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23 de Abril
SAN JORGE, mártir
(siglo IV)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa del “megalomártir” (gran mártir, como se le llamaba
en la Iglesia griega), que era venerado en Lida, Palestina, desde la segunda
mitad del siglo IV en una iglesia levantada sobre su tumba recordada por el
archidiácono Teodosio y por el Anónimo de Piacenza, es celebrada también por
la Iglesia bizantina en esta fecha. Enlaza con la fiesta celebrada en Roma,
después de que el papa León II (682-683) le dedicara una basílica en el
Velabro. Las noticias de su passio, considerada apócrifa por el decreto
gelasiano del siglo VI, que la incluye en el índice de los libros
prohibidos, nos cuentan que el santo, nacido en Capadocia, instruido por su
madre en la religión cristiana, habría tenido la valentía necesaria para
destruir los ídolos y matar a sus sacerdotes. Luego, ya soldado y tribuno
del ejército imperial, se enfrentó con Diocleciano, cruel perseguidor de los
cristianos, que lo hizo torturar hasta que murió decapitado.
En Occidente ha tenido más difusión la versión breve de la passio con el rey
Dadiano. Su culto, difundido por los cruzados de Occidente – por lo que el
santo caballero fue tomado como patrón no sólo en Georgia (que lleva su
nombre), sino también en Cataluña, Aragón, Inglaterra (en 1222 fue
proclamado patrono del reino inglés por el rey Enrique III), Portugal,
Lituania y en algunos cuerpos militares-, está ligado también a la
iconografía. Ésta nos presenta al soldado vencedor del dragón con un cliché
común, que aparece relativamente tarde en la tradición occidental como
“defensor” de todo el pueblo.
2. Mensaje y actualidad
La colecta, que deriva del antiguo sacramentario gelasiano, recuerda que san
Jorge fue “fiel imitador de la pasión del Hijo de Dios”. La frase latina:
“imitador de la pasión de Cristo”, atribuida a san Esteban, ha sido elegida
porque esta memoria cae en el tiempo pascual. Por ello la primera enseñanza
es la de celebrar siempre el misterio pascual de Cristo en las fiestas de
los santos, como nos ha recordado el concilio Vaticano II (SC 104). Por otra
parte, la misma leyenda del dragón, muerto por el caballero porque devoraba
seres humanos, no ha sido aceptada nunca en el oficio (era la única fiesta
que no poseía una lectura hagiográfica), y puede interpretarse en sentido
simbólico, como la superación de los sacrificios humanos en aquella tierra
pagana (Beirut).
La interpretación simbólica que nos da san Pedro Damián, en el oficio de
lectura, comenta perfectamente lo que la demanda final de la colecta nos
hace pedir: “sea para nosotros protector generoso en nuestra debilidad”. En
efecto, si hemos sido bautizados, debemos celebrar dignamente el misterio
pascual. “Así es como, limpios de las manchas del antiguo pecado y
resplandecientes por el brillo de la nueva conducta, celebramos dignamente
el misterio pascual e imitamos realmente el ejemplo de los santos mártires”.
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