar a la suerte (He 13,51;
14,6).
b) El “amor ardiente que impulsó a tu apóstol san Bernabé a llevar a las
naciones la luz del evangelio”, que nosotros invocamos en la oración sobre
las ofrendas, nos invita a imitar dos rasgos de este estilo apostólico. Ante
todo, el reconocimiento de los dones del Espíritu Santo, con cuya ayuda no
se apartó con falsa humildad de Pablo, sino que le reservó como actividad el
ministerio de la palabra (He 14, 12b), para seguir trabajando por su cuenta.
En segundo lugar, la extrema disponibilidad que le llevó a defender las
nuevas aperturas a los paganos realizadas en la misión de Antioquia ante la
asamblea de Jerusalén. Y, por último, su capacidad de meditación paciente
cuando, en un nuevo viaje misionero en contraste con Pablo, la disensión fue
tal que se separaron uno de otro (He 15, 36-38), porque Pablo no quería
llevar como compañero a Juan, llamado Marcos, que los había abandonado en la
mitad del viaje, y porque tampoco compartía la línea pastoral intransigente.
El himno de laudes recuerda que “fue probado como buen pastor, después de
haber derramado su sangre, con la palma del martirio”.
Del oficio de lectura, en el fragmento de Cromacio de Aquilea, que exalta la
predicación del apóstol como una teofanía de Cristo, podemos recoger esta
advertencia: “la esplendorosa luz que se encendió para nuestra salvación
debe lucir constantemente en nosotros”. Aunque Bernabé no ostente un rol de
protagonista, es el modelo de una síntesis equilibrada entre las dotes de
honradez humana, hasta la coherente generosidad de privarse de sus bienes
(He 4,37), y de un humilde discernimiento de las dotes de los demás,
especialmente de Pablo, pero sin debilidad ni hipocresía.
Prefacio
La voz celestial de tu espíritu segregó a san Bernabé
en medio de la asamblea de los creyentes en Cristo,
le asoció a Pablo y al colegio de los apóstoles
y le envió a anunciar la verdad del evangelio,
para predicar la vida y la salvación a todos los pueblos.
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