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3 de Mayo
SAN FELIPE Y SANTIAGO, apóstoles
(siglo VI)
1. Nota Histórico-litúrgica
La fecha de esta fiesta, que desde el siglo VI siempre ha sido fijada el 1
de mayo porque conmemora la dedicación de la basílica de los Santos
Apóstoles, donde fueron depositadas las reliquias de Felipe y Santiago el
Menor, hijo de Alfeo, hoy ha sido trasladada al primer día litúrgicamente
libre.
Las noticias antiguas de Felipe, confundido a menudo con el diácono Felipe
(He 21,8), mientras que el apóstol nació en Betsaida (cf Jn 1,44), nos lo
presentan como evangelizador de Escitia y sitúan su tumba en Hierápolis de
Frigia (Turquía).
Santiago el Menor, es decir, pequeño de estatura, hermano del Señor (Mc
15,40) e hijo de Alfeo, es identificado con el pariente homónimo del Señor
que fue jefe de la Iglesia de Jerusalén, aunque hoy se niegue ese extremo.
Figura en el noveno lugar en las listas de los apóstoles (en cambio, Felipe
está en el quinto puesto: Mc 3,18). Fue hecho lapidar por el sumo sacerdote
Ananías, o bien fue arrojado desde el templo y luego rematado a bastonazos
por un batanero en el año 62, según Hegesipo. En efecto, en el himno de
lectura estos datos aluden a una sola persona: el autor de la carta de
Santiago es el presidente de la comunidad de la alma Sión; la "columna" de
la Iglesia madre, a la que Pedro hace anunciar su liberación (He 12,17); el
apóstol con el que Pablo convertido toma contacto (Gál 1,19) y al que el
concilio de Jerusalén concedía un papel importante (He 15,13-19). También la
primera lectura de la misa atribuye a este Santiago la aparición de Cristo
resucitado (1Cor 15,1-8). Según Eusebio, referido por Egesipo (Memorias V),
también Flavio Josefo (Antigüedades XX,9,1) compartía la opinión de que la
muerte de este apóstol tan santo e imparcial fue la causa del asedio de
Jerusalén. Su sepulcro fue colocado en la explanada del Hofel (bajo el
pináculo del templo: "iuxta templum", según Jerónimo; y, después del siglo
VI, sus reliquias fueron transportadas, junto con las de Felipe, a Roma, a
la iglesia de los Doce Apóstoles.
Felipe siguió a Jesús como el mesías anunciado por las Escrituras,
comunicándole a Natanael su fe; es asimismo el apóstol que se hizo portavoz
de algunos griegos que deseaban ver a Jesús (Jn 12,20-22); es él también a
quien el maestro invita a reconocer al Padre en el Hijo hecho hombre (Jn
14,8-11) durante el sermón después de la cena.
2. Mensaje y actualidad
a) La colecta de la misa, que sólo ha modificado la conclusión de la
anterior, nos introduce en el clima pascual en esta fiesta que se celebra en
el tiempo de pascua. En efecto, se pide que, por las oraciones de ambos
apóstoles, podamos "participar en la muerte y pasión" del Hijo de Dios. Pero
el testimonio de Felipe se vislumbra en la petición conclusiva de la
colecta, porque el tema de la visión, expresado por la frase "para que
merezcamos llegar a contemplar en el cielo el esplendor de tu gloria", es
referido a la petición de "ver al Padre" (Jn 14,8), como indica la antífona
de la comunión. También para nosotros este legítimo deseo de ver el rostro o
esplendor de la gloria de Dios encuentra aquí su respuesta plena, si sabemos
unir siempre en nuestra fe y en nuestra imaginación Jesús al Padre,
atribuyendo al Padre los mismos sentimientos de Jesús.
b) La importancia de esta contemplación del Padre en Cristo, su Hijo, vuelve
a aparecer - además de en las antífonas del oficio - en la oración después
de la comunión, donde Santiago también es asociado a Felipe en esta
experiencia exclusiva del primer apóstol. Felipe es igualmente el modelo del
apóstol que atrae a su compañero a la fe.
c) Un segundo tema nos lo ofrece la oración sobre las ofrendas, donde se
hace la única referencia a las enseñanzas de la carta de Santiago, cuando se
pide vivir en la práctica "una religión pura y sincera" (sant 1,27). La
definición de la religión, en estos términos de clara reminiscencia
veterotestamentaria, nos sugiere que no olvidemos que este apóstol, tan
equilibrado en conciliar la tradición con la novedad de la Iglesia
jerosolimitana como para ser recordado por Pablo entre las "columnas de la
Iglesia" (Gál 2,9), es el representante del verdadero judaísmo cristiano,
garantizando la adhesión de los judeo-cristianos al concilio de Jerusalén,
que es el vínculo más vital en el mismo mensaje evangélico. Hemos sido muy
desconsiderados a la hora de desvincular el Viejo Testamento del Nuevo, sin
captar esas raíces judaicas que hoy resultan cada vez más determinantes para
penetrar el mensaje de Cristo y de los apóstoles (cf He 21,17-26: las
sugerencias hechas a Pablo para defenderse del cargo de aversión a las leyes
mosaicas).
La lectura del texto de Tertuliano, en el oficio, en la que se afirma que
"toda la multitud de Iglesias son una con aquella primera Iglesia fundada
por los apóstoles, de la que proceden todas las otras", es significativa
para dar un fuerte sentido a nuestros gestos litúrgicos. De esta unidad son
prueba la comunión y la paz que reinan entre ellas, así como la mutua
fraternidad y hospitalidad". Hoy tenemos necesidad de reencontrar el valor
de nuestros símbolos.
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