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15 de Mayo
SAN ISIDRO, labrador
(ca. 1080-1130)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de este santo, patrón de Madrid, nos presenta a un
campesino, laico, de vida cercana al mundo de la leyenda. De orígenes
humildes, la pobreza de su familia le obliga a emplearse muy joven en las
labores del campo. Huérfano, fue contratado para las faenas agrícolas por un
tal Iván (o Juan) de Vargas. Devoto, callado, amable con todos, se levanta
muy temprano para visitar las iglesias de Madrid y oír misas que puede antes
de ir al tajo, lo cual le trae las envidias de los compañeros. Casado con
una joven de Torrelaguna, María Toribia (santa María de la Cabeza según la
tradición). La leyenda ha adornado su recuerdo con anécdotas y prodigios:
hace brotar una fuente de un golpe de azada, da a un pobre la sopa que se
cocía en el fuego y la marmita se llena otra vez milagrosamente, alimenta a
una bandada de palomas y luego se llena el costal de trigo, etc.
En 1619 Paulo V firmó el decreto de beatificación y fijó la fecha del 15 de
mayo para celebrar al nuevo beato. Correspondió, sin embargo, a Gregorio XV
su canonización, en 1622. Fue proclamado por Juan XXIII patrono de todos los
labradores españoles.
2. Mensaje y actualidad
La oración de la colecta nos recuerda fundamentalmente la humildad y
sencillez de nuestro santo, subrayando el trabajo cotidiano como elemento
fundamental para la humanización del mundo y plegaria de alabanza al
Creador. La oración sobre las ofrendas hace hincapié en el trabajo de san
Isidro como agricultor, destacando lo que esto supone de duro esfuerzo y
exigente labor: "Fruto de la tierra que cultivó san Isidro labrador
regándola con el sudor de su frente". La oración del rito de comunión relata
la práctica de la caridad hacia los pobres, sobre todo en su dimensión del
compartir, como ejemplo a seguir en nuestros días. Las lecturas (Sant
5,7-8.11.16-17 - durante el tiempo de pascua -, Gén 1.1-2311-13226-28 -
fuera del tiempo pascual - y Jn 15,1-7) hacen continua referencia al mundo
agrícola y al trabajo paciente del labrador, que recibe su fruto.
La iconografía del santo es fácil de reconocer: vestido con el traje de los
antiguos labriegos de Castilla, chaqueta y calzón corto, con barba y cabello
hasta los hombros. En su mano, una herramienta de labranza, que
ordinariamente es la aguijada. Conduce una yunta de bueyes, ayudado por un
ángel en su labor.
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