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28 de Abril
SAN PEDRO CHANEL, presbítero y mártir
(1803-1841)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa del primer mártir de Oceanía, en la fecha de su dies
natalis, que fue martirizado el 28 de abril de 1841, celebra también al
primer mártir de la Congregación de los Padres Maristas. Fue canonizado en
1954 por Pío XII e introducido en el calendario de 1969. Pedro María, nacido
en Cuet, diócesis de Belley, Francia, en 1803, después de recibir educación
cristiana y formación seminarística, fue ordenado sacerdote en 1827 y
ejerció el ministerio pastoral primero como vicario y luego como párroco en
Crozet en una pequeña parroquia de las cercanías de Ginebra. Después de
algunos años sintió la llamada a entrar en la naciente Sociedad de María,
fundada por el padre Colin en 1816, tanto para religiosos como para
sacerdotes, a fin de eliminar la miseria religiosa. En 1836 partió para las
misiones de Oceanía occidental (Polinesia), confiadas por el papa Gregorio
XVI a los padres maristas; y en 1837 se pasó a la isla de Futuna (a tres
kilómetros al oeste de Tahití), que será el campo de su obra misionera.
Tras la primera acogida favorable, que le permitió recoger frutos positivos,
el furor real se desató contra él, entre otras cosas porque el mismo hijo
del rey Emítale pidió ser bautizado. La reacción del rey Niuliki y de los
jefes, especialmente del primer ministro Musumusu, provocó su muerte,
mientras el mártir herido decía: “Mi muerte es un gran bien para mí”. La
oposición del obispo Pompallier a la intimidadora reacción francesa,
limitándose a pedir sólo sus restos, obtuvo el apoyo de toda la población,
que acabó convirtiéndose.
2. Mensaje y actualidad
Con el vocabulario de los antiguos sacramentarios, la colecta en su primera
parte reza: “Señor, tú que has concedido la palma del martirio a san Pedro
Chanel cuando trabajaba por extender tu Iglesia”. Su vida fue una
preparación para este acto conclusivo del martirio, como él mismo decía
cuando, desconociendo todavía la lengua, sentía los límites de la
predicación: “Ya que no podemos hacer amar a Cristo con nuestras
instrucciones, glorifiquémoslo con la fidelidad de nuestras reglas; con ello
atraeremos gracias sobre nuestros queridos salvajes. En esta misión tan
difícil es preciso que seamos santos. Cuanto más espíritu de sacrificio
tengamos, tantos más éxitos obtendremos en las situaciones más
desesperadas”. Estas expresiones son recordadas también en la lectura del
oficio, que proviene de los recuerdos del hermano marista compañero de
apostolado de Chanel.
La conclusión de la oración hace referencia al clima pascual en que cae esta
memoria. En efecto, pide que también nosotros, en estos días de gozo
pascual, “celebremos de tal modo el misterio de Cristo, muerto y resucitado,
que seamos verdaderamente testigos de una vida nueva”. Esta petición
encuentra su verificación histórica en la misma peripecia de nuestro santo
mártir, proclamado patrono de las islas de los mares del sur, porque, tras
su muerte y las curaciones realizadas sobre su tumba, la isla de Futuna se
convirtió casi instantáneamente a la fe. La participación plena en el
misterio pascual produce siempre frutos inesperados, incluso en nuestros
días. Pero hay que aceptar primero la muerte, como el grano de trigo, para
que llegue a crecer la espiga.
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