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25 de Abril Imprimir
SAN MARCOS, evangelista
(siglo IX)
1. Nota Histórico-litúrgica
La fiesta del evangelista, que la más antigua tradición cristiana considera
autor del segundo evangelio, “discípulo e intérprete de Pedro, aunque no
hubiera escuchado ni seguido al Señor” según Papías de Hierápolis en el
siglo II, es celebrada en la fecha del 25 de abril por los coptos, sirios y
bizantinos, y desde el siglo IX en adelante, también en Occidente. Por los
Hechos de los Apóstoles conocemos a un Juan Marcos que está relacionado con
Pedro (cf He 12,12: se refugia en su casa tras la liberación de la cárcel).
Es compañero de misión de Pablo en Chipre (He 13,5), después de haber sido
llevado por Pablo y Bernabé desde Jerusalén a Antioquia (He 12,25). Pero
vuelve inexplicablemente a Jerusalén (He 13,13). Más adelante embarca
nuevamente para Chipre con Bernabé, su primo (Col 4,10), después de haber
sido rechazado por Pablo como compañero de viaje. Tras reconciliarse con
Pablo, es mencionado como colaborador suyo y consolador en la prisión (Col
4,10; Flm 24; 2Tim 4,11). Puede confirmarse también su estrecha relación con
Pedro, que lo llama “hijo mío” (1Pe 5,13), aludiendo quizá al bautismo
recibido del apóstol.
Otros datos son inciertos: la identificación con el joven que huyó desnudo
en el huerto de Getsemaní; su presencia y muerte en Alejandría, ignorada por
los escritores alejandrinos más antiguos como Clemente, Orígenes y Dionisio,
aunque hablen de ello Eusebio y Jerónimo. En cuanto a la presencia de Marcos
en Oriente, cuando Pablo, prisionero en Roma por segunda vez, ruega a
Timoteo (2Tim 4,11), que se encontraba entonces en Éfeso, que traiga a
Marcos a Roma porque le era útil para el ministerio (probablemente en el
62), se debe excluir la fecha de su muerte indicada por Jerónimo que ha
pasado al martirologio en el año octavo de Nerón, que correspondería al 62.
En cualquier caso, la tradición del martirio es recordada en la cuarta
estrofa del himno de laudes, en el Oficio, porque corresponde a la tradición
de los Hechos apócrifos de Marcos y de la Historia Lausiaca de Palladio, que
le hacen sufrir el martirio en tiempos de Trajano y dicen que está sepultado
en la aldea de Bucoli, cerca de Alejandría. Según la leyenda, en el año 828
habrían llegado a la iglesia del Canopo al nordeste de Alejandría, adonde
había sido trasladados los restos de Marcos, los dos mercaderes venecianos
que llevaron su cuerpo a Venecia y erigieron un “martytium” (basílica). La
leyenda está atestiguada en el 829.
2. Mensaje y actualidad
Con los textos de las oraciones de la misa, de los que sólo la colecta
deriva del formulario precedente con una añadidura, podemos configurar las
notas características de este primer evangelista.
a) Efectivamente, en la colecta se invoca a “Dios..., que enalteció al
evangelista san Marcos con el ministerio de la predicación evangélica”. Él
es, en efecto, el creador de un nuevo género literario, el inventor del
“evangelio” en el sentido de que este término, que expresaba en el
cristianismo de los orígenes la predicación oral sobre Jesús y
particularmente sobre su pasión y muerte, abarca toda la realidad y
peripecia histórica de Jesús en su camino de Galilea a Jerusalén. El
evangelio, pues, se convierte no tanto en una simple doctrina que proclamar,
en un mensaje, sino en un acontecimiento que se actualiza y perpetúa de
algún modo en su proclamación por haber nacido de una experiencia misionera.
La antífona de entrada (Mc 16,15), así como el evangelio de la misa sobre la
misión de los apóstoles, da este timbre de seguimiento de Cristo que
explicita la conclusión de la colecta: “concédenos aprovechar de tal modo
sus enseñanzas que sigamos siempre fielmente las huellas de Cristo”. Si
Marcos en su libro prima el relato, no es tanto para darnos una
documentación histórica cuanto para implicar a los seguidores de Cristo en
su seguimiento, porque se ha de perder incluso la propia vida a causa del
evangelio (Mc 8,35-38).
b) La oración sobre las ofrendas pide que la “Iglesia del Señor se mantenga
siempre fiel a la misión de anunciar el evangelio”.
c) También en la oración después de la comunión se solicita que “nos otorgue
la gracia de creer con firmeza en el evangelio”.
La síntesis de la doctrina cristiana, expuesta en la lectura del oficio,
está tomada de Ireneo, el cual demuestra que tal fe, transmitida por los
apóstoles, ha permanecido igual tanto en las tierras de los celtas como en
Egipto, Libia o Europa central. Ella nos ayuda a comprender otro rasgo del
evangelio de Marcos. Él no nos ha dado una narración según la sucesión
histórica de los acontecimientos en cuanto tal, sino una teología narrativa
de la vida de Jesús, como camino que discurre entre la incomprensión y en
cuyo término solamente, después de la cruz, se perfila la revelación de la
identidad del Hijo de Dios. Contra una religión triunfalista, aunque se
trata de la gloriosa resurrección presentada en primer plano, insiste el
responsorio de la lectura de Ireneo, en el oficio, con el texto sobre el
“mensaje de la cruz como contenido del mensaje evangélico” (1Cor 1,17-18).
El realismo de esta perspectiva del primer evangelista sigue siendo actual.
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