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2 de Mayo
SAN ATANASIO, obispo y doctor de la Iglesia
(ca. 295-373)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria del gran obispo de Alejandría de Egipto, ya celebrada
en esta fecha por los coptos y bizantinos como la de uno de los cuatro
grandes doctores de la Iglesia oriental, fue aceptada en Roma sólo en el
siglo XII. En el brevario tridentino ya era invocado Atanasio con la
antífona de los doctores de la Iglesia.
Nacido en Alejandría de Egipto el año 295 de padres cristianos, sucedió en
la sede episcopal a san Alejandro, al que había acompañado como diácono al
concilio de Nicea. Como obispo, durante cuarenta y siete años, desde el 328,
luchó en pro de la ortodoxia; tanto que Pacomio, padre del monaquismo
cenobítico, lo llamó "padre de la fe ortodoxa de Cristo". Fue desterrado
cinco veces: el año 335, por su enfrentamiento con los seguidores de Melecio
de Alejandría de Egipto; durante los dieciocho años de alejamiento de su
sede sufrió la proscripción de Constantino, que quería reintegrar a Arrio
(sínodo de Tiro, en el año 335); luego de Constancio (sínodo de Antioquía,
339); después del emperador Juliano en el 362, y, por fin, de Valente en el
366, padeciendo toda clase de injurias y de acusaciones, desde la de
traición y asesinato hasta la de peculado y sacrilegio. Supo triunfar en la
fidelidad a la doctrina nicena confesando la divinidad de Cristo, incluso
cuando se hallaba prdido en los desiertos de la Tebaida, donde permaneció
siempre como "invencible patriarca de Egipto", o bien cuando estuvo
encerrado en las cárceles de Tréveris. Purificado por tantas pruebas y
después de haber pagado también sus excesos de intransigencia en pro de la
ortodoxia, murió en su sede de Alejandría de Egipto el año 373. La Vida de
San Antonio, además de sus obras doctrinales, es su obra maestra, y fue el
modelo de todas las hagiografías sucesivas.
2. Mensaje y actualidad
a) Las oraciones de la misa focalizan la fisonomía de este "preclaro
defensor de la divinidad" del Hijo de Dios. En efecto, en sus tres obras:
Exposición de la fe, Apología, Sermón contra los arrianos, sentó el
principio básico del cristianismo: la consustancialidad del Verbo encarnado
con el Padre (una sola "hipóstasis", en su lenguaje).
b) Ésta es la verdad de la fe, que somos invitados a profesar también
nosotros, sin compromisos. El fragmento del Sermón sobre la encarnación del
Verbo, en el oficio de lectura, nos ilumina acerca de las consecuencias que
puede tener para nosotros tal doctrina, que no concierne sólo al misterio
trinitario, sino al mismo destino del hombre. En efecto, el fin de este
designo de bondad y compasión del Verbo de Dios incorruptible consistió en
hacer "de nuevo incorruptibles a los hombres, que habían caído en la
corrupción, y los llamó de muerte a vida, consumiendo totalmente en ellos la
muerte, con el cuerpo que había asumido y con el poder de su resurrección,
del mismo modo que la paja es consumida por el fuego". Semejante fe en el
misterio de nuestra divinización en Cristo, verdadero Hijo de Dios
encarnado, es sin duda fecunda para que "conozcamos y... amemos cada vez más
plenamente" a Dios, como pide la conclusión de la colecta. Otra lección de
actualidad deriva del hecho de que él, que "por su ardor no fue nunca afable
ni tierno" (Epifanio), reconoció los peligros que suponía una Iglesia
estatal para la libertad y la fe.
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