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1 de Junio
SAN JUSTINO, mártir
(+ 166)


1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de este mártir, que aparece por primera vez en el calendario romano en 1882, se celebra en la fecha en que lo celebran la Iglesia bizantina y maronita, transfiriéndola del 14 de abril, que había sido elegida de manera arbitraria y que coincide a menudo con las solemnidades pascuales. Originario de Flavia Neapolis (Siquén o Samaría) a comienzos del siglo II, Justino nació de padres paganos, tal vez de origen romano. En su anhelo de búsqueda, después de haber consultado a filósofos de distintas escuelas (estoica, peripatética, pitagórica, platónica), encontró en Éfeso a un sabio que le encaminó al estudio del Antiguo Testamento al reprocharle: "Tú eres amante del bien hablar, pero no un amigo de la acción y de la verdad" (Diálogo con Trifón, 3,3). Habiéndose convertido al cristianismo, hacia el 130, fue a Roma, donde abrió una famosa escuela, que tuvo por oyente, entre otros, también a Taciano, el futuro apologista. De sus ocho obras, sólo nos han llegado tres: las dos "Apologías" y el "Diálogo con el judío Trifón" en recuerdo de la discusión mantenida con él. Por las actas auténticas de su martirio, escritas en un tiempo en que en Roma no se solían celebrar los aniversarios de los mártires, sabemos sólo que, denunciado por el filósofo cínico Crescencio, fue decapitado hacia el año 166, siendo prefecto Junio Rústico, junto con otros seis discípulos.
"Los santos mártires sufrieron así su martirio confesando a nuestro Salvador" (Actas)


2. Mensaje y actualidad
Las oraciones de la misa, procedentes del texto de 1882, delinean la fisonomía del santo que Tertuliano señalaba como "filósofo y mártir".
a) En la "colecta" se evocan dos temas. Ante todo, el del martirio: "El señor ha enseñado a san Justino a encontrar en la locura de la cruz la incomparable sabiduría de Cristo". Así se reevocan las Actas fieles del "martirium", en nombre de los otros seis compañeros, presentadas en el oficio de lectura, donde él, ante el prefecto Rústico, dijo: "Es nuestro deseo más ardiente el sufrir por amor de nuestro Señor Jesucristo para ser salvados. Este sufrimiento nos dará la salvación y la confianza ante el tribunal de nuestro Señor y salvador, que será universal y más terrible que éste". En la parte de la intercesión se le pide a Dios "la gracia de alejar los errores que nos cercan y de mantenernos firmes en la fe". Justino, calificado de intelectual cristiano, fue un investigador de la verdad, porque mediante su coloquio con el anciano de Éfeso, que le encaminó hacia Cristo compulsando a los profetas del Antiguo Testamento, mucho más antiguos que todos los filósofos que él consultaba, llegó a convertirse. Así lo testifica el "Diálogo con Trifón", del que la antífona del Magníficat, en vísperas, nos recuerda un fragmento significativo: "El fuego se apoderó inmediatamente de mi alma, y me invadió el amor de los profetas y de los hombres que son amigos de Cristo".
La característica de su defensa de la verdad no es tanto una filosofía ponderada por su racionalidad, sino por la eficacia de su propuesta moral. Él fue el primero que tendió un puente entre la filosofía pagana, la de aquellos que viviendo según el "Logos" germinal - que es Cristo - son cristianos, aunque pasaran por ateos, como entre los griegos Sócrates, Heráclito y otros parecidos a ellos, y la fe cristiana. Supo dialogar a través de sus "Apologías" - dirigidas a los emperadores Antonino Pío y quizá Marco Aurelio, al senado y al pueblo romano - con los paganos y con los judíos, demostrando que con la encarnación del Logos (Verbo) se alcanzó la revelación completa de la verdad.
b) En las otras dos oraciones se hace referencia a los misterios litúrgicos, "que defendió con valentía el mártir san Justino" en sus obras. En efecto, en sus escritos encontramos la primera descripción de los ritos del catecumenado, y especialmente de la liturgia eucarística, de los que tenemos una cita en la antífona del Benedictus, que testimonia un elemento de la estructura trinitaria de la anáfora: "En toda oblación alabamos al Creador del universo por medio de Jesucristo, su Hijo, y del Espíritu Santo". En el Diálogo con Trifón, la eucaristía es llamada "víctima espiritual".
c) Esta actividad nos viene indicada también en la parte final de la oración después de la comunión: "nos mantengamos en continua acción de gracias". La apologética para Justino es ya una "preaparatio evangelica", porque del primer escritor cristiano que después de Pablo ha captado las implicaciones universalistas del cristianismo, podemos aprender a descubrir los innumerables gérmenes del Verbo que están esparcidos en las religiones no cristianas.


Prefasio (MA II, 333)
En los primeros tiempos de tu Iglesia
elegiste al mártir Justino
para que con sus escritos expusiera a judíos y paganos
los misterios de las profecías y la doctrina de los apóstoles,
defendiendo sin temor el evangelio de Cristo
en presencia de los príncipes.
Él desempeñó fielmente su ministerio,
después de haber dado testimonio de ti ante muchos testigos,
y tú le otorgaste que derramara su sangre
para recibir la corona de gloria eterna
en el glorioso ejército de los mártires.

 

 

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