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3 de Junio
SAN CARLOS LUANGA Y COMPAÑEROS, mártires
(+ 1886-1887)


1. Nota Histórico-litúrgica
La reciente memoria obligatoria de estos veintidós protomártires del África negra, muertos en Uganda entre el 26 de mayo, el 3 de junio de 1886 y el 27 de enero de 1887, ha sido fijada en esta fecha porque el jefe, Carlos Luanga, con sus doce compañeros, murió quemado tras horribles tormentos el 3 de junio de 1886, en Rubaga. Son las primicias de ese centenar de cristianos católicos y protestantes que cayeron víctimas de la persecución del vicioso rey Muanga en la región de los grandes lagos. Canonizados durante la tercera sesión del concilio Vaticano II ante todo el episcopado católico, se han convertido en verdadera gloria de la Iglesia universal.
Uganda fue evangelizada primero por los Padres Blancos en 1879. Expulsados del país en 1882, pudieron volver dos años más tarde, reclamados por el mismo rey Muanga, que luego se convirtió en su feroz perseguidor. El rey Muanga, instigado por su funcionario, que se vengaba por haber sido descubierto en una conjura contra él, hizo matar primero a un cierto número de cristianos, junto con el obispo anglicano Hannimgton en 1885, acusado de espionaje; luego hizo decapitar y quemar al feje de la servidumbre, José Mkasa el 17 de noviembre, junto con otros pajes, acusados de ser aquellos que "rezaban".
Fue Carlos Luanga, primer paje de la corte, el que preparó a sus doce más fieles al martirio. Después de la sentencia de condena a muerte, fueron llevados Kampala, al lugar del martirio; en el ínterin fue decapitado y quemado también el amigo del rey Andrés Kagua. Al día siguiente fue asesinado cruelmente un ilustre personaje, Matías K. Mulumba, a quien las actas del proceso de canonización consideran como "la flor más bella de la corona" de estos mártires. En efecto, Matías Mulumba había reconocido en los "hombres blancos", preanunciados por su padre antes de morir, a los misioneros católicos, después de haberlos confundido primero con mahometanos y luego con misioneros protestanes. Después de ser bautizado decía, sin dar importancia a sus honores de alto personaje de la corte: "¿No soy quizá un esclavo, un esclavo de Jesucristo?".
Tras la espera de los días necesarios para la preparación del lugar del suplicio -algunos pajes ya habían sido muertos durante el trayecto-, los prisioneros fueron encadenados. El primero que fue quemado en la hoguera fue Carlos Luanga; después también los demás fueron asados vivos. Entre éstos se encontraba el hijo del jefe de los verdugos, que se negó a ser liberado, diciéndole a su padre: "El rey te ha ordenado que me mates; quiero morir por Jesucristo". También Juan M. Jamari, llamado "el anciano" por su pundonorosa conducta y dedicado al servicio del prójimo, siguió a sus amigos dos años más tarde, anegado en un estanque el 27 de enero de 1887. Con toda justicia fue declarado Carlos Luanga, en 1934, patrón de la Acción Católica y de la juventud africanas. De los tres indultados entre los prisioneros hemos recibido el testimonio de este heroico martirio de sus amigos.


2. Mensaje y actualidad
a) La "colecta", que comienza con la célebre frase de Tertuliano (también él un laico africano): "Señor, Dios nuestro, tú haces que la sangre de los mártires se convierta en semilla de nuevos cristianos", pide que "el campo de tu Iglesia, fecundo por la sangre de san Carlos Luanga y sus compañeros, produzca continuamente, para gloria tuya, abundante cosecha de cristianos". Pablo VI, que en su peregrinación a África en 1969, durante la misa de canonización celebrada sobre las urnas de los mártires, renovó la tradición de san Cipriano, que celebraba el sacrificio sobre las tumbas de los mártires de Cartago y del cual se cita en el responsorio del oficio una carta: Ep 58,8, ilustra la fecunda verdad del lema de Tertuliano, recordando que estos nuevos mártires de África parecen añadir un nuevo eslabón a la cadena de sus antiguos mártires (escilitanos, cartafineses, de Masa Cándida, junto a Útica, recordados por san Agustín y por Prudencio), de los mártires de Egipto (cf elogio en Crisóstomo) y de la persecución vandálica.
b) La "oración sobre las ofrendas" hace alusión al rechazo opuesto a las impuras propuestas del rey por parte de los jóvenes mártires, víctimas de un delito tan absurdo y al par tan rico en significado que ofrece suficientes y claros motivos, con los que puede formarse la conciencia moral de un pueblo nuevo.
c) En la "oración después de la comunión" podemos captar la actualidad de esta memoria: el sacramento eucarístico, que los ha sostenido en su pasión, puede hacernos fuertes en la fe en medio de los peligros y las pruebas de la vida.
 

 

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