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9 de Junio
SAN EFRÉN, diácono y doctor de la Iglesia
(306 - 373)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa trasladada al dies natalis de san Efrén, muerto en el
año 373 en Edesa según la Crónica edesana del 540, mientras que antes se
celebraba el 18 de junio (en Siria y en Oriente se celebra en distintas
fechas, especialmente el 28 de enero), fue inscrita en el calendario romano
por Benedictino XV, que lo proclamó “doctor de la Iglesia” en 1920. Nacido
en Nísibe (Mesopotamia del Norte) de familia cristiana (su padre no era
sacerdote de ídolos), en al año 306, según las controversas noticias
históricas contenidas en su testamento en versos (citado en el panegírico
por san Gregorio de Nisa), fue bautizado a los dieciocho años, aunque fuera
educado desde la infancia en la meditación de las Sagradas Escrituras. Fue
encargado por el obispo Santiago de organizar la escuela de Nísibe, ciudad
que había caído bajo el dominio de los persas después de la derrota de
Juliano el Apóstata. Posteriormente se trasladó a Edesa, donde fue consejero
del obispo Narsete y tomó parte en la fundación de la escuela denominada de
los Persas, que tuvo una orientación teológica más bien antioquena. Aquí
nació la literatura siriaca en su dialecto arameo. Quiso permanecer como
diácono, haciendo vida eremítica en una gruta, y rechazó el episcopado al
que san Basilio le invitaba, hasta simular que estaba loco para evitarlo. En
la carestía del 372/3 se prodigó hasta el agotamiento. Murió en el año 373.
2. Mensaje y actualidad
La nueva colecta subraya un tema del agrado de la Iglesia siriaca: el Señor
le dio al diácono Efrén el fuego de su Santo Espíritu, “para llevar a las
naciones tu mensaje de salvación”. No se hace alusión, como en la colecta
anterior, a la lucha contra los herejes, que él libró con su voz y su pluma:
apolinaristas, milenaristas y sobre todo los gnósticos, discípulos de
Bardesanes (el astrólogo de Edesa), cuyo género poético quiso imitar para
oponerse a sus himnos imbuidos de herejía. Por esto se mereció, por parte de
Teodoreto de Antioquia, el título de guitarra (lira) del Espíritu Santo. Él
por vez primera, en la Iglesia siriaca, creó coros de muchachas que
encantaban a los fieles sentados en los umbrales de las iglesias; y con sus
Cármenes métricos celebró las verdades de la fe no sólo de modo abstracto,
sino con un estilo más bien semítico, inspirado únicamente en las
Escrituras; esto es, evocando la síntesis de las intervenciones
providenciales, que son siempre históricas al par que simbólicas.
En sus obras no sólo encontramos afirmado el primado de Pedro y del papa,
sino también una implícita creencia en la inmaculada concepción de María
cuando, por ejemplo, canta: “Tú y tu madre, Señor, sois los únicos
perfectamente bellos... En tu madre o existe mancha alguna”. El mayor poeta
de la escuela siria, de quien Gregorio de Nisa decía que “el esplendor de su
vida y de su doctrina iluminaba el universo”, fue también un gran polemista
contra los mitos gnósticos. Por eso no hay rito oriental que no use algún
cántico de Efrén; como testimonia la costumbre de leer, apenas veinte años
después de su muerte, en la Iglesia siriaca, algún fragmento de sus obras
después de la Sagrada Escritura.
Su plegaria y sus sermones frecuentemente iban acompañados de lágrimas que
los hacían irresistibles. También en el oficio de lectura la plegaria de
este santo hace referencia, nada menos que dos veces, a los sacramentos: “A
diario te abrazamos en tus sacramentos y te recibimos en nuestro cuerpo.
Haznos dignos de sentir en nuestra persona la resurrección que esperamos.
Poseemos, Señor, en nuestra propia persona tu memorial tomado en la mesa
espiritual; haz que lleguemos a poseerlo en toda su realidad en la
renovación futura”. Es todo un programa de vida espiritual y litúrgica,
válido también hoy para todas las Iglesias, porque pertenece la Iglesia
indivisa (antes de la división entre Iglesia siriaca monofisita y
nestoriana).
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