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26 de Mayo
SAN FELIPE NERI, presbítero
(1515-1595)


1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de san Felipe Neri, muerto en Roma el 26 de mayo de 1595 y canonizado en 1622, nos hace retroceder a la ciudad de los papas, donde el rostro de la Roma pagana se transformó en el de una ciudad agitada por movimientos de espiritualidad y de reforma que dejaron huella.
Nacido en Florencia de humilde familia en 1515, en su contacto con los dominicos de San Marcos se entusiasmó por Savonarola. Tras una pausa juvenil de dedicación al comercio en Cassino, donde conoció la espiritualidad benedictina y tuvo por maestro al ilustre monje Eusebio de Évoli, se fue a Roma en 1536. Después de asistir a los cursos de teología de la Sapienza, donde conoció a Ignacio de Loyola, se consagró a la asistencia de los peregrinos en el barrio de la Regola, fundando la fraternidad de la Santísima Trinidad. Durante la carestía de 1538-1539 visitó a los enfermos. Ordenado sacerdote a los treinta y seis años en 1551, vivió en la iglesia de San Girolamo della Carità, donde fundó la obra más tarde (1554) se denominó Congregación del Oratorio, en la que chicos y jóvenes se reunían para ejercitarse en obras espirituales, caritativas y culturales.
Mantuvo contacto con las grandes figuras de su época, tanto santos como Ignacio, Carlos Borrromeo, Camilo de Lelis, Francisco de Sales, Félix de Cantalice, como papas: Pablo IV, Pío V, Gregorio XIII, Gregorio XIV, Clemente VIII; pero sufrió también la humillación de ver que Pablo IV le retiraba el permiso de confesar, mal informado sobre su actividad de organización de las mismas peregrinaciones, hasta el punto de tener que aceptar la oferta del rectorado de la iglesia de San Juan de los Florentinos. Aquí reunió a los primeros sacerdotes del Oratorio, convertido en centro de toda la vida religiosa de roma: como Baronio, el futuro historiador y cardenal, Francisco María Tarugi y otros. En 1575, después de la bula de fundación de su congregación, que tenía su centro en Santa María della Vallicella, donación del papa, donde Felipe hizo edificar una iglesia nueva en 1578, pudo ampliar su obra, que se difundió también fuera de Roma. En los últimos años de su vida, después de los setenta y cinco y hasta los ochenta, se retiró a una actividad privada de confesiones y dirección espiritual. Murió en Roma, popularmente conocido por su fama de jovial y optimista bondad, que le había merecido el apelativo de Pipo el Bueno. Recibió la unción de los enfermos y el viático, respectivamente, de las manos de Baronio y del cardenal Federico Borromeo.


2. Mensaje y actualidad
Las tres oraciones de la misa expresan justamente la fisonomía de este santo, que para no ceder a la admiración de la muchedumbre recurría a alguna que otra excentricidad como "loco piadoso" y que rechazó sin paliativos todas las dignidades eclesiásticas.
a) La "colecta" nos invita, según el designo de Dios, "que no cesa de enaltecer a sus siervos con la gloria de la santidad", a llenarnos "con aquel mismo fuego con que el Espíritu Santo abrasó el corazón de san Felipe Neri". La confianza que tenía en los medios sobrenaturales, especialmente en el sacramento de la confesión, con el cual formó cristianamente a grandes personalidades y generaciones enteras de romanos, era inmensa. Pero también su insistencia en la castidad, presentada en un contexto de alegría y de entrega cristiana, así como en la humildad, constituye la expresión de este ardor del Espíritu que invadía y dilataba incluso físicamente su corazón. En pentecostés de 1544 tuvo la visión de una esfera de fuego que entró en él. Solía decir que la santidad está en cuatro dedos, y señalaba la frente para aludir a la mortificación de la racionalidad. En la boca de un hombre culto y erudito, que había encaminado a Baronio hacia la historia eclesiástica y orientado los estudios del arqueólogo Antonio Bosio hacia el descubrimiento de las catacumbas romanas, esta indicación de vida revela la calidad de su espíritu: significativamente la idea guía de su Oratorio era: "Solo caritas", en el espíritu de la abnegación interna, de las virtudes cardinales, de la alegría y de la simplicidad. Pero su principal característica es la de haber inculcado el predominio de las mortificaciones espirituales sobre las corporales y la práctica de la simplicidad evangélica.
b) En la "oración sobre las ofrendas" se pone de manifiesto otro carisma: "te rogamos que, a ejemplo de san Felipe Neri, nos consagremos con gozo a glorificar tu nombre y a servir a nuestros hermanos". La hilaridad virtuosa o, mejor, la jubilosa pedagogía que le permitía ser eternamente joven, atrayendo a los jóvenes con el juego, los paseos, el arte, el estilo alegre y a veces desenfadado, era su método educativo, que sabía hacer siempre agradables y simpáticas las cosas de Dios. El canto y la música, que él pudo favorecer con la ayuda de hombre como Palestrina, Animuccia y otros, iban acompañados con la propuesta de medios alternativos al vicio, para dar curso a una sana alegría, en la persuasión de que "las almas alegres e inclinadas a la alegría entran más fácilmente en los caminos del Espíritu". Así se convirtió este florentino en el segundo apóstol de Roma.
c) La "oración después de la comunión", por fin, nos invita, a ejemplo de san Felipe, a desear "siempre beber en las fuentes de la verdadera vida". El deseo de las cosas auténticas es uno de los contenidos del método pedagógico filipino por la inmediatez de sus principios educativos, que han inspirado, especialmente en el siglo XIX y en gran parte de la primera mitad de nuestro siglo, las indicaciones y programas de desarrollo de los oratorios parroquiales. "Desear las cosas por las que vivimos genuinamente" significa ofrecer también en nuestros días una visión atrayente de la santidad, reencontrando el camino de la alegría, de la coparticipación y expansión de la propia vida interior, Por eso nadie podía resistirse a la familiar confianza de Felipe. La lectura del oficio, a falta de un texto del santo, que antes de morir quemó sus escritos, está sacada de los sermones de san Agustín, donde la alegría cristiana se funda en el ser" en Cristo". Ella nos puede ayudar a comprender mejor la frase de Pipo el Bueno: "Un siervo de Dios debería estar siempre alegre". En una espiritualidad moderna abierta a todos, "también la gente del mundo puede salvarse y exactamente en medio del mundo y en casa; ni los negocios ni el servicio cortesano son obstáculo para el servicio de Dios".
 

 

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