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31 de Mayo
VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
(ss. VI/XIV)
1. Nota Histórico-litúrgica
La fiesta de la visitación de María se ha trasladado al 31 de mayo, porque
se celebra entre la anunciación (25 de marzo) y la natividad de Juan
Bautista (24 de junio), y así se adapta mejor a la narración evangélica.
Tiene un origen remoto en la liturgia romana del siglo VI en función de la
preparación de la navidad. (cf perícopas de Lc en el viernes de las témporas
y en el III domingo de adviento). El arzobispo de Praga Juan Jenstein la
introdujo en 1386 en su diócesis, hasta que, en el consistorio de 1389,
Urbano VI la extendió a toda la Iglesia latina, fijándola el 2 de julio,
para impetrar el fin del gran cisma, consumado en 1378 entre el papa Urbano
VI y el antipapa Clemente VII en Aviñón). Tras el cisma, el concilio de
Basilea en 1441reconfirmó la bula de Bonifacio IX, de 1389, para la fiesta.
En Oriente, en la fecha del 2 de julio se celebra la "deposición del manto
de la santa Señora y madre de Dios en Blanquerna", es decir, de la reliquia
traída de Jerusalén a Constantinopla y venerada en un santuario que se le
dedicó en el año 473.
2. Mensaje y actualidad
La riqueza de las oraciones del misal, que sustituyen a las anteriores,
celebra el acontecimiento salvífico en el que "la Virgen estuvo
estrechamente vinculada al Hijo".
a) La "colecta" pone de manifiesto que Dios inspiró "a la virgen María,
cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel".
Por eso pide que también nosotros seamos dóciles al soplo del Espíritu. La
opción radical del sí de María en la anunciación ya era la premisa de esta
docilidad, que el evangelio de la fiesta reevoca con este viaje, en el que
el camino recorrido por María es el mismo que recorriera el arca de la
alianza cuando fue llevada por David a Jerusalén. La lectura de la misa
acentúa el tema de la alegría por la visita del Señor. La antigua y nueva
alianzas se unen en el mismo camino de María, convertido en "foederis arca".
b) La conclusión de la colecta, "que... podamos, con María, cantar tus
maravillas", halla eco también la oración después de la comunión, donde con
las mismas palabras del Magnificat se invita a la Iglesia a experimentar en
sí misma los sentimientos propios del cántico, del que san Beda nos ofrece
un comentario literal, según las normas exegéticas medievales.
c) La "oración sobre las ofrendas", subraya un nueve elemento: la unión
entre la madre del Hijo de Dios y su gesto de amor realizado en un largo
viaje "hacia la montaña", también según la evocación del texto del Cántico,
que es cantado en el salmo responsorial de la misa y leído en la primera
lectura del oficio. María, al realizar este gesto, es impulsada por un
espíritu misionero, para hacer una obra de misericordia con su anciana
pariente, anticipándose casi a la diaconía de la Iglesia, que, sin alforja
ni sandalias (Lc 10,4), es enviada a los pobres, para que también ellos
descubran en los gestos concretos de la coparticipación fraterna que son
amados por Dios, y por tanto que son capaces de exultar de alegría como hizo
María. Este tema de la relación entre María y la Iglesia se encuentra
expresado también en la tercera estrofa del himno de las laudes, cuando
canta: "Llevaba a Dios en su entraña / como una preucaristía". Por fin se
puede evidenciar que en la oración después de la comunión hay también una
mención directa de Juan, que "exultó de alegría al presentir a Cristo en el
seno de la Virgen". En efecto este encuentro entre los nascituros, además
del encuentro entre ambas madres, representa el paso decisivo del tiempo
salvífico de la ley de los profetas al hoy salvífico de los tiempos nuevos (Lc
16,16; Mt 11,12-13).
Al celebrar esta fiesta no hay que pecar, en consecuencia, de reduccionismo
ni de piadoso sentimentalismo, como si se tratara de un encuentro de
carácter familiar, ignorando el vasto trasfondo salvífico: tipología del
arca de la alianza (evangelio). Cada uno de nosotros puede asociarse a María
como portador de Cristo (cristóforo) y gustar la alegría de su presencia.
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