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Sábado posterior a la solemnidad del Sagrado
Corazón
INMACULADO CORAZÓN DE LA VIRGEN MARÍA
(1643/1942)
1. Nota Histórico-litúrgica
Esta memoria facultativa, que la exhortación "Marialis cultus" incluye entre
las memorias que "manifiestan orientaciones que brotan de la piedad
contemporánea", se remonta a 1643, cuando san Juan Eudes, "padre y doctor" y
primer apóstol de la devoción a los sagrados Corazones de Jesús y María,
comenzó a celebrarla pese a la fuerte oposición de los jansenistas. Después
de alternas demandas y otras tantas negativas por parte de la congregación
romana, en 1942 Pío VII, también a impulsos de los misioneros claretianos
(del Inmaculado Corazón de María), consagraba - el 8 de diciembre - la
Iglesia y el género humano al Inmaculado Corazón de María, en el 25º
aniversario de Fátima, y extendía a toda la Iglesia latina esta fiesta
litúrgica el 22 de agosto. Del día octavo de la asunción (en 1944), ahora ha
sido trasladada a después de la solemnidad del sagrado Corazón de Jesús.
2. Mensaje y actualidad
a) Partiendo de los textos eucológicos, se puede configurar la temática de
esta memoria en la "colecta" que nos presenta a María como modelo del camino
de fe que recorrió en su corazón, donde Dios preparó "una digna morada al
Espíritu Santo". Por eso en el texto evangélico (Lc 2,51) y en la antífona
de la comunión (Lc 2,19) se pone de relieve que María "conservaba todas
estas cosas" como perfecta discípula de la Sabiduría. Al aceptar la palabra
divina en la anunciación, realiza progresivamente su madurez eterna,
escuchando y guardando las palabras de su hijo, pese a no comprender la
respuesta de Jesús en el templo.
b) Para que también nosotros podamos ser templo vivo de la gloria divina,
como pide la colecta, y no reducirnos a ser un templo-museo inútil, es
menester que acojamos la invitación de la "oración después de la comunión":
esto es, que "sintamos el aumento continuo de la salvación". El modelo del
corazón, que ocupa el centro de esta celebración debe ser purificado de todo
devocionalismo lánguido y no bíblico. En efecto, en la Biblia el corazón
forma la base de todas las relaciones amoroso-morales con Dios. Por tanto,
en esta clave, el corazón de María se convierte en la cuna de toda la
meditación cristiana sobre los misterios de Cristo, como sugiere el
comentario de san Lorenzo Justiniano en el oficio de lectura.
c) Para nosotros, meditar en el propio corazón significa saber trasladar al
hoy los acontecimientos salvíficos, hacerlos vida espiritual y que nos
impide gozar "en la abundancia" de los beneficios del Señor. Actualizando la
oración sobre las ofrendas se pide el auxilio de la misericordia divina: el
étimo evoca el corazón compasivo de María ante la misericordia del Padre.
Prefacio (MA II,331)
Desde lo alto de la
cruz,
Cristo confió su madre al discípulo predilecto
para que a su vez la asistiese.
Juan es figura del género humano,
y María se convierte en la madre de todos
para que descienda con más abundancia
la gracia divina sobre nosotros,
que hemos creído y conocido
las inagotables riquezas de su corazón.
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