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1 de Mayo
SAN JOSÉ OBRERO
(1955)
1. Nota Histórico-litúrgica
Esta memoria facultativa sustituye ahora en la fecha del 1 de mayo fijada
por Pío XII en 1955 la primitiva fiesta de san José, patrono de la Iglesia
universal, que con anterioridad había extendido Pío IX como fiesta del
patrocinio de san José de origen carmelitano en el siglo XVII, al rito
romano. Como inauguración del mes devocional dedicado a la Virgen, esta
fecha invita a los fieles a cristianizar la fiesta del trabajo, dando a los
trabajadores un patrón en la figura de aquel que es llamado “padre” de
Cristo (“hijo del carpintero”, Mc 6,3; Mt 13,55).
2. Mensaje y actualidad
Los textos litúrgicos de la misa y del oficio de 1955 constituyen una
pequeña catequesis del significado del trabajo humano a la luz de la fe.
a) La colecta reza: “Dios... que has impuesto la ley del trabajo a todos los
hombres”. El fragmento de la lectura en el oficio, tomado de la constitución
pastoral de la Iglesia sobre la condición del hombre en el mundo actual,
desarrolla este fecundo principio: el hombre, con toda clase de trabajo,
incluido el cotidiano y el necesario para ganarse el sustento propio y el de
su familia, ejecuta el mandato de Dios, recordando asimismo en el
responsorio de la lectura (Gén 2,15). El ejemplo de José, que la antífona
del Benedictus denomina “admirable ejemplo de trabajo”, es invocado en la
segunda parte de la colecta, para que también nosotros “realicemos las obras
que Dios nos encomienda”.
b) La oración después de la comunión explicita este compromiso de fidelidad
con dos rasgos: “que, dando testimonio... del amor que Dios infunde en
nuestros corazones, podamos gozar continuamente de la paz verdadera”. Las
reivindicaciones de los derechos del trabajo en la sociedad actual son
ciertamente una conquista humana y social que esta memoria del patrocinio de
san José obrero ha consagrado en algún modo, disipando la falsa acusación de
que la lucha del mundo del trabajo es una lucha contra la Iglesia. Los
recientes documentos de los papas, después de las enseñanzas del concilio (GS
y mensaje del concilio a los trabajadores del 8 de diciembre de 1965), con
las encíclicas sociales Mater et Magistra de Juan XXIII, Popularum
progressio de Pablo VI, Laborem exercens, Solicitudo rei sociales y
Centesimus agnus de Juan Pablo II, son otras tantas ilustraciones del
espíritu cristiano del trabajo que la Iglesia ve como mejor realizado en el
modelo de José, junto con Cristo. Los dos primeros himnos de la liturgia
latina de las horas, en el oficio de lectura y en las laudes, evocan esta
contemplación del trabajo doméstico en el taller de Nazaret. También
nosotros podemos con el trabajo no sólo prologar la obra del Creador, sino
hacernos útiles a nuestros hermanos (Gs 34).
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