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6 de Junio
SAN NORBERTO, obispo
(1080/85 - 1134)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de san Norberto, nombrado arzobispo de Magdeburgo
(1126) por Inocencia II y muerto en su sede el 6 de junio de 1134, fue
introducida en el calendario en 1620 y celebra a uno de los hombres de Dios
que más contribuyó a la renovación cristiana del siglo XII con la
restauración de la dignidad del sacerdocio, propugnando la reforma
gregoriana.
Nacido hacia 1080 de la noble familia Gennep de Xanten, pequeña ciudad de
Renania (cerca de Colonia), entró en la corte del arzobispo Federico I de
Colonia y llevó una vida mundana, llegando a ser capellán canónico del
emperador Enrique V. A los treinta y un años fue delegado del emperador en
la Dieta de Ratisbona y le acompañó a Roma para la investidura, rechazando
un obispado (1113). La conversión (ocasionado por el miedo a un temporal),
que fue casi el fruto de su rectitud moral contra los abusos imperiales, fue
seguida por el abad benedictino de Siegburg. Ordenado sacerdote en el 1115
por el arzobispo de Colonia, se dedicó a la predicación itinerante de la
reforma. El obispo de Laon, Bartolomé de Vir, le confió el convento ya
existente de los Canónigos
Regulares bajo la regla de san Agustín, y así fundó una nueva orden, llamada
Premostratense, de “Praemonstratum (Pratum Monstratum)” en el valle de
Premontré (a 10 kilómetros de Laon), el día de navidad de 1121.
Se mantuvo en estrecha relación con san Bernardo, pero su orden se inspiró,
más que en los cistercienses de Cîteaux, en la vida benedictina transcurrida
en Siegburg y en la vida eremítica impuesta a comienzos del siglo XII, por
su compatriota Ludolfo. Mientras se dirigía a Spira para la Dieta del Sacro
Imperio, los habitantes de Magdeburgo estaban en desacuerdo con la elección
del arzobispo. Fue elegido él en 1126 con voto unánime, y dimitió como abad
de Premontré. Murió en su sede episcopal, donde encontró muchos obstáculos
para la reforma de su diócesis (encargo del capítulo episcopal a los
religiosos de su orden, restitución de los bienes eclesiásticos, etc.)
2. Mensaje y actualidad
La nueva colecta pone de relieve el espíritu de oración y el celo pastoral
del santo: “admirable... por su espíritu de oración y su celo apostólico”.
El espíritu de oración lo manifestaba en la contemplación de las realidades
divinas, como afirma la Vida escrita por un canónigo regular de su orden, y
que se encuentra en el oficio de lectura: “su valiente predicación era fruto
de una meditación asidua y contemplativa de las cosas divinas”. Él, que
había tomado como base la regla de san Agustín, supo hacer la primera
síntesis entre la vida monástica y la vida apostólica. San Norberto fue muy
devoto de la santísima Virgen y de la eucaristía (la reforma lo considera el
santo de la eucaristía con la custodia), combatiendo con decisión, junto con
san Bernardo, la herejía de Berengario contra la presencia real.
La segunda característica es su celo pastoral, que se manifestó en la
diócesis de Magdeburgo, bastión avanzado de la cristiandad en el este, que
jugó un papel decisivo en la Iglesia de Alemania, y luego, a través de
monjes premonstratenses, en la evangelización de los pueblos de la otra
parte del Elba, en tierra pagana. Había confiado su proyecto de restauración
del sacerdocio en la Iglesia a Gelasio II ya cuando se entrevistó con él en
Provenza; y cuando en Reims saludó al nuevo papa Calixto II, que le invitó a
abandonar la predicación itinerante para instalarse en un territorio, aceptó
generosamente para ponerse a disposición del obispo de Laon, completamente
entregado a la reforma gregoriana. El empeño demostrado en la recuperación
de los bienes eclesiásticos acaparados por los grandes señores laicos y en
hacer respetar la residencia y la continencia del clero revela sus
principales preocupaciones. Decidió, con toda su orden, la adhesión al nuevo
papa (Inocencio II) del emperador y de Alemania, contra el antipapa Anacleto
II, que se había establecido en Roma; como ya había hecho san Bernardo en
nombre de Claraval y Pedro el Venerable en nombre de Cluny. Se ha de
reconocer que su modelo de vida apostólica, indicado por los Hechos de los
Apóstoles, para promover la reforma según los principios de Gregorio VII –
proponiendo la regla de san Agustín -, es su mérito más grande. Tampoco
puede ignorarse su espíritu apologético y combativo, como el “Triunfo de san
Norberto”, que es la fiesta originada por su predicación en la ciudad de
Amberes, adonde había ido en 1123 para combatir al hereje Tuchelmo (que
negaba la validez de los sacramentos y de la consagración eucarística por
parte de los sacerdotes indignos).
En la conclusión de la colecta se invoca “que, por su intercesión, tu pueblo
encuentre siempre pastores ejemplares que lo conduzcan a la salvación”. En
el oficio de lectura se alude a su propuesta, en la reforma de la vida del
clero, de aquélla vida apostólica y evangélica primitiva que tenía por base
también la oración. Este santo, precursor de los itinerantes de las órdenes
mendicantes (caminaba descalzo y con hábito de penitente) y que, antes de
dedicarse al gobierno de su diócesis, había reconciliado las ciudades
divididas de Hainaut y del Brabante, hasta el punto de ser llamado “ángelus
pacis” por tal obra, fue asimismo un maestro de oración para su clero,
porque en la oración comunitaria e individual veía el alma de su obra de
evangelización.
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